DIEGO EL CIGALA, entre la hondura flamenco y el desgarro tanguero.


El maestro atiende a nuestra entrevista con una sencillez pavorosa, como si se tratara de un familiar a quien no le hablaba desde hace algún tiempo. Su humor contagioso le permite ir enredando temas personales con el motivo del encuentro, haciendo que disfrutemos más de la velada. A cada comentario, de seguido, alguna risa y en su acento gitano, aletargado, una paz, una comodidad para quien indaga.


Grave, marcadamente rasgada su voz, posiblemente de tanto cantar desde el alma,  suena como si un  kilo de arena hubiese pasado minutos antes de la entrevista por su garganta mientras responde y pregunta.



Tu vida tiene un karma, cantar siempre cantar… Como en dice la letra del tango "Garganta con arena" y en cualquier caso nos resulta más que apropiada, oportuna, ajustada a este portento. Diego “El Cigala” (Madrid, 1968) tiene ese no sé qué pegado entre el alma y el cuerpo que nos conduce inevitablemente hasta su música.




Con el inolvidable disco "Lágrimas negras" (2003), Diego El Cigala inicia un romance profundo entre el flamenco y la música latinoamericana. Acompañado de otro grande, el maestro Bebo Valdés (Cuba, 1918), el cantaor interpreta con gran osadía boleros en clave flamenca. 

Pero el romance iniciado con aquella producción musical continuó en la entrega de su disco "Dos lágrimas" (2008), y finalmente alcanzó una fusión  excepcional en su último trabajo discográfico "Cigala&Tango" (2010). En él hurgó en las raíces de un género no menos  sentido y profundo, con el que lograría una mixtura perfecta. En este disco se conserva el sabor de ambos ritmos, flamenco y tango, en un equilibrio impecable, sutil y potente, profundo y efímero, al tiempo. El cantaor no recurre al cante jondo más típico del flamenco. Despojado de él, en lo que su exquisita sensibilidad le dicta innecesario, el resultado es antológico. El madrileño acerca el melisma flamenco, su audaz manera de cambiar la altura de cada silaba musical mientras canta, al repertorio de Gardel, Cadícamo o Atahualpa Yupanqui.



Una entrevista de 
Lilian Rosales de Canals.

En plena crisis discográfica ¿qué te ha motivado a impulsar un sello más allá de tu éxito personal?
DIEGO EL CIGALA: Primero para poder alimentarme de las grandes músicas que están por allí perdidas. De grande talentos como Jerry González, Yelsy Heredia o Diego “El Morao”. Hay verdaderos artistas por allí. No sólo de flamenco, sino de cualquier parte del planeta que tienen un buen sentir. Tal y como están las discográficas hoy en día sabemos cuánto les cuesta salir.  Estamos pasando un momento durísimo. Y desde nuestro sello pretendemos rescatarles para que no pasen por lo que viví en carne propia. Yo mismo tuve esa experiencia, mi primer disco estuvo un par de años en un cajón… (ríe con ironía).

A propósito del concierto que darás el próximo día 13 de agosto en Cambrils, ¿el repertorio será mestizo, mezclarás flamenco y ritmos del mundo?
Si en efecto. Irá tango, “Entre lágrimas”, “En mis ojos” y un par de otras cosas que creo es bueno recordar, un poquito de todo ¡para gozar! 

A pesar de que la Unesco declarara al flamenco como Patrimonio de la Humanidad  ¿crees que aún continúa estigmatizado tu arte en España? 
Aquello que se dice siempre: "nadie es profeta en su tierra", en mi caso no es verdad. Yo sí me siento profeta en mi tierra. Tengo un público que siempre quiere lo que ofrezco y luego, en el extranjero, soy muy afortunado al ser recibido con mucho calor humano. Estoy feliz por tener este pedazo de afición.


