iDisorders. Necesitamos una desintoxicación digital? Entrevista con el Dr. Larry Rosen

Mi amigo Joan muy a menudo saca su iPhone del bolsillo y lo convierte en una presencia más en cuanta reunión celebramos. Muestra fotografías, programas y chismes nuevos que ofrece el App Store. Ya no concebimos a Joan sin aquel artefacto en mano y su atención sumergida en la pantalla.  Pero no es el único. Mi jefe, es otro caso curioso, padece de alucinaciones auditivas. La vibración de su móvil, sin que ello suceda en la realidad, le sigue a donde quiera que vaya. Si Ud. es de esas personas que siente un "escarbajeo" en el estómago cuando pasa más de 20 minutos sin mirar la pantallita y chequear las novedades, podría estar padeciendo algún tipo de desorden psicológico, a criterio del Dr. Larry Rosen, psicólogo y profesor de la Universidad Estatal de California. 


En su más reciente libro titulado iDisorders: Comprendiendo nuestra obsesión por la tecnología y la superación de su dominio sobre nosotros (editado para EEUU por Palgrave Macmillan, 2013), el experto en "psicología de la tecnología" ofrece una mirada reflexiva en torno al uso de los recientes dispositivos para la comunicación y herramientas digitales, y expone los posibles efectos adversos sobre nuestra salud mental.








La fragmentación de contenidos, la caducidad veloz de la información y la permanente interferencia generan un bucle ansioso en el consumidor de contenidos ¿estamos en presencia de un real peligro para la salud mental de la sociedad? 
Dr. LARRY ROSEN: Comenzamos a tener evidencia de que la gente se engancha cada vez más a sus teléfonos en lugares donde no se les permite, como la iglesia o la escuela, incluso en un cine. Una vez que estamos en el punto en que no podemos detener ese comportamiento compulsivo de comprobación, entonces estamos frente a un problema social. En Estados Unidos hay certeza de que la necesidad de comprobar el teléfono mientras se conduce es la causa de numerosos accidentes e incluso, se ha demostrado que la comprobación del teléfono mientras se camina tiene consecuencias potencialmente graves, como caer en hoyos o tropezar con las paredes u otras personas.

Los teléfonos y nuevos artefactos tecnológicos parecen haber abducido a buena parte de nuestra especie, aunque en diverso grado y manera. Conocidos y extraños consultan a toda hora sus Smartphones, y en situaciones donde socialmente o incluso legalmente, está prohibido. Si es preciso corren hacia el baño para saciar con alivio lo que pareciera una necesidad urgente. Los hay de todos los tipos pero en cualquier caso, la mayoría habla de no poder evitar chequear los emails, el acontecer en las  redes sociales o la llegada de nuevos Whatsapps…

Independientemente de lo consciente que estemos de este fenómeno, cada vez pasamos más tiempo con los dispositivos tecnológicos y a menudo nos sentimos obligados a consultarlos, tanto por el miedo a perder alguna novedad social o laboral, o porque simplemente se ha convertido en un acto reflejo con una carga de ansiedad considerablemente elevada que supera los estándares de la normalidad y la salud.

El investigador dice al respecto que nuestro exceso de confianza en la tecnología induce comportamientos similares a los vinculados a los trastornos psicológicos de ansiedad, incluyendo el trastorno obsesivo-compulsivo. De este modo la ansiedad relacionada con la tecnología (sensación de no poder estar jamás sin el Smartphone a cuestas, por ejemplo), preservada y potenciada por las frecuentes interrupciones que le son características, puede llegar a traducirse en ataques de pánico, entre otros efectos perturbadores. 

"Si estamos ansiosos, eso significa que el cerebro no tiene suficiente poder de procesamiento para realmente hacer un buen trabajo en lo que se supone que debemos hacer"  señala Rosen







































¿Qué tipo de trastornos psicológicos asociados al consumo incontrolado de las nuevas tecnologías ha observado?
Los principales impactos negativos del uso de las tecnologías son los trastornos de ansiedad, incluyendo la manía, las obsesiones, las compulsiones y el narcisismo, entre muchos otros. Los usos de la tecnología que parecen predecir este tipo de síntomas son los mensajes de texto, mensajería instantánea y redes sociales (tecnologías electrónicas de comunicación). Sin embargo, los síntomas de depresión - depresión leve (distimia) y depresión mayor- están actualmente disminuyendo en las personas que tienen "social-media-amigos" y utilizan más el teléfono para hacer llamadas. Esto probablemente es debido a que la depresión se puede evitar haciendo que la gente hable más e interactúe en los medios sociales y por teléfono.

