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Argentina. La tercera fue la vencida



La derrota ante Croacia sumió al entorno de la selección argentina en un remolino de especulaciones acerca del supuesto mal ambiente que se habría creado entre los jugadores y el entrenador Sampaoli en la concentración de Bronnitsy. La prensa deportiva argentina no dudó en citar peleas entre jugadores, o supuestas reuniones en las que los históricos se amotinaban y pretendían tomar el control del grupo, dejando de lado al técnico rosarino. Nada pintaba bien a pocas horas del trascendental duelo de la albiceleste contra los nigerianos en Sant Petersburgo. Una sensación desagradable que pronto comenzaría a diluirse tras el pitido inicial del turco Kuneyt Cakir.

Sampaoli volvió a los orígenes en la alineación del último partido del grupo D. Plantó una defensa de cuatro, con Mercado y Tagliafico por bandas, y la dupla Otamendi - Rojo en el centro. En la portería, el debut del riverplatense Armani resultaba hasta lógico tras el clamoroso fallo de Caballero ante los croatas. En la medular, un infaltable Mascherano recibiría la aportación de Banega y Enzo Pérez. Un poco más adelantados, Messi y Di María deberían alimentar a Higuaín. La base del 2014 volvía al escenario, casi al completo.

La mejoría en el funcionamiento coral argentino se percibió casi de inmediato, aunque los primeros diez minutos resultaran algo intrascendentes, con una Nigeria esperando atrás e intentando soltar alguna contra tras recuperación del balón. Sin embargo, Mascherano iniciaba todas las acciones con autoridad, Banega lo asistía con buen criterio y le otorgaba oportunidades de pase, Messi bajaba menos a buscar el balón pero cada vez que lo tocaba insinuaba peligro por las bandas, Higuaín se movía bien arrastrando marcaje y Di María quería participar todo el tiempo. Pérez se asociaba con los laterales y Argentina conseguía la posesión con cierta exclusividad. 

Los hechos se precipitaron cuando Banega eligió asistir desde el círculo central a Messi que le marcó el camino por la banda derecha. El diez argentino amortiguó el envío de su compañero con el muslo izquierdo, la durmió luego con la puntera de su bota izquierda y tras dos pasos a la carrera remató cruzado con su pie derecho a la portería nigeriana. Su magnífica definición de crack significó el primer gol de su equipo en el partido y su estreno personal en Rusia 2018. Apareció en el minuto 14 aquel Messi del Barça, ese jugador decisivo, imparable para sus rivales, visionario y letal en la definición. Argentina respiró aliviada y se asentó finalmente su funcionamiento colectivo.

Por obvias razones, Nigeria intentó dar un paso al frente, pues la derrota la dejaba afuera. Ante esta situación, los argentinos siguieron en su intento por dominar las acciones y casi siempre lo consiguieron en esta muy buena primera etapa albiceleste. En el 26, Messi habilitó a Higuaín por la derecha, el centrodelantero de la Juve intentó pinchar el balón por sobre la salida de Uzoho, pero no pudo superarlo. Se olía un segundo gol en el ambiente y Argentina tenía todas a su favor. Cinco minutos más tarde, Di María se soltó a la carrera en soledad para encarar el área nigeriana, pero Balogun lo tocó desde atrás y el "fideo" perdió el equilibrio justo antes de pisar el área. La falta directa desde la izquierda la tomó Messi y su disparo cruzado hacia la derecha dió en el poste después que Uzoho hubiera rozado con sus dedos el balón. Argentina hacía méritos para ganar por dos goles y su afición correspondía estas buenas sensaciones con un aliento ensordecedor en las gradas de Sant Petersburgo. Desde Rostov, no llegaban buenas noticias, porque los suplentes croatas apenas si hacían pie ante una constante ofensiva islandesa, que de conseguir un gol hubiera obligado a los argentinos a un nuevo esfuerzo para superarlos en la diferencia a favor.

