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SEXO QUÍMICO. Drogas y sexo al límite

Escribe Marcelo Espiñeira.

Célebre por aparecer en la prensa británica a partir de algunas investigaciones periodísticas realizadas durante el verano pasado, el sexo químico o chemsex -en su versión original- ha sido recientemente señalado por la prestigiosa publicación científica British Medical Journal como un verdadero problema sanitario. 



Pero, ¿qué es exactamente el chemsex? Podríamos decir que se denomina así, generalmente en el ambiente de la comunidad gay, a la práctica sexual entre 4 o más personas asociada a la ingesta de un particular coctel de estupefacientes que pueden alargar la experiencia hasta tres días seguidos. Es decir, algo así como una orgía de larga duración montada en un apartamento privado donde los participantes consumen una mezcla que incluye la metanfetamina (cristal), la mefedrona, el GHB (extasis líquido) y el GBL (butirolactona). Una formula química que no es antojadiza ya que persigue la desinhibición, el insomnio y los efectos analgésicos que combinados permiten que la fiesta se extienda el máximo de tiempo posible.

El problema es que nadie se acuerda de comer, dormir o descansar en estas verdaderas maratones físicas, porque las drogas se encargan de cubrir estas necesidades vitales. Si agregamos a este esfuerzo físico desmedido, la euforia y la excitación causadas por el consumo de éxtasis y cristal, veremos que se favorece la práctica de sexo sin protección entre desconocidos. Entonces comprenderemos los peligros sanitarios subyacentes en este tipo de relaciones.

El chemsex se practica en domicilios particulares pero la fiesta comienza en sitios públicos.
El chemsex se ha difundido como una nueva tendencia entre la comunidad gay de Londres, Nueva York, Madrid, Barcelona y otros centros urbanos cosmopolitas. A través del uso de medios especializados como la red social Grindr (focalizada en la comunidad homosexual con 7 millones de usuarios) es que las personas suelen quedar en algún piso particular para pasar un fin de semana de sexo grupal. Estas fiestas suelen comenzar con unas primeras copas en un bar durante la noche del viernes y pueden extenderse hasta la mañana del lunes siguiente, en muchas ocasiones. 

Estas fiestas suelen comenzar
con unas primeras copas en un bar
durante la noche del viernes
y pueden extenderse hasta la mañana
del lunes siguiente, en muchas ocasiones

Un documental realizado por dos periodistas de la influyente revista canadiense VICE se adentra en las calles de la noche gay londinense y confirma que el chemsex (nombre del documental) es una moda arrasadora que podría masificarse. Sin embargo, circunscribir este fenómeno a la comunidad homosexual sería un grueso error de comprensión. El reciente caso del jugador de baloncesto norteamericano, Lamar Odom, que casi pierde la vida tras pasar tres días encerrado junto a dos prostitutas, consumiendo Viagra, alcohol y otras sustancias, es una señal inequívoca al respecto. El abuso del cuerpo o la obsesiva búsqueda del placer no es patrimonio de nadie. Razón por la cual, los médicos británicos no han dudado en alertar sobre los peligros que se esconden tras la difusión del sexo químico. HIV, sífilis, gonorrea y hepatitis C se encuentran en la lista de patologías que podríamos contagiarnos en una fiesta sexual entre desconocidos que no utilizan condones.



Tampoco podemos pasar por alto que el consumo de la muy adictiva metanfetamina produce daños cerebrales, psicosis, caída de la dentadura, lesiones de piel, paranoia y hasta la misma muerte. Es decir que la energía y la empatía obtenidas a través de su consumo tienen un precio elevado. Otro tanto sucede con el éxtasis.

Los peajes del sexo químico no solo serían del tipo físico. También se pueden rastrear en el plano psicológico de los individuos. Estas fiestas pueden enganchar fácilmente y por las investigaciones realizadas se confirma que sus aficionados se apuntan al menos dos fines de semana por mes a una de ellas. Según el Dr. David Stuart de la clínica londinense 56 Dean Street (uno de las pocas que brinda apoyo a los afectados por el chemsex): "Cuando el sexo que sólo dura 15 minutos (frente al que dura dos días) resulta aburrido, tenemos un problema. Cuando no vemos nuestras necesidades cubiertas, o no podemos tener relaciones íntimas sin sustancias, tenemos un problema. Cuando necesitamos sortear los riesgos de las drogas en la búsqueda de un polvo, tenemos un problema"

El uso del cristal o metanfetamina está relacionado con la práctica del sexo químico.
Juzgar el vínculo existente entre el consumo de sustancias psicoactivas y las relaciones sexuales no parece ser la intención del British Medical Journal cuando la historia está sembrada de ejemplos, desde Roma hasta nuestros días. Sin embargo, el desconocimiento de nuevas conductas que se desarrollan a espaldas de la ciencia o la dificultad de reunir pruebas suficientes sobre el consumo humano de sustancias poco estudiadas como la mefedrona preocupa en el ambiente de la sanidad británica, el primero en pronunciarse sobre los posibles efectos del chemsex. Una conducta que parece bastante alejada de los límites que establece nuestro propio cuerpo. 

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