El Personatge. Carles Puigdemont

Al cumplirse un año de su llegada al Palau de la Generalitat, el president Carles Puigdemont ha pasado de ser un perfecto desconocido para la mayoría a una especie de garante del sentido común. De origen pueblerino, más precisamente de un pequeño enclave con dos mil y pico de vecinos llamado Amer, el gerundés ha defendido el ideario independentista desde los inicios de su militancia política. Dejó atrás la idílica Garrotxa que le ofrecía un futuro estable en el negocio pastelero de su familia para
trasladarse a Girona, donde ejerció el oficio de periodista mientras estudiaba filología catalana. El análisis, el cuestionamiento constante y la amplitud de miras que requiere esta profesión fascinaron a un joven Puigdemont que no tardó demasiado en destacar en el ámbito comarcal, sobre todo por su tarea en el periódico El Punt, al que dirigió tras integrar su redacción durante una década. Relacionado con las juventudes de Convergencia, unió sus dos pasiones al publicar un libro en 1994 que recopilaba la visión de la prensa internacional sobre Catalunya. Cinco años más tarde, la Generalitat le encargó la creación de la Agencia Catalana de Noticias y en 2002 dió el salto a la Casa de Cultura de Girona. Luego dirigió el periódico Catalonia Today, redactado en inglés, hasta que CiU lo propuso en su lista como diputado. En 2007 intentó ganar la alcaldía de Girona y perdió ante el PSC, al que luego derrotaría en 2011. Fue alcalde poniendo el acento en el gancho turístico de la ciudad y un giro inesperado lo depositó en la plaza Sant Jaume de Barcelona como reemplazante de Artur Mas al frente de la Generalitat, sin que su candidatura pasara por el escrutinio de las urnas y luego de unas duras negociaciones con la CUP en el Parlament. En 2016, su oratoria moderada y segura lo ha posicionado como el activo principal del actual gobierno catalán. Su constante ofrecimiento de diálogo al ejecutivo español para desencallar el bloqueo político existente lo enaltece. La celebración de un referendum de autodeterminación es el objetivo político que sus partidarios le han encomendado y también la razón de las críticas feroces que recibe a diario en la prensa española. En un escenario adverso y plagado de obstáculos inesperados, Puigdemont ha sabido maniobrar para calmar a los más impacientes de un lado y del otro. Este año se confirmará si su apuesta por la moderación y la cordura finalmente fructifica, o si el político se equivocó demasiado cuando eligiera la urna en vez del horno familiar.

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