Has hermanado algunos géneros latinos con el flamenco  ¿por qué esta selección de boleros, coplas y tangos?
Por su hondura, su verdad y el sentimiento. Aunque sean ritmos diferentes comparten un mismo sentir. 

¿Existe alguna frontera entre tango y flamenco?
Por hondura sí.  Pero te digo la verdad…si uno se pone a cantar un tango de Di Sarli a las 2 de la mañana con el toque de bandoneón,  ¡este bicho se echa a llorar!, o si se pone a cantar a la mañana por bulerías o un soleao en El Almacén, pasa algo similar…son dos cantes que conmueven al espíritu.

El tango y el flamenco cuentan pequeñas tragedias humanas que se suceden por la noche. Al fin y al cabo, son lamentos del alma. Penas de amor, que hay que desahogar cantando, frente a un público o delante de un camarero, lo mismo da.  

Del tango y sus orígenes
El tango no deriva ni puede confundirse con ningún otro estilo musical -manifestó alguna vez Ernesto Sábato- al referirse a él, mientras señalaba: “no deja de ser un híbrido, una expresión original y nueva que deriva de una movilización humana gigantesca y excepcional”.

Y es que el  tango surgió en el Río de la Plata y sus zonas de influencia, en la segunda mitad del siglo XIX en el marco de las grandes oleadas migratorias de los más variados orígenes internos y externos, que recibió entonces esa región. Siendo Buenos Aires, Montevideo y Rosario, los tres lugares que se han disputado el nacimiento del tango al día de hoy.

Curiosamente algunos especialistas musicólogos encuentran en el flamenco parte de esos orígenes del tango argentino, insisten en afirmar que existe un hilo conductor entre los tonos andaluces, los versos y los ritmos criollos. Los vinculan como parientes de una misma familia que tomaron distintos caminos, se alejaron y que hasta el momento han continuado pareciendo antagónicos. 

Como digno de leyenda, hubo de venir un artista trasatlántico para desmontar este prejuicio y mostrar al mundo que siguen siendo familia.

Cronografía aparte, El Cigala se ha comprometido con este mano a mano de géneros,  a celebrar la inmensa oportunidad -y el indudable riesgo- de poner en la balanza el equilibrio entre el tango y el flamenco, sin que ninguno de los dos pierda su alma y estableciendo vínculos a partir de esas raíces populares semejantes.

Curiosamente,  uno de los primeros temas de aire tanguero que se conozca fue compuesto en 1857, por el músico español Santiago Ramos. “Tomá mate, che”, un tango con letra rioplatense pero con arreglos musicales de estilo andaluz. Formaba parte de la obra “El gaucho de Buenos Aires”que fuera estrenada en el Teatro de la Victoria. 

Entretanto, se ha documentado el primer tango que alcanzó difusión popular masiva en 1874. Bajo el nombre de “El queco”, este tema también de estilo musical andaluz, trataba de las "chinas" (término con el que se llamaba a las mujeres argentinas de origen indígena o africano) que trabajaban de prostitutas en los burdeles.

Cómo fusionar estos géneros en tu disco “Cigala&Tango” sin dejarse "pervertir" por ellos, conservando la esencia de cada uno?
Yo creo que en el caso de los tangos, intenté no "tanguearlos" sino "aflamencarlos". Porque si los hubiera cantado como el "polaco" Goyeneche  no hubiera resultado. Para genio ya estaba él. 

Creo que lo importante es aprender a respetar las pautas del género y su melodía, para luego con la voz ponerle un punto de cambio. De esta forma doy mi propio aire. Porque si hubiera hecho un flamenco hondo, hubiésemos creado un desastre, no hubiera cuadrado. Hubiese sido una cuestión de mera interpretación. Obviamente he puesto mi propio estilo, por supuesto, pero siendo fieles al tango y respetando todas sus pautas.