En el texto el autor sostiene que otros desórdenes psicológicos como los trastornos (obsesivo-compulsivo, antisocial de la personalidad, de déficit de atención, dismórfico corporal, de estado de ánimo), el voyeurismo, la hipocondría o enfermedades como la esquizofrenia, pueden también resultar inducidos o catalizados por la interacción patológica diaria con las tecnologías de la comunicación. 

Asegurando ser un usuario habitual de todos y cada uno de los nuevos recursos, y reconociendo su evidente utilidad, el Dr. Rosen advierte que no encabeza ninguna cruzada anti-tecnológica. Sin embargo, al margen de este buen concepto, destaca el evidente cambio en los patrones de comportamiento que ha venido suscitando su uso y el impacto evidente en la mente humana. 

¿Cuál es el límite que determina la aparición de un desorden psicológico asociado al uso de la tecnología? ¿A partir de qué momento debemos preocuparnos?
Cuando el usuario está constantemente verificando sus dispositivos, en particular su Smartphone sin haber recibido ningún tipo de aviso o notificación, e incluso siente vibraciones fantasmas que no están vinculadas al teléfono, entonces hay un problema.

Un transeúnte envía mensajes a través de su Smartphone mientras anda por la calle.
Con los teléfonos inteligentes rayando la ubicuidad, el impulso de la multitarea y la tecnología alcanzando cuanto recodo existe, nos vemos sitiados por pings, zumbidos, centelleos y beeps que no distinguen si es día o noche cuando se trata de secuestrar nuestra atención.

Las interrupciones se convierten al final en el azote de la vida moderna, sometiéndonos casi a malabares en las propias tareas diarias entre el correo electrónico, los mensajes de texto, los medios de comunicación social, mientras nos expulsan lejos de lo que estamos haciendo, contradictoriamente. Es irrefutable que las distracciones tienen un alto coste en la productividad del trabajo, por ello la multitarea ha sido objeto de debate popular. Los neurocientíficos sostienen que la multitarea en realidad debería llamarse "conmutación rápida" entre tareas, ya que el cerebro se centra rápidamente en un tema, y luego se ve obligado a cambiar a otro, y otro sucesivamente. Pero el cambio no es gratis. Como destaca la Economía, es preciso hablar de "costes de cambio" (switching cost) y el tiempo que precisa la mente en volver a sumergirse en un tema u otro, es su principal pasivo.

Internet y la multitarea ha fomentado el picoteo, la distracción y la falta de concentración. ¿Cuáles son los efectos perjudiciales en la fijación del conocimiento y el aprendizaje? 
Hemos observado y descubierto que los jóvenes que estudian en sus hogares sólo son capaces de centrarse en sus estudios durante 3-5 minutos, luego se distraen  por algo tecnológico y cada vez más a menudo, por algún tipo de comunicación o de "comunicación anticipada". Estas últimas distracciones provienen del interior de su cerebro, mientras que las otras  -pitidos, zumbidos, vibraciones- vienen desde fuera del cuerpo pero (también)  impactan en el cerebro. Esta distracción no se limita a los estudiantes.  Otros (investigadores) han realizado estudios en personas que trabajan en empresas y han encontraron resultados equivalentes. Incluso los estudiantes de medicina también sufren de un lapsus de corta atención.

Los investigadores dicen que sólo las tareas más sencillas se prestan adecuadamente para ser efectuadas de forma conjunta, y todas menos una de esas tareas, debe incluir automaticidad. Lo que significaría que toda actividad que implique trabajo intelectual automáticamente excluye otro de similar naturaleza. A pesar de estos hallazgos,  muchas personas sobreestiman su capacidad para realizar múltiples tareas, como es el caso de los estudiantes universitarios quienes aseguran poder elaborar un texto y escuchar una conferencia simultáneamente con eficacia. La consecuencia es un aprendizaje más superficial y menos flexible. Estudios previos realizados por Rosen en 263 estudiantes y en sus ambientes normales de estudio, demostraron que los estudiantes no podían resistirse a los mensajes de texto o al uso de los redes sociales mientras realizaban una tarea académica importante. Algunos alegaron que a pesar de estos hábitos sus calificaciones son A o B1, negando la existencia de un problema. Pero las investigaciones corroboran que  múltiples tareas desgastan el cerebro, los estudiantes se encuentran más cansados y son menos competentes. Tal vez, lo más importante sea que varios estudios deja por sentado que la información aprendida parcialmente durante en una situación de distracción se olvida rápidamente, por lo que el aprendizaje es trágicamente poco profundo.

