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EN LA RUTA? Junts Pel Si obtiene un incómodo triunfo para Mas

Escribe Marcelo Espiñeira.

..."La DUI iba ligada al plebiscito. No hemos ganado el plebiscito, luego no hay DUI"...     
Antonio Baños (CUP)

Con un record de participación que superó el 77% del padrón, los catalanes expresaron nuevamente su heterogeneidad política en las urnas del 27S. Así, la lista de confluencia independentista Junts pel Si obtuvo un claro triunfo que no ha podido evitar cierta incomodidad para el actual president Artur Mas, porque el diputado número 63 que nunca llegó ha dejado su investidura a merced de apoyos externos en el Parlament. 

Experimentando un fuerte ascenso, la izquierda independentista de la CUP consiguió finalmente las llaves del 28S. Las mismas que bajo una fortísima presión de la ANC tendrán que poner en marcha el procés de una manera u otra. Ya sea imponiendo el desarrollo de una agenda social en la legislatura a cambio de la investidura o incluso tachando algunos nombres de Convergència que siempre suenan como posibles consellers. El silenzio stampa que ha seguido a la algarabía general de la medianoche electoral, tan solo ha sido roto por Jordi Sánchez, presidente de la ANC, para advertir a la CUP sobre la relevancia internacional de la figura de Mas, el mismo que Antonio Baños dijo que no votaría como candidato a próximo president de la Generalitat. Un entuerto que ha puesto en el centro del huracán a la CUP.
Pese al sambenito de radicalidad que acompaña a la CUP en la prensa de tirada nacional, las definiciones del periodista Antonio Baños sobre el resultado de los comicios han sido muy respetuosas. A diferencia del clima triunfalista que transmitía el triunvirato de Junts pel Si, Baños no dudó en zanjar la posibilidad de una declaración unilateral de independencia, y admitió que el 47% de votos soberanistas (Junts + CUP) no alcazaban para iniciar ese camino de abierto desafío institucional.

No obstante, la CUP no obstruirá el inicio del procés, más bien aprovechará su explosión de votos para imponer ciertas condiciones al próximo govern. Uno que tendrá el enorme reto de atender las necesidades urgentes de la población, que no son pocas, y al mismo tiempo seguir negociando con el nuevo gobierno central, en Madrid, el futuro institucional de Catalunya.


Con el alcance del independentismo medido y corroborado milimétricamente en las urnas, el variopinto arco político de la oposición también ha aprovechado para exponer sus conclusiones. En el centro de operaciones de la candidata más votada detrás de la lista del president, Inés Arrimadas (de Ciutadans), no se oía otra consigna que la de un NO rotundo a la independencia catalana. Para Albert Rivera la ciudadanía había dado la espalda al proyecto de Artur Mas y también había respaldado su candidatura a la Moncloa. Arrimadas incluso pidió nuevas elecciones en Catalunya y la dimisión del president. Es cierto que 734.910 votos (18%) y 25 escaños es un logro muy importante, pero no alcanzan para imponerse sobre un frente que aglutina al 47% y 72 diputados. Otro tema sería que Cs consiguiera acordar sus proclamas de impugnación junto al PSC, el PP y la coalición de izquierdas Si que es Pot, algo que no ha sucedido ni parece que fuera a suceder en lo inmediato.

En las filas del socialismo catalán han respirado hondo  como si fuesen supervivientes de un terremoto y se han contentado con ese medio millón de votos obtenido. Los torpes bailecillos de Miquel Iceta al menos han servido para recordarles a muchos ciudadanos que el PSC todavía existe y que pretende, en sus mejores sueños, aupar un futuro triunfo del candidato Pedro Sánchez en los comicios generales de diciembre próximo. La teoría de Iceta es que un gobierno socialista en Madrid destrabaría la cuestión catalana a través del diálogo. Así, encontrarían la solución más conveniente para los catalanes, si estos abandonasen sus pretensiones emancipadoras. El proyecto se esboza siempre en la difusa inconcreción de una mesa negociadora que incluiría nuevas vías de financiación que satisfagan o calmen el apetito catalán sin incomodar al resto de comunidades. Un hecho tan improbable como se ha venido demostrando durante los últimos años. Sin embargo, el socialismo también se ha atrevido a proponer cambios en la Constitución que pudieran contentar a los independentistas más moderados. Esa sería la apuesta.


La indefinición del Podemos catalán, Si que es Pot, condenó a esta lista a un fracaso anunciado. El eje de la campaña sobre “independencia Si o No”, castigó las propuestas del candidato Lluís Rabell centradas en el reclamo de un giro social en las políticas de la Generalitat. El fenómeno del triunfo en las municipales conseguido por Ada Colau no acompañó al candidato Rabell, con un perfil menos reconocido en sus batallas de corte vecinal. El aporte de Pablo Iglesias in situ acabó restando más que sumando y la cosecha de 11 diputados resultó exigua ante los 13 que ya tenía ICV previamente a la creación de esta plataforma de izquierdas. 

Por su parte, los populares se han vuelto a golpear con la dura realidad de la democracia. El altanero perfil de Xavier García Albiol no obtuvo más que un escaso apoyo representado por el 8% de los votos, el peor resultado del PP en Catalunya desde 1992. El exalcalde de Badalona jugó al cowboy durante la campaña, llevó al límite la retórica del Constitucional como dique de contención al proyecto de Mas y amenazó a los independentistas siempre que tuvo la oportunidad. Su lenguaje agresivo y beligerante no obtuvo premio y demostró que el camino elegido por Rajoy está agotado y no conduce más que al enfrentamiento inutil. 

Finalmente, el electorado del 27S sepultó la figura política de Duran i Lleida. En este acto solemne se ignoraron los reclamos de una agrupación política manchada por la connivencia con el sector empresarial y las sospechas de financiación ilegal, en el mismo tono que sus socios de Convergència pero sin el abrigo del calor soberanista. En estas condiciones tan adversas, Unió sucumbió y no tendrá representación en el próximo Parlament.

Las catalanas han dejado un nuevo mapa de fragmentación ideológica, de profunda estratificación, roto únicamente por un proyecto soberanista que aglutina a 72 diputados de muy diversa extracción política. La cuestión ahora mismo es saber si ya estamos en la ruta o no. Baños ha admitido que la declaración unilateral no será posible con este escrutinio. Sin embargo, ni Romeva, ni Junqueras, ni Mas han opinado en este mismo sentido. La ANC no parece estar dispuesta a tolerar otra hoja de ruta que la trazada antes de las elecciones y se sabe con la potencia necesaria como para presionar hasta donde haga falta. Esta incógnita tan solo podría despejarse luego de la celebración de las presidenciales del 20 de diciembre próximo, unos comicios que podrían consagrar un relevo del actual presidente español, el mismo que elige hablar poco y parapetarse tras una polvorienta Constitución que ya no alcanza para los catalanes.

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