28N, Catalunya a las urnas.

Cada vez que se acerca una fecha de elecciones, unos meses antes los partidos políticos comienzan a calentar el ambiente y hasta convencernos de que nuestros votos pueden ser decisivos en cuestiones cruciales. Sin embargo, esta vez sí que lo parece.


En estos momentos hay coincidencias en que la situación del Estado español es delicada. Existen demasiados frentes abiertos con problemas realmente graves y una mala gestión podría complicarnos mucho, al tiempo que postergar la salida más tiempo.


Si bien es cierto que el próximo 28 sólo se votará en Catalunya, la sensación es otra. El termómetro de Zapatero estará muy pendiente de lo que pueda suceder en este territorio. Razones no le faltan, ya que su acceso a la presidencia fue en gran parte gracias al apoyo masivo del electorado catalán.

Claro que las relaciones entre catalanes y el gobierno de ZP se han deteriorado muchísimo en los últimos años. Al punto de generar una tensión notable entre el PSC y el PSOE, a todas luces generada por el Estatut y el reparto de los recursos fiscales. Sangre que llegó al río y que fue aprovechada por un PP ansioso por quebrar esta alianza estratégica para gobernar en España.

Ahora el presidente español acaba de apostar fuerte en el país vasco. Gracias a sus pactos con el PNV consiguió sacar adelante los presupuestos y poder reformar su gabinete de ministros pensando en frecuencia electoral. Y en Catalunya ha quedado cierta sensación de aislamiento, de lejanía pronunciada con los tejes y manejes de la capital.

Ante esta situación, cada candidato a la Generalitat ha elaborado su estrategia propia. Como es lógico, existen unas necesidades inherentes a Catalunya, a su gente, y otras muy diferentes a los candidatos y a sus partidos. Ni en el peor momento de crisis es posible dejar a un lado ciertas mezquindades y esto se ve bien claro.

Sinceramente creo que este país necesitaría que la gente siga implicada, que acuda a votar, que no considere al derby más importante que a las elecciones, que estudie bien las propuestas y que vote pensando más en el bien común que en las necesidades personales. Si nos pudiéramos acercar a este escenario, cualquier resultado será bueno. Gane quien gane.

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