¿Las nuevas generaciones que nacen con estas herramientas tienen mayor riesgo que la Generación Boom de padecer los efectos patológicos descritos?
Dado que las nuevas generaciones están deseosas de adoptar las tecnologías de los Smartphone, entonces están en mayor riesgo de sufrir este tipo de enfermedades, sin dudas. Sin embargo, cualquier persona que constantemente utilice la tecnología se enfrenta a riesgos potenciales.

McLuhan dijo  que el medio "moldea lo que vemos y cómo lo vemos" y que al final, mediante su uso prolongado cambiamos como individuos y como sociedad, alterando nuestros patrones y el proceso de percepción mismo ¿qué perfil tendría la sociedad en el futuro comandada por la generación Z nacida bajo el influjo de estas nuevas tecnologías? 
En primer lugar, en nuestro trabajo estamos viendo una serie de "mini generaciones" que nosotros etiquetamos como: la Generación Net (nacidos en 1980), la Generación-i (nacidos en 1990) y la generación " C" (nacidos en el nuevo milenio). Hemos aplicado estas etiquetas para indicar las tecnologías que han moldeado a esas generaciones. Para la Generación Net era, obviamente, la Internet;  mientras que para el iGeneration fueron los dispositivos "i" que se adaptan individualmente según las propias necesidades, como el iPhone , iPad y dispositivos similares . Para la generación "C " su definición tecnológica es en realidad una gama de tecnologías de la comunicación que le mantienen conectada al mundo en una variedad de formas y que coadyuvan a su visión del mundo. En nuestra investigación estamos viendo claras diferencias entre los valores y puntos de vista de estas generaciones, sobre todo cuando se trata de cuestiones que rodean a la tecnología. El futuro sin duda implicará a estas nuevas generaciones de estudiantes universitarios y adultos constantemente enganchados a sus tecnologías, tratando de realizar múltiples tareas en todo momento, con una capacidad corta de atención y distraídos de forma permanente.

Los estudiantes no consiguen concentrarse en sus tareas más de cinco minutos.
¿Podríamos decir entonces que estamos frente a una seria amenaza que se cierne sobre nuestra cultura? 
Creo que nos estamos volviendo más conscientes de ello y no lo veo como una amenaza para nuestra salud mental y nuestra seguridad a largo plazo. Sin embargo, pienso que existe una gran necesidad de todos nosotros de aprender a desconectar durante cortos períodos de tiempo, para recargar o restablecer nuestros cerebros, mantenerlos frescos y dispuestos a procesar nueva información.

Muy a pesar de su tesis que evita demonizar a las tecnologías, en este último aspecto nos resulta difícil omitir la frágil frontera que le separa de la visión profética y trágica planteada por Nicholas Carr en su libro “Superficiales”, donde el embrutecimiento colectivo y el pensamiento "staccato" del idiota tecnológico resultarían el denominador común en un mundo gobernado por estos avances. Como colectivo, ¿seremos capaces de tomar conciencia?

Aunque quede el espacio razonable para la duda, con sobrada autoridad en su campo, Larry Rosen en iDisorders posiciona los propios axiomas más allá de la condescendencia y la arrogancia. Simplemente expone sus hallazgos y recomendaciones de modo tal que la experticia se sobrepone a toda sospecha de pretender dilapidar las bases de la nueva era tecnológica, mientras conduce al lector con confianza y credibilidad hacia herramientas útiles para evitar los efectos perturbadores del uso indiscriminado de aquello que es hoy ineludible. No se trata entonces de extirpar la tecnología de nuestras vidas  sino de recuperarse de su dependencia excesiva

