LA COBRADORA DEL FRAC. El asfixiante acoso que sufre España, a medida de la señora Merkel.

Escribe Lilian Rosales de Canals.


De la reunión del Foro Económico Mundial en Davos (enero de 2012) se desprendió la constatación de que existían dos vías para solventar los efectos de la crisis económica. Una típicamente keynesiana aplicada por la administración Obama en EEUU y que pone énfasis en combatir el 9% de desempleo en ese país, frente a otra aplicada por Europa, con receta neoliberal de Angela Merkel, que pretende frenar los problemas del déficit y la deuda pública. Las divergencias respecto al manejo de la depresión global dejan al descubierto sendos antagonismos que conducen a muchos expertos a calificar de "craso error" las medidas adoptadas por la UE, fundamentados en la teoría económica.



Mientras China y Alemania han criticado duramente a la Reserva Federal norteamericana debido a la inyección de liquidez equivalente a 424.000 millones de euros, expertos como Eric Maskin, Premio Nobel de Economía 2007, afirman que esta medida podría tener efectivamente repercusión positiva sobre el dólar debilitándolo hasta abaratar las exportaciones americanas y encareciendo la importaciones chinas y alemanas, razón que explicaría el desacuerdo de ambas potencias ante la medida. El economista considera adecuado el debilitamiento del dólar frente al Yuan, toda vez que ni el superávit comercial de China ni el déficit comercial de EEUU son sostenibles. Cuando se refiere al caso europeo, señala que España ha hecho lo opuesto de lo que la teoría económica dicta para minimizar los efectos perniciosos de la crisis y explica que Alemania, tal vez no tan preocupada por su ritmo de crecimiento, lógicamente no coincida con el gabinete de Rajoy en cuanto a prioridades.
"La teoría económica nos dice que con un alto desempleo, cuando los recursos se infrautilizan, el Gobierno debe desempeñar un papel para mejorar la situación a través de la política fiscal o la monetaria o, en el mejor de los casos, a través de una combinación de ambas" afirma Eric Maskin.



El estímulo al empleo como motor de la economía y paraguas de la crisis, ha sido una de las más fraudulentas promesas de la actual gestión de gobierno, no solo desde el análisis de las medidas asumidas, contrarias a este objetivo sino a la luz de los postulados macroeconó- micos keynesianos. Al amparo de esta teoría, una UE sumida en recesión, no debería focalizar su atención en la reducción de la deuda pública y del déficit público, sino en el aumento de este gasto público, de forma que sea capaz de incrementar el empleo, generando un "continuo de creación de puestos de trabajo" hasta volver a alcanzar otro punto de equilibrio donde la oferta sea igual a la demanda. En este sentido vale recordar que la tasa de paro en España en los últimos 4 años ha aumentado del 9 % al 24% y la de paro juvenil supera el nivel más alto de todo el mundo desarrollado, con un 52,7%. En un país con más de 1.700.000 familias cuyos miembros en su totalidad están desempleados, es incomprensible que la generación de empleo no salte del discurso electoralista a la realidad, al tiempo que, paradójicamente, las medidas de austeridad dictadas desde Alemania significan echar más leña al fuego.  


Reunión del 4 de junio pasado entre Rajoy, Hollande, Monti y Merkel.
Cabe destacar que Alemania no tiene problemas de desempleo actualmente. Durante los últimos 4 años, mientras España ve crecer el paro, en el país germano este índice cayó del 9% al casi 6% (5,4% Eurostat), motivo por el cual no resulta de ninguna manera una tarea urgente para Ángela Merkel, quien prefiere batallar contra la deuda pública y el déficit público. Objetivos económicos absolutamente incompatibles con la lucha contra el desempleo. 


Con ayuda de la teoría, para hacer frente al paro sería imprescindible: subir la demanda global, bajar los impuestos para fomentar el consumo, aumentar el gasto público, estimular una política exterior basada en un tipo de cambio a la baja para incentivar las exportaciones y reducir los tipos de interés para generar inversión.


