JULIO WALLOVITS presenta Las Listas en el Teatre Poliorama

..."NO ESTAMOS CONVENCIDOS DE NUESTRO PROPIO PRESENTE"...
Julio Wallovits

Una entrevista de Marcelo Espiñeira.

Julio Wallovits gusta de pensar el arte desde sus obras. Su laureada película “Smoking room” (2002) le valió un reconocimiento generalizado, premio Goya incluído.
Más tarde con “La silla” (2006), intentó replantear los límites del formato cine. Su inquieto espíritu lo ha llevado a escribir teatro, y con “Las listas” (Teatre Poliorama, hasta el 14 de marzo) continúa su impronta existencialista. Filosófico hasta la médula, esta es la charla que uno puede tener en un bar cualquiera con alguien como Julio Wallovits.

Creo que en "Las listas" sobre todo cargas contra la cultura pop.
JULIO WALLOVITS: Pienso que son preguntas. Preguntas sobre la cultura y el arte. Sobre el arte, como decía San Agustín del tiempo: "cuando no me preguntan se lo que es, pero cuando me preguntan no se lo que es". También pensaba en mí mismo y sobre el rol social que se supone que tiene el artista. Hay días en que tengo la sensación que mi trabajo es importante y que puede salvar la vida de las personas. Y hay otros en que lo veo totalmente ridículo y que no tiene lugar en el contexto social de hoy. Habría mucha gente que estaría de acuerdo en eliminar ya mismo el trabajo artístico. Y a mí me parece que no, y veo a "Las listas" como un canto de amor a esto.

Has dicho que aquellos que no se dedican exclusivamente al arte, logran ser mejores artistas que los que lo hacen a tiempo completo.
Sí, eso es lo que propongo. Es una propuesta un tanto temeraria, pero es eso nada más. Tal vez, hoy día deberíamos desprofesionalizar el trabajo artístico. Creo que todo el mundo que produce trabajo artístico quiere ser importante, quiere que su trabajo trascienda, y eso puede acabar siendo ridículo como deseo. Pero, a la vez es algo sincero y esa mescolanza es la sensación que intenta transmitir la obra.

Se ha democratizado muchísimo el acceso a producir casi cualquier obra de arte. De esta realidad viene tu planteo de un mundo donde todos son artistas hambrientos, o alimentados por un único granjero?
Sí, la verdad es que me viene de una asociación real de lo que veo. Es curiosísimo, porque el trabajo artístico cada vez tiene menos relevancia. La gente que produce cultura tiene miedo de que su trabajo ya no cambie la vida de las personas en absoluto. Y por otro lado, todos parecen anteponer ese trabajo o ese hobby que tienen a sus verdaderas profesiones, como si lo otro no fuera importante, no? Como si vender fruta o hacer no se qué, hubiera perdido su dignidad. Y todos dicen: "no, yo tengo un proyecto de fotografía. Yo hago no se qué". Es que no hace falta.
Ayer me encontré con un vecino nuevo, alguien llegado de Nueva York. Y cuando me lo presentaron, me dijeron "él vive en el edificio y es nuevo". "Hola que tal, ¿usted qué hace?" me dice el tipo. Me pareció increíble como primera pregunta de alguien que no conocía. (risas) No le dije nada… "vivo aquí". Qué te importa, pensé (risas). Pero se supone que a esa pregunta, uno tiene que responder algo supuestamente importante, algo trascendente, algo inmortalizador, porque el listón está muy alto.
Pero, por otro lado cada vez tiene menos importancia una producción artística, cada vez la idiotez política ocupa más lugar, nos la creemos. La palabra "escenificación" para lo político se utiliza de forma descarada. Ya no es la realidad política, es la escenificación. Nos comemos eso como una convención teatral y todo lo artístico pasa a un segundo plano.
Es verdad que esto es del último tiempo, antes el arte era una artesanía que se acababa convirtiendo en un trabajo artístico. Luego, empezaron los movimientos, entraron los expertos y ahí se pudrió todo.
Ahora se genera valor para lo artístico. Se vende lo artístico como vida bohemia, pero en realidad todos estamos muertos de deseo por ser exitosos y multimillonarios. Y entonces…¿qué es lo queremos realmente? Y esa es la pregunta que plantea "Las listas". Y la idea de base con la que la escribo es: ¿No era esto algo que solo pertenecía a algunas personas? Que no era democrático. Era un trabajo aristocrático, no en el sentido económico, sino en el sentido moral. Y esas personas nos llevaban y nos elevaban a otro mundo durante un rato.
Todavía, evidentemente, sigue pasando con algunos artistas. Pero, con otra inmensidad, no tanto.

El marketing se ha mezclado absolutamente con el arte. Nadie hace nada, sin pensar cómo lo va a vender.
Sí, y además eres idiota si no sabes como venderlo. Se te considera un infeliz. Entonces yo digo: "No, veamos, lo que yo hago es escribir una obra". Y entonces me preguntan: "Ya, pero esto dónde lo vas a poner? ¿Qué harás con esto?". Y "Las listas" no va ni de los artistas, ni del arte. Va de la pérdida del presente que tenemos nosotros. Nosotros no estamos convencidos de nuestro propio presente. Y nadie está convencido. El artista no lo está y por eso hace marketing. El de marketing no está convencido, por eso quiere hacer arte. Aquel no está convencido, y por eso hace otra cosa. Y lo que les pasa es que han perdido el foco de cuál es su verdadera actividad. Se han convertido en unos monigotes ridículos que creen que hay que vestirse de una manera o hacer determinadas cosas.
Realmente, el presente de un artista es su trabajo y si confía en él, ese trabajo va a modificar la vida de la gente. Y es magnífico cuando pasa. Pero, todo lo demás es un verso. Esa especie de construcción que se monta alrededor. ¿Cuál es el problema? Que todos ya parecen convencidos de que es necesaria. Hasta los dirigentes de los grandes museos creen en esto. Yo entiendo que estamos inundados de conceptos, pero tampoco hay que enloquecer y convertirse todo el mundo en publicitario.

