KEITH RICHARDS. Regresa el que nunca se había ido

Escribe Marcelo Espiñeira.

La leyenda de los Rolling Stones nació de un delito no consumado. Keith Richards suele contar que,  en 1960, un adolescente de nombre Mick Jagger llevaba consigo dos discos de blues (uno de Muddy Waters y otro de Chuck Berry) en un tren londinense y que éste al verlo no pudo resistirse ante semejante tesoro. Luego afirma que si no hubiera reconocido a Mick de sus años de escuela primaria, probablemente no habría dudado en robarle aquellos dos LPs.
Todos sabemos ahora, cincuenta y cinco años después de aquel reencuentro, que Jagger y Richards ayudaron a transformar la cultura joven de su tiempo y que  aquella obsesión por la música de raíces negras abrió los sentidos de toda una generación, llegando a influir inclusive en la vida civil y política de la todopoderosa nación norteamericana. Aunque ahora el septuagenario Keith afirme que él estaba allí solo por la música y que el resto de lo sucedido en aquellos años  fue algo que no pudo controlar

El nuevo disco solista de Keith Richards, Crosseyed heart.
No quedan dudas acerca del cierto descontrol que rodeara la vida de Keith Richards durante largos y agitados años. Relaciones tumultuosas, problemas con la justicia y la adicción a la heroína marcaron la reputación de quien fuera uno de los músicos más interesantes del siglo pasado. No es extraño entonces que lo conozcamos ahora como un auténtico superviviente.

Lo mejor de todo es que Keith nunca ha abandonado la música, su pasión se mantiene intacta y buena prueba de ello la tuvimos en setiembre pasado con la edición de su tercer disco solista: Crosseyed heart. Al únisono, la plataforma Netflix emitió un documental sobre su vida dirigido por Morgan Neville, titulado Under the influence.

Veintitres años más tarde desde su última aventura al margen de los Rolling Stones, Keith regresa con un disco intenso de quince canciones. Un viaje ecléctico a través de las raíces, los gustos personales, el estilo clásico e inclusive un dueto con la cantante Norah Jones

Crosseyed heart podría no cambiar un ápice lo que ya pensáramos sobre la leyenda, sin embargo su edición es más que bienvenida. Confirmar que el músico está vivo, en el mejor de los sentidos, es una gran noticia. Su espíritu apasionado impregna cada una de las piezas del álbum, hasta el punto de haber tocado no solo las guitarras, sino también los bajos y algunos pianos del disco. Uno de sus socios más fieles, el batería Steve Jordan participó en la composición de la mayoría de los temas. El pianista Ian Neville, el guitarrista Waddy Wachtel y el saxofonista Bobby Keys también participaron del registro, entre tantos otros.


La travesía comienza con una guitarra de blues del Delta, al mejor estilo Muddy Waters, y enseguida cambia el rumbo con Heartstopper y Amnesia, ambas de estilo muy stone. Robbed Blind es la primera balada con aires tejanos. Trouble regresa al rock de riffs filosos y Love Overdue nos sumerge en el reggae. Blues in the morning se acerca al blues eléctrico de Buddy Guy. Norah Jones aporta sensualidad en Illusion, una tenue tonada a dos voces. En Just a gift aparece el Richards más romántico y nostálgico posible. El folk tradicional es homenajeado con la versión del standard Goodbye Irene. Para regresar al rock más caliente en Substantial damage y cerrar con el cálido soul de Lover´s plea. Orgánico de principio a fin. Keith Richards en su salsa, así es Crosseyed heart.


Según reseña la prensa americana, los Rolling Stones estarían planeando entrar en un estudio luego de la gira sudamericana de febrero próximo. Si así fuese, Keith volvería a la carretera nuevamente, con el nuevo disco de su banda, como hace 53 años atrás, consumando el regreso del que nunca se había ido.

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