Este gitano que entona con vehemencia en su repiquetear quejas del alma, busca en las palmas esas canciones transidas de dolor, convirtiéndolas en un goce de la pena y nos atrevemos a aseverar que hasta una celebración. 


Cómo llegas a conformar esta selección tan apropiada de músicos para la grabación de tu disco?
Tengo a César Luis Menotti (entrenador de futbol), como amigo en común con el maestro Marconi (bandoneonista porteño). En una oportunidad, el flaco (Menotti) me dijo en Madrid: "Si quieres hacer tango en Buenos Aires, llama a mi amigo Néstor Marconi". Y así lo hicimos. Le enviamos por e-mail cinco canciones grabadas con el grupo y Marconi armó una estructura musical con arreglos de dos por cuatro.

Así que durante la grabación en el Teatro Gran Rex sabía que iba a ser diferente, no me encontraba solo, iba "arropadísismo". Por el contrario, dirigiendo el elenco de músicos argentinos figuraba Néstor Marconi (quien acompañara a Salgán y a Goyeneche); el violinista Pablo Agri (hijo del ilustre Antonio Agri y quien tocara junto a Paco de Lucía y Astor Piazzola); Diego Sánchez (violonchelista de la Sinfónica Nacional de Buenos Aires);  y finalmente también era la primera vez junto al guitarrista criollo Juanjo Domínguez y se me cayeron los calzones. (Rie) ¡Joer aquello fue increíble!  

Por la otra banda, el equipo de casa, el guitarrista flamenco Diego El Morao, el contrabajista cubano Yelsy Heredia, el pianista Jaime Calabug Jumitos y el percusionista Sabú Porrina.  

Entretejidos los dos equipos en un mismo sentimiento se tradujeron  las cadencias y ritmos complejos del tango tras las indicaciones de Marconi, en inéditas formas interpretativas trasmutadas ahora mediante fraseos altos y sostenidos.

Rescato una frase tuya que leí en otra entrevista donde dices: "la música, como el amor, está más viva en la incertidumbre".
Yo grabo siempre sin saberme el tema, así suena mejor, le echas más ganas. La improvisación es el 90% del triunfo, lo que rompe con el cantaor monótono, que ni gusta ni deja de gustar. En cambio cuando salgo a la aventura, cuando arriesgo en caliente, canto de corazón y siento que llego mejor a la gente. ¡Improvisación, duende! Es como dejar a un lado las concepciones, así quedan sólo los músicos y el público: persona frente a persona.

Respecto al disco Cigala&Tango. ¿En qué momento decidiste que iba a ser en directo?
Me pasó meses antes en el mismo teatro Gran Rex de Buenos Aires. Estaba en los bises y no sabía que cantar hasta que improvisé "Garganta con arena". ¡Joer! el teatro se iba a venir abajo. Entonces me di cuenta de lo que podía llegar a ser (ríe) y pensé que debía grabar aquello pero con Calamaro y Marconi. Ya me veía allí, veía el disco. 


Vini , vidi y vinci
A la manera del César, Diego El Cigala, cual gran conquistador, fue, vió y venció en aquél mítico escenario. Grabado en directo en el emblemático teatro bonaerense, “Cigala&Tango” fue una osada apuesta: un todo o nada, donde el maestro se echó al escenario a cantar tangos frente a un público conocedor y apasionado. Para sorpresa, todos quedaron fascinados ante tal acontecimiento.

El Cigala recogió en este trabajo, otros clásicos de la música argentina como la zamba "Alfonsina y el Mar"  y la recordada milonga de Atahualpa Yupanqui: "Los Amigos", que interpretó con la colaboración de Andrés Calamaro, un dueto para registrar en la historia.

Por qué te apodan el “Maradona de Lavapiés”?
Eso fue (ríe sin parar) cosa de Calamaro. Cuando lo leí me reí mucho. Es increíble su sentido del humor.

