PODEMOS ¿Qué puede Podemos?

Escribe Marcelo Espiñeira.

Es un hecho político inédito para España que la novel formación Podemos haya conseguido romper con el bipartidismo que regía los destinos de esta democracia. Tan sólo 6 meses después de la sorpresiva irrupción en las elecciones europeas, encabezan encuestas oficiales por intención de voto directo para unas presidenciales.


Habría que remontarse a la toma de plazas por parte de jóvenes universitarios en Madrid y Barcelona de 2010, para comprender mejor al germen “indignado” que hoy permite florecer a Podemos. Aquel movimiento espontáneo que abogó por cambiar las bases de un sistema manchado por la corrupción y el nepotismo, llamó inmediatamente la atención de diversos sectores marginados por el eje PP-PSOE. Intelectuales, profesionales, desahuciados y parados pronto vieron que tenían mucho en común, sin embargo no intentaron vertebrar una agrupación política en una primera instancia, y más bien pecaban de cierta ingenuidad en este sentido. A propósito de esto, en agosto de 2011, el economista Arcadi Oliveres (Procés Constituent) decía que “muchos jóvenes del 15M se habían pasado de la playstation a la política”.

Respecto al auge del tercer espacio político, podríamos decir que la profundización del ajuste y el plan de austeridad de Merkel encontró fuerte eco en el gobierno de Rajoy, al tiempo que sembró de incertidumbre a una amplia porción de los habitantes de este país. El 25% de paro, la enorme cifra de desahuciados y las nulas perspectivas de reinserción en el ciclo productivo, han acabado favoreciendo el caldo de cultivo ideal para que creciera el descrédito de las personas en la clase política tradicional. Estos síntomas fueron detectados a tiempo por un grupo de expertos politólogos encabezados por el profesor Pablo Iglesias, ahora líder de Podemos.


La evolución de Podemos en las encuestas desde mayo de 2014

En la organización de las mareas ciudadanas, plataformas creadas en el estilo de la PAH, pensadas para defender ciertas causas sociales básicas bastardeadas por el gobierno, como la sanidad y la educación pública, se podría decir que nació la idea primigenia de Podemos. Del enlace entre estos grupos y la coordinación profesional de Pablo Iglesias (profesor de Ciencias Políticas en la Complutense, tertuliano de tv, asesor del gobierno de Venezuela) Juan Carlos Monedero (asesor de Gaspar Llamazares y el gobierno de Venezuela), e Iñigo Errejón (dirigente universitario, asesor del gobierno de Venezuela), apareció Podemos como marca política en las elecciones europeas del 25M pasado. Bien sabemos que 1,2 millones de votos apoyaron a sus candidatos en las urnas de las Europeas, consiguiendo 5 eurodiputados ante la sorpresa generalizada de propios y extraños.

El día después de las europeas, Podemos supo aprovechar el foco de los medios y convertirse en el eje del debate político español. Sus detractores se han reproducido como las setas y curiosamente se han comportado tal cual Iglesias y los suyos los habían descrito, como una casta agredida, preocupada por el futuro que les espera, con argumentos poco convincentes en la mayoría de los casos.

Es importante observar que el discurso de Iglesias es impecable en cuanto al diagnóstico de las imperfecciones que nos asedian. Este no duda en señalar a PP y PSOE como socios necesarios en el desfalco de la nación, proclama la limpieza del sistema y se acerca bastante al váyanse todos de Argentina´2001.

Sus apoyos son transversales. Las últimas encuestas son reveladoras en cuanto a la procedencia del voto que podría obtener Podemos en 2015. Iglesias moviliza a una porción de jóvenes naturalmente ajenos a la política, al mejor estilo de Barack Obama en 2008, contagia ilusión con sus promesas amplias y generosas, al tiempo que capitaliza el voto castigo contra la “casta” de la política tradicional y los afines al bipartidismo. De esta manera consigue votos perdidos por el PSOE (30% del voto a Podemos), de Izquierda Unida (15%), del PP (6%) y también de UPyD. Sin embargo, el 40% es un voto independiente, de gente que votará por primera vez o que habitualmente se mostraría indecisa o bastante reticente a la participación en los comicios. 

El contraste al Yes We Can de Pablo Iglesias es probable que lo detectemos en los próximos meses, cuando su programa electoral (aun en veremos) se analice en la prensa desde la óptica de un partido con serias aspiraciones para acceder al gobierno. De momento, la astucia del eurodiputado ha bastado para ocultar las falencias evidentes de sus promesas más estruendosas, como la asignación universal de 600€ para todos los ciudadanos, aunque algunas entrevistas en tv lo hayan dejado al descubierto. Su pasado reciente junto al presidente venezolano Hugo Chávez tampoco lo ha ayudado demasiado. Los defectos del chavismo levanta ampollas en amplios sectores de su posible electorado y el establecimiento de paralelismos ligeros con la situación económica que padece el país petrolero de Sudamérica es constante.

Lo cierto es que Podemos es ya una realidad política en el estado español y superando las proyecciones de los dos grandes partidos históricos en las encuestas. La danza de las asociaciones o alianzas entre los diferentes agrupaciones políticas que probablemente decidan los comicios de 2015 será fundamental en el futuro de Podemos. Sin embargo, el paso del tiempo podría castigar a Iglesias, al que cada día le costará más diferenciarse de la “casta” que el mismo denuncia. En parte porque deberá discutir en la misma mesa que de momento tanto critica, y principalmente porque la realidad será muy dura el día después de un posible triunfo en las urnas. Para cambiar al sistema hay que adentrarse en el y reformarlo desde dentro. Ya se verá qué es lo que puede cambiar Podemos en una España atada a las limitaciones políticas impuestas desde Bruselas y los centros financieros que continúan financiando un Estado fallido y deficitario que soporta la soporífera carga del 25% de paro.








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