BLANCO WHITE, Juan Goytisolo rescata la pluma de un lúcido filibustero.


Una crítica de
Lilian Rosales de Canals.


Las interminables horas de reflexión y estudio de filósofos, historiadores y pensadores han quedado sepultadas bajo toneladas de intereses, silencios oportunos, olvidos inducidos, negligencia sistemática en la educación, desidia y desconocimiento acerca de la importancia de nuestro pasado remoto en la tarea de construir un presente mejor.



Blanco White
“Blanco White, El Español y la Independencia de Hispanoamérica” (Ed. Taurus, 2010) es el título que el autor Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) da a un extraordinario ensayo mediante el cual se adentra en el legado del controvertido periodista español José María Blanco White, a quien su visionaria vocación le valió el exilio a Inglaterra. El autor retrotrae y recupera la figura de este valiente y vapuleado hombre de letras y entre sus líneas destaca la concienzuda revisión de los textos publicados en su diario El Español, así como el desconocido aporte al pensamiento libertario mediante la denuncia de las atrocidades y errores políticos cometidos por el Imperio Español entre 1810 y 1814. White -afirma Goytisolo-  prefigura las orientaciones sobre el levantamiento independentista de la América Hispana. 




La difusión de las ideas del tildado "español desnaturalizado" a través de su mensual despertó un sobresalto en los monopolistas de Cádiz, en la Junta Central y en la Regencia de la época. En consecuencia, estas instancias procurarían la suspensión de la publicación en Inglaterra, desde donde el exilio le permitía al periodista elevar la voz. El intento fallido a esta censura  solo pudo enmendarse con la prohibición de venta y distribución en la Península y Provincias americanas. 


No tardaría la Real Orden en catalogar al escritor como "español de mala intención" que infunde maliciosamente opiniones subversivas en cuanto al orden existente. "Expatriado atrabiliario", "monstruo", "venal y traidor", "infame e indigno español", "filibustero", son tan solo algunos epítetos endilgados para definir a un visionario, piedra en el zapato a los intereses de la supresión de libertades.


Pero -como refiere Goytisolo- la censura, "heredera de una larga tradición inquisitorial, la gran maquinaria del ostracismo y muerte civil  -ya que no física- se ha puesto en marcha". Blanco White queda condenado al exilio y proscripto. En una analogía, Goytisolo alude al carácter atemporal e inmutable de dicha censura para retratar la semblanza de aquel remoto tiempo con el franquismo, de quien afirma, no inventó nada en cuanto a la represión de las ideas.



No se trata de una novela de ágil lectura. Es por el contrario, un relato denso, minucioso y revisionista que logrará satisfacer los espíritus más ávidos de conocimiento. Para los amantes de la historia y pacientes hurgadores de causas, he aquí una extraordinaria obra que aporta valiosas herramientas a la comprensión del legado de nuestro pasado colonial  y sus repercusiones en nuestro presente más inmediato. 


El escritor Juan Goytisolo.
Instrumento propagandístico

La Ilustración, la Independencia de los trece Estados Unidos de América y la Revolución Francesa sirvieron de inspiración en la construcción de un proyecto político en las provincias españolas con el objetivo de alcanzar la autonomía sino, la independencia respecto a la metrópolis. Los textos de Blanco White estaban orientados, en gran medida, hacia el reconocimiento de esa necesidad separatista que le valió el destierro a Londres, hervidero de ideas democráticas para el Nuevo Mundo. El resultado fue que El Español se convertiría en un instrumento propagandístico de las ideas Enciclopédicas, de la corriente liberal inglesa, del pensamiento de los fundadores de la Constitución Federal estadounidense, así como de la impetuosa defensa de la libertad religiosa frente al poder coercitivo de la iglesia católica.


Con una mirada esclarecedora y futurística  Blanco White se deja escurrir de entre sus detractores e irrumpe en el corazón de un tiempo de tempestades que nada tiene que envidiar al presente, en lo que a entresijos se refiere. La obra que aborda con verdadera maestría historiográfica Goytisolo, nos habla de "la pluma venenosa" que, contra corriente, denuncia los excesos cometidos por los responsables de mover los hilos  y abre un debate público en la Europa de aquel entonces acerca del camino más idóneo para alcanzar los objetivos que considera fundamentales: preservar los lazos políticos entre las dos orillas del Atlántico, conservar  imperio y otorgar el reconocimiento de los derechos a la nueva España. Pero este sueño ha de pasar por el tamiz del libre comercio, el fin del monopolio gaditano y la asunción gradual de la soberanía de los territorios.


Su digna preocupación por la España peninsular y la americana le posicionan a favor de los movimientos independentistas hispanoamericanos que para el momento manifestaban sus primeros síntomas de levantamiento contra la Madre Patria.