Y es que El Cigala puede convertirse en un morocho del arrabal: plebeyo, profundo y sublime al tiempo, aunque este arrabal quede en El Abasto o Lavapiés. Un compadrito o un gitano, lo mismo da.

Calamaro es para El Cigala como un primo hermano, según expresa. Le gustan los toros y los tablaos como a él. 

Con este disco te instalas en el centro de dos músicas virtuosas y míticas  ¿Cómo has seleccionado el repertorio? 
Tres meses antes de la grabación comencé a escuchar día y noche las antologías de tango que me habían regalado en la gira de Dos lágrimas, y también a ver en YouTube a los grandes cantores. Probé canciones como quien se viste y desviste. Algunos trajes no me iban, eran imposibles, otros me quedaban muy holgados y cómodos. Algunos me conquistaron desde adentro. Elegí solo aquellas canciones que hacen daño.

Tan solo me gustaban "Nostalgias" de Enrique Cadícamo,  o "Las Cuarenta" de Francisco Gorrindo. Las escuchaba en la voz de Mercedes Sosa, de Julio Sosa, de Goyeneche o de Gardel. Calamaro me recomendó grabar la recordada milonga "Los Hermanos" de Atahualpa Yupanqui. Este particular tema fue como rescatar un icono, ¡cantarlo fue verdaderamente orgiástico!

El bandoneonista Marconi explica que aunque el tango tiene temáticas y melodías muy parecidas a las flamencas, "la parte rítmica es diferente" y confiesa: "Diego tenía ya claro el repertorio y qué quería hacer, entonces me prendí". Los versos de Yupanqui, Gardel, Luna, Castaña suenan entonces en la voz del gitano en una dimensión diferente pero profundamente armónicas, las letras parecen escritas para él.


De qué otros géneros musicales te nutres?
Me gusta mucho la música clásica. "Las bodas de Fígaro" (Ópera bufa de Mozart), la "Novena Sinfonía" de Beethoven, El "Réquiem" de Mozart.  También la Ópera "Tosca", de Giacomo Puccini interpretada por María Callas. Al margen de estos géneros, la música que tiene profundidad me atrae especialmente.

En una crítica de "El País" hacen mención a tu "canto roto" tras "una mecánica costumbre de alejar el micrófono al terminar una canción" y el periodista se animaba incluso a darte una recomendación. 
¿Te refieres a Álvarez Caballero? (ríe con cierta ironía y desparpajo) ¡Na! me encantaría ponerle a él a cantar delante de un micrófono y que me interpretara por bulerías o un soleao. (No para de reir...)

Tienes rutinas antes de cantar?
¡Qué va! (emite una profunda carcajada) Me tiro media horita en el camerino. No he sido cantaor de calentar la voz, nunca, jamás. Muchas veces queda uno sin tiempo.

Dicen que eres un apasionado de los videos juegos, ¿cuál es tu preferido?
El FIFA 2011 ¡Me la juego con quien quiera! ¡Oleee! Si jugara el Madrid como juego yo a la play! ¡Jajaja! 

Como jugador de fútbol virtual o como cantaor ¿El sexo es bueno antes o después?
El sexo es bueno antes, después y durante… En el camerino es bueno, la  noche anterior también, media horita antes mejor aún.

Exigente y organizado, o caótico y creativo?
Creativo, pero muy responsable. Me tomo muy a pecho cada compromiso, con una rectitud increíble. Sino no funcionaría. (Vuelve a reir).

Este artista cuya voz pone la piel de gallina con sus fraseos altos y sostenidos, sus inverosímiles giros, asiste a las exigencias de una hondura flamenca y del desgarro cálido e íntimo del tango. 

El próximo 13 de agosto, dentro del marco del Festival Internacional de Música de Cambrils, podremos disfrutar del concierto de Diego El Cigala. Una experiencia imprescindible donde reinventa el tango argentino e interpreta un cancionero, tributo a los grandes de los géneros mestizos, que acaba redimensionado en su voz.


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