Pero en nuestro país podemos ver todo lo contrario. Si tomamos el dato de la inversión según el Banco de España, la NIIP (posición inversora internacional neta de España) es de 989.000 millones negativos, la peor cifra desde que existen datos. Con la deuda neta tan alta, una probabilidad de impago también muy alta debido al decrecimiento fulminante de nuestra economía real, resulta lógico que exista un recelo absoluto por parte de los inversores internacionales, quienes nos observan con atención y desconfianza.



La condición de estar entre los países más endeudados del mundo convierte a España en un activo de riesgo y es innegable que se sientan los efectos del miedo que, como ráfagas continuas, llegan inclusive desde el corazón mismo de la eurozona.

Las medidas entonces alimentan este ciclo vicioso de improductividad y crecen así los especuladores del mercado.

Merkel dialoga con Rajoy y Monti en Roma.

Su remedio, nuestra enfermedad
Lo que está sucediendo es que frente a dos situaciones totalmente asimétricas Merkel impone al gobierno de Rajoy aquellas políticas que le son adecuadas para Alemania, aunque contraproducentes para España. Mientras a España le ahoga el fantasma de la deuda, Alemania ha colocado la propia en el mercado al 0% por primera vez en su historia. Desequilibrios insostenibles entre países que comparten la misma moneda ¿acaso porque aún no poseen una política fiscal unificada?

Pero ¿por qué la canciller alemana impone esta política? Es preciso viajar en el tiempo e identificar el origen del endeudamiento de la banca hispana. Los bancos españoles solicitaron una gran cantidad de créditos a los teutones. Tirando de la madeja, después de la implantación de la moneda única y con un significativo aumento de las exportaciones alemanas, los bancos de aquel país recaudaron grandes sumas de capitales, activos que los bancos españoles trasladaron en forma de préstamos para vertiginosas inversiones en el sector de la construcción. Los bancos adquirieron cien mil millones de euros en préstamos, que luego utilizaron para inflar la burbuja inmobiliaria, ofrecer hipotecas basura y enmascarar los beneficios de empresas que hoy deben más de 1.5 billones a la misma banca. En situaciones similares se han visto envueltas entidades del grupo de los países europeos más afectados (Grecia, Portugal e Irlanda) por el desplome financiero mundial.

Según informe del Banco Internacional de Pagos (BIS, Marzo 2011) Alemania es fundamentalmente tenedora de gran parte de la deuda neta española (22%), le siguen los bancos de Francia (20%), de los EE UU (17%), de Gran Bretaña (14%), de Italia (4%) y de otros países de la UE (16%). Es por esta razón que a las administraciones alemanas, francesa y norteamericana fundamentalmente les interesa más el saneamiento del sistema financiero, y explica de igual modo, la reforma de las cajas de ahorro planteada por Zapatero para aprobar la evaluación de su política económica.  La Comisión Europea, en este sentido pondría su acento (por encima del gasto social) en el pago de la deuda pública, que era para ese momento de 2011 una de la más bajas de la zona euro (aprox. 68,5% del PIB frente a la de Francia que está en el 82% y la de Alemania en el 83%).

La troika del BCE, Alemania y el FMI acosa a España con sus brutales políticas de ajuste.

Queda claro que España se ha ganado a pulso esta situación. En 2007 tenía un superávit público de más del 1 %,  prestos al desbarranco, en 2009 se va a un déficit público de un 11% a sabiendas que el acuerdo de Maastricht le impedía superar un 3%. En 2010, de cabeza hacia un déficit similar al de 2009 (a un año del inicio de la crisis), Sarkozy, Merkel y Obama intervienen solicitando a Zapatero que lleve el déficit del 11% al 9%, de modo que en 2011 alcance el 6% y para 2012 sea posible cumplir con el 3% tan ansiado.

Pero el descubrimiento de la brecha en el gasto público invita a la canciller alemana y al presidente francés a someter a España a severas reprimendas. Con las tareas mal hechas, no solo Alemania aprieta la soga en el saneamiento financiero, también los mercados presionan debido a la deuda, a la incertidumbre y al déficit. Descontrolado el paro continúa trepando y socavando un foso social y económico, dibujando un rumbo de difícil pronóstico certero. Las proyecciones poco alentadoras del FMI dan por hecho el incumplimiento del objetivo del 3% durante todo este tiempo y mientras otras voces autorizadas afirman que "una década perdida, en el mejor de los casos, podría ser el escenario más benigno para la economía" (George Soros), posiblemente equiparando la recesión europea con la debacle americana de los ´80.