Retrato de Blanco White.
White y Humboldt

Entre 1799 y 1804 el naturalista Alexander Von Humboldt, realizó un periplo por el Nuevo Mundo gracias al cual indagó con avidez científica aspectos de la sociedad y la geografía, la demografía y las culturas de aquellas tierras distantes hermanadas en su condición de colonia. Era éste un espíritu forjado en la Ilustración acunada en la Prusia de la segunda mitad del siglo XVIII. Sus estudios, magnífico compendio del saber científico, despertarían el ingenio de Blanco White.



El liberalismo económico y político del científico alemán, su racionalismo militante, su anticlericalismo y su culto a la libertad, coinciden con los ideales de aquel español tildado de "desleal" quien se vale de estas herramientas intelectuales para analizar los episodios que estremecen a la América desde la Revolución en Caracas de 1810.


El exiliado londinense denunciaría, al igual que Humboldt,  la desmesurada desigualdad entre la clases sociales, el hermético sistema de castas, la atrofia de cuerpo legal, los abusos y el parasitismo de la administración pública, el despotismo, el acaparamiento de recursos por mercaderes inescrupulosos, la iglesia plena de privilegios, y la rapaz administración. Para el periodista estos ingredientes se convierten en el germen de la rebelión que arrojaría a aquellos dominios extra peninsulares directo hasta la independencia y la ruptura del bloque hegemónico colonial de España.


Ambos pensadores coincidían en la necesidad de una explotación racional de los recursos económicos del Nuevo Mundo, de un  comercio sin trabas en ambos lados del Atlántico así como en los diversos virreinatos que habían florecido. Insistieron en el hecho de que era preciso mejorar las condiciones educativas y morales de sus pobladores, crear una consciencia ciudadana, una libertad de pensamiento, una distribución de la riqueza más justa y equitativa. 



Y aunque El Español refleja las diversas doctrinas políticas del momento, critica el autoritarismo de Francisco de Miranda y afirma que: "los caudillos de la revolución contra este estado de las cosas eran entusiastas filósofos y filántropos, lectores de Rousseau y de Montesquieu, juristas y pensadores, pero apenas tenían conocimientos o afición en materia económica y financiera"(…) "Ni uno solo de aquellos hombres parece haber prestado atención a las consecuencias económicas de lo que fraguaban". Para Goytisolo el gran error del llamado “padre de la Independencia” fue adelantarse a su tiempo y Blanco White advirtió los peligros de esta aventura. La muerte entre rejas de Miranda sería parte de la venganza de Fernando VII y un capítulo sombrío de su desastroso reinado.


Retrato de Alexander Humboldt.
Entretanto, Humboldt afirmaba que existía una brecha profunda entre la metrópolis y  las posesiones ultramarinas, así como entre peninsulares y criollos, basada esencialmente en el monopolio de los comerciantes de Cádiz y de Filipinas ya que violaba el estatus de las Leyes de Indias establecidas después de la Conquista. En la  medida que el imperio borbónico, restringía la libertad económica y política y se oponía a las legítimas ambiciones de la clase criolla, cavaba su propia tumba. Blanco White en El Español hallará la huella decisiva de Humboldt: 




"El más miserable europeo, sin educación y sin cultivo de su entendimiento, se cree superior a los blancos nacidos en el Nuevo Continente".

A raíz de ello, explica: "Los criollos prefieren que se les llame americanos; y desde la paz de Versalles y especialmente, después de 1789 se les oye decir muchas veces con orgullo: 'Yo no soy español, soy americano'; palabras que descubren los síntomas de un antiguo resentimiento. Delante de la ley todo criollo blanco es español; pero el abuso de las leyes, la falsa dirección del Gobierno colonial, el ejemplo de los Estados confederados de la América septentrional y el influjo de las opiniones del siglo han aflojado los vínculos que en otro tiempo unían más íntimamente a los españoles criollos con los españoles europeos".

Rechazo a la Iglesia
La aversión de Blanco White por la iglesia católica pudo estar vinculada -según el autor- al sentimiento de desprecio que generara en él las cruentas incursiones de los frailes misioneros de la América meridional en las tierras donde moraban las tribus pacíficas de indígenas, quienes eran llamados indios bravos debido a que no habían aprendido aún a hacer la señal de la cruz. Brutales expediciones en las que niños, mujeres y ancianos sufrían la embestida violenta al tiempo que padres eran separados sin contemplación de sus pequeños.

Esclavos prisioneros en el interior de la bodega de un navío.
La cruel realidad de la trata
De igual forma, manifiesta un repudio ante el lucrativo comercio de esclavos por parte de los europeos. 

La pluma del desterrado se enfrenta a la Trata con una lógica que chocaba con los intereses de los latifundistas y de la iglesia, intereses camuflados con razones morales y religiosas de apariencia filantrópica: la esclavitud era un instrumento divino que permitía a los negros civilizarse, cristianizarse y salvar su alma. 

