MALDITO DESAHUCIO. Los desalojos como problema de salud pública

Escribe Marcelo Espiñeira.

Lo que intuían muchos profesionales en cuanto al daño en la salud causado por el stress y la ansiedad que acarrea una situación de desahucio, ahora es confirmado por un estudio serio. Tres entidades -la Universidad de Granada, la Escuela Andaluza de Salud Pública y Stop Desahucios- realizaron durante el último año una extensa encuesta que arrojó resultados contundentes en cuanto al deterioro de la salud de los afectados por estas situaciones. El largo proceso que conlleva la pérdida de una vivienda está directamente relacionado con la aparición de cuadros de stress severo y una profunda ansiedad en más del 90% de los casos.

La indefensión de los afectados por los desahucios es notable y uno de los principales peligros que deben afrontar es que pueden verse atrapados por la extraña sensación de que hagan lo que hagan, todo parece resultar inutil. Este estado de ánimo terminal es denominado “indefensión aprendida” por los especialistas, y está estrechamente relacionado con la pasividad que el sujeto muestra cuando se ve desbordado por su amenaza.
El macabro círculo de este proceso se cierra con la culpabilidad que siente el individuo en estas situaciones. Esta suele atormentarlo permanentemente, no le permite descansar correctamente y la mayoría de las veces, tampoco pensar con claridad. El endeudado con las entidades bancarias suele sentirse culpable, no consigue ver más allá de su problema y acaba encerrado en sí mismo. La cuestión fundamental en estos casos es que la afección podría dejar secuelas crónicas con suma facilidad. La subida de la tensión arterial y el insomnio son los síntomas más habituales. 

Los casos de suicidios relacionados con los desahucios es un tema tabú que la prensa nacional ha evitado tocar cuanto ha podido. Sin embargo, a lo largo de los últimos cinco años esta triste lista incluye a casi 40 personas que eligieron quitarse la vida. Según el estudio realizado en Granada, la tercera parte de los encuestados presenta un nivel alto o moderado en cuanto al riesgo de suicidio. 

Policías forzando una vivienda durante un desalojo.
El problema de salud pública que plantea esta situación se evidencia cuando sopesamos el deterioro en la salud física de estas personas. Peores hábitos de salud, peor dieta, menor actividad física, mayor consumo de medicamentos y un incremento del uso de los servicios sanitarios, conforman un panorama nefasto para los afectados y para la misma administración.

Hasta el momento, el Estado se muestra muy ausente en la cuestión. Familiares y amigos suelen cargar con el peso del infortunio y deterioro manifiesto de los afectados. Para completar la escena, nadie dispone de estadísticas fiables sobre la exacta magnitud de un problema que no cesará hasta tanto no se apliquen medidas más drásticas para solucionar los diferendos entre los bancos y sus pobres clientes.

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