Los modelos macroeconómicos resultan útiles para prever perversiones del sistema y patologías en la economía, minimizando sus efectos, pero también son incompletos y reflejan de manera imperfecta la compleja dinámica económica. Está claro que también son capaces de generar conclusiones erróneas o prematuras y de inducir a la implementación de políticas inadecuadas. Pese a ello, desde la simple lógica o desde el análisis experto, las incongruencias del sistema saltan a la vista: en el caso español, como el gobierno no encuentra dinero bajo la alfombra para financiarse, recorta. Mientras más recorta, más decrece la economía y menos impuestos recauda. En consecuencia los recortes no solventan el problema deficitario, terminan aumentándolo. 

Desgaste de la actividad comercial
Otra promesa incumplida ha sido la del crecimiento. El plan basado en la austeridad se ha traducido en un atentado contra cualquier brote económico. La contracción de la actividad comercial ha llevado a miles de pymes al cierre derivado del corte de las líneas de crédito. En el mejor de los casos, el afectado sector productivo ha adquirido dinero en menor cuantía y más caro de las entidades financieras. Según la encuesta de préstamos bancarios, publicada en mayo por el Banco de España, ha habido un  endurecimiento de las condiciones para los préstamos a las familias y a las empresas en el transcurso de 2012, con incrementos adicionales de los tipos de interés exigidos al sector privado (recordemos que ya para 2011 había aumentado entre el 0,4% y el 0,6%). Entre expertos asesores se especula que el crédito bajará un 5,6% este año y otro 4,5% en 2013. Mientras tanto, el empresariado se encuentra atrapado entre proveedores que piden cobrar antes y clientes que reclaman mayor margen para saldar sus cuentas.

Pero el quebradero de cabeza no queda allí. Los empresarios que se mantienen a flote en el esfuerzo pierden en ventas frente a competidores alemanes y franceses debido a la ventaja competitiva que significa la disposición de crédito para los compradores de sus productos. 

El italiano Mario Draghi dirige el Banco Central Europeo.
Un problema de diseño estructural
Partimos de que existe un problema fundamentado en el aspecto fiscal. Lo que no debe distraer del profundo fallo estructural y congénito de la UE en materia política. Entre la innumerable lista de aspectos susceptibles de modificación se encuentra la dependencia entre Estado-Banca que pone a la Administración en una situación de extrema vulnerabilidad, supeditada a perturbaciones de las altamente sensibles y fluctuantes esferas financieras, pudiendo pagar los platos rotos de la banca, ante la inyección de capital europeo para el sector financiero, como en el acuerdo firmado recientemente. Si el Estado sufre quitas, la banca se desploma y ¿quién la recapitalizará si sufriera una recaída? Está claro que no se trata tan solo de un problema de diseño fiscal.

La situación no es de sorprender. El Premio Nobel de Economía 1999 Robert Mundell había previsto las posibles divergencias entre países miembros de una supraestructura como la UE en su tesis de la Zona Monetaria Óptima (ZMO). El experto plantea que en una situación de moneda única (euro), al tratarse de economías de estructura muy diferentes (como la alemana y la española) inevitablemente acaban produciéndose shocks asimétricos. Tal el caso del "crecimiento desigual de las economías de los países en la zona euro" y los conflictos derivados. Según Mundell para que se produzca una zona monetaria óptima se han de cumplir dos condiciones: la convergencia de las magnitudes macroeconómicas (PIB, PNB y PNN, entre otros) y la libertad de movimiento de todos los factores productivos, sobre todo trabajo y capital.