Los últimos minutos de la primera parte mostraron a los nigerianos algo impotentes para intimidar a Armani y a los argentinos expectantes, intentando hallar alguna grieta letal en la defensa rival. Sin acciones de peligro, más luchado que jugado, el 1-0 selló el marcador de los primeros 45 minutos. La tregua del descanso sirvió para calmar algunos ánimos entre los africanos, que pronto salieron a por el empate que los devolviera a octavos. Un corner en el 48 sirvió al árbitro turco para pitar un muy discutible penalty en el área argentina. Mascherano sujetó al nigeriano (nacido en Alemania) Balogún tras el lanzamiento desde la izquierda, este se cayó y el turco no dudó un instante en cobrar la pena máxima. Las sucesivas repeteciones de la tomas de tv arrojaron muchas dudas sobre la real influencia de Mascherano en la caída del nigeriano, pero el juez no quiso siquiera acercarse al monitor para chequear su primera impresión. Otra de esas situaciones en las que nos preguntamos para qué sirve el VAR, permitió a Moses doblegar a Armani con un tiro suave a la derecha. 

Los minutos posteriores al empate nigeriano diseminaron bastante confusión entre los jugadores argentinos. La fortuna parecía esquivar nuevamente a una tocada albiceleste, a la que sólo le tocaba tirar de talento y valentía para volver a encausar este mal resultado. En este período en particular se agigantó la figura de Javier Mascherano, jugador que no dudó en batallar en desigualdad física contra los gigantes africanos para recuperar todos los balones que hiciesen falta -aún con una amarilla encima-, o en intentar cambiar ese agarrotamiento generalizado que parecía regresar a las piernas de los argentinos (tal cual sucediera ante Croacia luego del error del portero). Parece esta selección argentina muy poco convencida de los finales felices, como si sus jugadores se dejaran invadir por los malos augurios ante el más mínimo contratiempo acontecido durante los partidos que disputa. Es cierto que viene de una historia complicada y algo traumática, que incluye tres finales perdidas sin merecerlo del todo, y una clasificación agónica en Sudamérica. No obstante, resultaría imperioso que pudiera encontrar más equilibrio y confianza en sí misma si pretende seguir avanzando en Rusia. 

El súbito mareo argentino no fue aprovechado por los nigerianos, quienes eligieron replegarse para golpear a la contra, como bien les resultara ante Islandia, y cuarenta minutos entre el empate y el final del partido fueron esta vez suficientes para que los argentinos pudieran reaccionar. Lentamente, Messi volvió a pedir el balón con insistencia aunque sin la precisión necesaria, Banega intentó ayudarlo y Sampaoli sacrificó a Pérez para dar entrada a Pavón buscando abrir la banda derecha del campo rival. Enseguida el jóven delantero boquense protagonizó algunas llegadas que no acabaron en mucho, pero que transmitieron cierta esperanza a sus compañeros. El partido se hizo más de ida y vuelta, con los argentinos asumiendo más riesgos que nunca. En el 74, una contra nigeriana acabó con un reclamo de penalty por un balón que diera en el brazo de Rojo tras un rechace  de cabeza del mismo defensor. Esta vez, Cakir consultó el VAR, se desplazó hasta el monitor para ver las imágenes repetidas y enseguida descartó cobrar otro penalty que hubiera resultado una injusticia mayúscula y algo escandalosa. 

Ndidi pudo definir el partido a favor de Nigeria cuando su remate salió alto en el 78. Argentina parecía poco enfocada, buscando el gol sin un plan específico. Pero en el 85, un centro preciso de Mercado desde la derecha llegó al corazón del área para que Marco Rojo se tomara revancha y encausara el triunfo argentino con un remate seco a las redes. El festejo soltó la rabia, la angustia contenida y Argentina se vino arriba. El final feliz, esta vez parecía cercano después de tanto sufrimiento en el Mundial de Rusia. Messi se montó sobre Rojo para cantar el gol y las fuerzas del capitán volvieron a su plenitud en los últimos minutos. Nadie se sintió agotado por el esfuerzo en ese final, todos corrieron, interceptaron balones e hicieron lo que hiciera falta para mantener el 2-1. Incluso los croatas marcaron su segundo gol que alejaba a los islandeses de la clasificación.

La tercera fue la vencida en Sant Petersburgo, para Argentina. Debió sufrir y mucho, depender de resultados ajenos y pagar el mal juego de sus partidos anteriores. Sin embargo, el fútbol exhibido durante la primera etapa ante los nigerianos sirve ahora de argumento para creer en el futuro inmediato de esta selección, pues jugando de esta manera, con soltura, ambición y buen pie, no es menos que ningún otro equipo que hayamos visto en este mundial. Ahora sí, Argentina depende de sí misma.









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