Pantomima de amor y caridad evangélicos que partía de un sentimiento real y que sólo un pequeño núcleo de pensadores ponía en tela de juicio: la supuesta inferioridad de los negros obedecería a un presunto orden natural. Mientras los abolicionistas del siglo XVII se alzaron en contra  de tal aberrante interpretación de la realidad, Blanco White se manifiesta en contra de las atrocidades del colonialismo europeo:

"La razón que alegan, en general, los colonos es que los negros son de carácter perverso, y que sólo el temor puede contenerlos. Yo por mí creo que los negros deben ser naturalmente buenos, cuando el trato que les han dado los europeos no los ha convertido uno por uno en monstruos" (El Español, noviembre de 1811).

En la colonia francesa de Haití, La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano había ocasionado la sangrienta rebelión de los esclavos en 1804, sin embargo, en España y sus dominios de ultramar aquellas ideas no encontraban buena acogida. A estos efectos el expatriado iniciaría una campaña para obtener eco de las nuevas corrientes. Sin embargo la Regencia, sorda ante toda petición contraria a sus intereses, hacia caso omiso.

En su peregrinaje intelectual escribe “Bosquejo del comercio de esclavos y reflexiones sobre este tráfico considerado moral, política y cristianamente”, (Londres, 1814) como homenaje a Wilberforce. Inspirado en la situación de la esclavitud en la cuenca del Níger, sostiene que tales acciones no civilizan en modo alguno a los africanos, destroza y barbariza sus vidas. Haciendo frente a los argumentos y justificaciones de la colonización, denuncia que los europeos "embrutecen a los negros por el tráfico que hacen de ellos y luego defienden este tráfico alegando que los negros son semibrutos".

No existe la consciencia histórica en el presente de las naciones hispanoparlantes que permita alcanzar el grado de reflexión en torno a los postulados que este escritor profético nos ha heredado. De largas miras y pensamiento agudo fue capaz de dilucidar las causas de las grandes cojeras de nuestro presente.

Mancos para el análisis
En octubre de 1813, la vuelta del rey a la Corte marca un período de división entre absolutistas y liberales. Ante lo cual White señala: "España está dividida en dos partidos: uno que nada ve ni nada atiende sino a convertir en leyes una porción de máximas abstractas; otro que a nada aspira sino a conservar la tiranía religiosa que ha reinado allí desde los siglos bárbaros".

Y nunca mejor dicho. El diagnóstico presagiaría el panorama de las siguientes décadas: patriotas contagiados febrilmente por imprecisas doctrinas, que además eran denegadas a los insurgentes americanos. Por otro lado, los serviles, sumisos a la corona. 

No tardó la Santa Inquisición de Canarias en arremeter contra El Español. En 1819, el Procurador Fiscal de la restaurada institución calificará la obra del escritor como "tejido continuado de blasfemias contra la Sagrada Religión" acusando al pensador irreverente como responsable  "de horrendas invectivas contra los soberanos" y de inducir a sus "vasallos a la independencia y a la absoluta libertad" en su periódico que circulaba a ambas lados del Atlántico.

La antigua y oportuna santa alianza entre el trono y el altar se manifestará aún en la decadencia del dominio español en el Nuevo Mundo con motivo de la Encíclica de León XII publicada en la Gaceta de Madrid ( 18 de febrero de 1825) y reproducida por Blanco White en Variedades. Su contenido y lenguaje resultan, a los ojos de Goytisolo, tan similares a los de la "Carta Colectiva del Episcopado" que bendijo la cruzada franquista en 1936, que menciona merecen reproducirse como un recordatorio del furor santo que acecha a los descarriados a lo largo de la historia de España y de sus dominios.

Papa León XII
Después de evocar "las funestas nuevas de la deplorable situación del Estado y la Iglesia" en tierras americanas, fruto de "la cizaña de la rebelión" sembrada por el enemigo, León XII prosigue: "No podemos menos que lamentarnos amargamente cómo se propaga y cunde el contagio de libros y folletos incendiarios en los que se menosprecian y se intenta hacer odiosas ambas potestades, eclesiásticas y civil". Para el pontífice, en su ya inútil socorro al monarca, las juntas independentistas americanas, que "se forman en la lobreguez de las tinieblas" y por cuya "inmunda sentina" se derrama "cuanto hay y ha habido de más sacrílego y blasfemo en todas las sectas heréticas", conducen con sus doctrinas a la ruina de las almas. Como remedio a tantos y tan graves males, León XII exhorta a los fieles del Nuevo Mundo a obedecer. 

A pesar de los esfuerzos de encomiables hombres de letras e incansables intelectuales como Andrés Bello y Domingo Faustino Sarmiento ocupados en desvelar capítulos enteros de la memoria colonial, el desconocimiento campa por estas orillas de la Península. La historia, manca de asideros para la profunda reflexión, justifica conmemoraciones vacuas en refritos legendarios que ni siquiera se ponen en duda. Celebraciones que adornan el pedestal de políticos y disfrazan las gestiones  fantasmas. El presente y las futuras generaciones merecen y precisan una apremiante revisión de nuestro pasado común.

Blanco White, considerado por Goytisolo el más importante de los españoles de la primera mitad del s. XIX es de imprescindible lectura para conocer la historia de España de los últimos 200 años.

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