Las escuelas de arte, qué opinión te merecen?
Tengo reservas con todo lo académico. Creo que la formación de una persona tiene que ver con otra cosa. Pero me parece bien que existan. Hay gente que va de buena fe y quiere realmente entender y comprender un poco. Pero creo que el trabajo artístico pasa por intentar la comprensión de uno mismo. Y que uno lo puede realizar en soledad.
Las escuelas artísticas están bien cuando estimulan, cuando lo que hacen es aumentar el potencial de las personas. Y están mal cuando simplemente establecen unas reglas de marketing de cómo hay que escribir un guión para presentarlo, o cómo hay que hacer una determinada cosa.

Hubo un punto de inflexión con la irrupción de Dalí o Picasso, artistas con fama y éxito saboreado en vida, que cambió para muchos la percepción que se tenía de un artista, no crees?
Es verdad, hay un momento donde se parte esta especie de idea que había del artista bohemio y se empieza ver al artista no necesariamente sin talento, en los casos que nombras con un gran talento, pero multimillonarios.
El caso de Picasso no tiene igual en la historia del arte. Pero incluso Bacon, para mi uno de los grandes pintores del siglo, también pudo saborear el éxito económico en vida. Ahí se produce una especie de lío para la gente. A partir de ahí se empieza a mover el foco. Ya no es solo ¿cómo hago un trabajo honesto y de calidad que acabe teniendo éxito?, sino ¿cómo tengo éxito? antes que nada.
Y el "cómo tengo éxito" se ha puesto delante de todas las preguntas. Es transversal a la vida ahora mismo. ¿Cómo tengo éxito? Y así, nadie tiene éxito. Porque ni el éxito, ni el fracaso son estados naturales. Uno simplemente va haciendo cosas. Cuando uno se enfrenta de forma sincera al trabajo, de alguna manera siempre tiene éxito. Porque ese trabajo pasa a través y es valorado por una serie de personas. Muchas o pocas, y ya está, es lo que eso requiere.
Digamos que lo que han generado estos fenómenos (Picasso, Dalí, etc), absolutamente excepcionales, es la confusión de que puedan ser fenómenos en serie y pensar que esa es la vida que hay que llevar para ser "artista".
¿Cómo soy un actor como Brad Pitt? No, cómo soy actor. ¿Cómo soy un hombre de negocios como Botin? No, si me gustan los negocios me dedicaré y ya veré cómo me va. Todo el asunto de los modelos es una tragedia total, que nos ha llevado a un lugar en muchos casos sin salida.

O el deseo de ser famoso.
La fama debería ser una de las cosas menos deseadas en vida, porque ser famoso es una tragedia. Es muy curioso, porque por un lado admiramos lo más grotesco, normalmente en las revistas del corazón sale gente grotesca. Y todo el mundo está buscando sus minutos de fama.
El anonimato creo que va a ser el gran valor. Va a representar poder, muy pronto. Si quieres saber si un tipo es realmente poderoso, pregúntale si tiene un teléfono móvil. Si no tiene es porque tiene un poder que te cagas…(risas). El teléfono móvil parecía algo que nos iba a independizar y ahora somos todos telefonistas y esclavos de eso. Es muy difícil hoy en día diferenciar y discernir estos conceptos, pero todo mundo quiere ser querido, supongo. Y eso adquiere formas aberrantes.

Estamos hipercomunicados, y sin embargo muy solos.
Creo que estamos en un momento de hipercivilización muy peligroso. A mi interesa mucho la Viena de fin de siglo, que como decía Karl Kraus: "Viena es la estación meteorológica del mundo". En el sentido de que en ese momento se podía vivir en Viena este estado de hipercivilización peligrosísimo que luego daría lugar a las grandes guerras. Donde, por bienestar cultural y por confort, la gente está al borde de la locura, simplemente.
Estamos en un momento relativamente parecido. Ahora, la crisis nos ha vuelto a hacer pensar en temas que ya no estábamos pensando. Y podría ser algo muy positivo, si realmente lo tomáramos desde ese lugar. Todos tenemos muy poco dinero ahora. Las cosas han cambiado de forma radical. Pero podría ser realmente la oportunidad. Está claro que un sistema no puede funcionar si yo tengo que comprar como un demente todo el día. O no puede funcionar si yo tengo que estar todo el día trabajando. Si ese es el funcionamiento del sistema, está mal. Con lo cual hay que ver y pensar en un cambio.
Yo creo que ahora todos estamos desorientados y la desorientación si no se canaliza bien es muy peligrosa. Es como jugar con una antorcha en una gasolinera. En algún momento hay algo que se prende. En este caso puede ser el odio, el racismo. Vivir debería ser más simple, creo yo. Deberíamos intentar no complicarnos tanto. Pero para eso, necesitamos recuperar nuestro propio presente. Ser nosotros mismos hoy y estar contentos con eso. Ponernos a lo que hay que ponerse realmente. Para uno será trabajar en el tren, para otro será viajar en avión y para otro será hacer teatro.

“Las listas” de Julio Wallovits
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