El autor plantea que la obsesión tecnológica tiene un fundamento psicológico y en tal sentido -parangonado con una adicción y el síndrome de abstinencia asociado-  resulta difícil indicar a cualquiera que deje de utilizar los dispositivos con tanta frecuencia sin ofrecer otras indicaciones, tanto como sería inviable decirle a un drogadicto que limite su hábito sin más. Añade además, todo un proceso de disertación que acaba al final de cada capítulo en oportunas sugerencias. Estrategias para afrontar cada desorden específico descrito e incorpora un sistema de puntuación a objeto de que cada cual determine cuán crónico es el propio iDisorder

Múltiples variantes digitales favorecen la continua distracción de los jóvenes.
¿Cuál cree que deben ser las medidas profilácticas para evitar una obsesión Digital? 
Es importante, en mi opinión, comprender que el problema radica en el cerebro y que además, éste se encuentra obsesionado con el chequeo de las tecnologías y aquello que nos ofrecen. Sabemos por la nueva investigación de la neurociencia que las tecnologías son altamente estimulantes para el cerebro y provocan la liberación de químicos o neurotransmisores relacionados con los sentimientos de ansiedad, lo que está impulsando nuestro comportamiento. Estamos ansiosos debido a que podríamos estar perdiéndonos de algo importante, por lo que constantemente comprobamos, cambiamos de tarea y actuamos como si todos sufriésemos de un trastorno obsesivo -compulsivo . Tenemos que tomar descansos que ayuden al cerebro a " restaurarse " o a "calmarse". Los neurocientíficos han aprendido que tenemos que hacer esto entre hora y media, a dos horas. También señalan que disfrutar de unos minutos con la naturaleza, hacer ejercicio, meditar, hablar con alguien cara a cara, admirar obras de arte, entre otra variedad de actividades, resulta eficaz para serenar el cerebro. Tenemos que aprender a "amaestrar" nuestra capacidad de atención y para ello recomiendo lo que yo llamo "tech breaks" ("pausa tecnológica") donde tras hacer un registro de nuestros aparatos tecnológicos, apagamos "todo" lo innecesario (incluyendo los sitios web de comunicación y teléfonos), establecemos una alarma durante 15 minutos (en cuyo tiempo se puede comprobar el estado de los dispositivos de nuevo, durante un minuto o dos, para continuar con el proceso). Poco a poco debemos ser capaces de aumentar a 20 minutos o más el tiempo de desconexión total. Estaremos así entrenando nuestros cerebros para evitar la ansiedad cuando no es capaz de ver o chequear (los dispositivos), lo que nos ayudará a aprender cómo reenfocar (la situación).

Pese a que muchos de nosotros estamos al borde de padecer algún iDisorder en una sociedad que no perdona ir a un ritmo más pausado, la neuroplasticidad del cerebro, asegura que podemos aprender a no abusar de la tecnología y a restablecer el equilibrio perdido en la sobrecarga inducida por las nuevas obsesiones. Esa fantástica cualidad de nuestro cerebro supone que las conexiones neuronales están en constante cambio, fortalecidas y debilitadas en función de nuestras experiencias. Lo que significa que nuestro cerebro puede cambiar. Rosen advierte con carácter preventivo que, como todo lo referente a la obsesión, la moderación es la clave y aunque seamos presa de un trastorno, siempre hay espacio para la mejora sino para la absoluta corrección.

Existen sin duda límites biológicos fundamentales en cuanto a capacidad de atención del cerebro. Ante este panorama la maniobra será la resistencia ante la distracción que significa una bandeja de entrada parpadeante o un Smartphone vibrando, a manera de gimnasia mental.

Son recomendados los apagones digitales controlados, para evitar un iDisorder.

Los adultos encontraremos en este libro útiles y probadas pautas, expuestas con claridad, a fin de alcanzar el equilibrio restaurador de nuestro cerebro, superar los iDisorders que advertimos en nuestras vidas, mientras como padres, nos parecerá una guía fantástica en la tarea de prevenir posibles tecno-adicciones.

Mientras seamos simples observadores y partícipes del avance de la tecnología en nuestras sociedades, con muy pocas alternativas de cambiar este designio, iDisorder nos enseñará con buen tono y abundante en sabiduría cómo mantenernos humanos en un mundo cada vez más tecnológico.

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