Cuando se crea el euro se cumple el requisito de la convergencia de las magnitudes macroeconómicas tras los acuerdos de Maastricht, que exigía que los países al integrase habrían de tener: una inflación y tipos de interés similares, deuda pública y déficit publico parecidos. En este sentido, la deuda pública debía ser menor del 60% del PIB, mientras que el déficit público, menor del 3% del PIB. En consecuencia, todos los países que integraron la nueva estructura del continente cumplían con este parámetro. Pero pronto surgiría la fractura junto a la libertad de movimiento de los factores, ya que la existente libertad de movimiento de capitales no se equipararía con la deficiente libertad del trabajo con el subsecuente efecto sobre la productividad, la generación de riqueza y la balanza nacional. El dictamen del Comité Económico y Social Europeo de 14 de julio de 2011 destaca que las consecuencias de la crisis económica muestran unos mercados laborales que sufren problemas estructurales y hace especial mención al paro juvenil.

Con la autonomía del sistema financiero español severamente cuestionada y bajo la camisa de fuerzas de la Troika (FMI, Banco Central Europeo, Comisión Europea) los trabajadores son los que pagan el pato del rescate en las brutales medidas aplicadas por Rajoy y su combo tecnócrata.

Los mineros asturianos pertrechados en defensa de sus fuentes de trabajo.

Lo que irrita a los ciudadanos es que se les acuse de haber vivido más allá de sus posibilidades adjudicando parte de la responsabilidad como para allanar el terreno de la culpa y la aceptación de los cargos en la reducción del salario, destrucción del sistema de educación y salud, aumento de la edad de jubilación y los impuestos, desintegración del mercado laboral y el empleo mientras una panda minoritaria de banqueros y espabilados pueden continuar en el exclusivo club de los que viven por encima de sus posibilidades. Difícil de entender tamaño contraste en una España donde existen ya 2 millones de niños viviendo por debajo del umbral de la pobreza según cifras de Unicef. 

E insistimos en salvar una banca que ha generado la deslegitimación de la economía de cara a los mercados e inversionistas ¿quién puede invertir en un país donde el modélico caso de Bankia (por no ser excepción), luego de supuestos beneficios de 305 millones, pasó a pérdidas declaradas aunque ficticias de 2.979 millones que se dispararon hasta los 13.635 millones de euros? 

Bombardeados de información con un delirante empacho de términos complejos, la ciudadanía se debate entre la pasividad y la incipiente protesta sectorial, mientras ve caer sobre sus espaldas un aterrador catálogo de medidas restrictivas. Todos intentan comprender qué opción podría resultar verdaderamente beneficiosa. Eric Maskin, desde su óptica plena de experticia dice que (aunque le moleste a mucha gente) es necesario rescatar a los bancos para impedir que otros caigan, pero señala las dificultades que comporta el pronóstico fiable debido a la complicación del sistema económico. Sin embargo, destaca que aunque es imposible adjudicar toda la responsabilidad a los gobernantes debido a las dificultades que suponen los mercados, es necesario señalar su fallo en el olvido de lecciones básicas en teoría económica, tales como: "(..) los mercados financieros no se corrigen automáticamente y tienen una tendencia irrefrenable a tomar demasiados riesgos"

Al final las responsabilidades recaen sobre muchos sectores y se diluyen oportunas en el interés de hacer tiempo para aquellos líderes que parecen andar una ruta sin bitácora. España ofrece una imagen vergonzosa. Tras inducirnos el sueño de los deberes por cumplir, la Troika dejará tras de sí al íbero coloso (el de los pies de barro) convertido en puro lodo. La estanflación es una posibilidad que aguarda serena. Todo está sujeto a imprecisas conjeturas políticas. Mientras tanto se suceden en otro orden, uno más doméstico, cambios de no menor importancia. La resistencia de algunos focos, como la de los mineros de Asturias y León se muestra cada vez más como el camino elegido por los afectados, cuyo efecto viral podría ser muy pernicioso para el país. En este plano hipotético cabe esperar severos impasses en el camino de las reformas. La crisis social será otro territorio donde este gobierno posiblemente habrá de librar batallas y otro gran desafío político. De momento cualquier paso adelante que se dé no deja de ser un apaño mientras no se haya resuelto la mayor falla estructural de la presente crisis: que el euro siga sin ser una zona monetaria óptima y no se establezcan los ajustes pertinentes. Da la impresión de que la situación se escapa de las manos de los propios artífices y éstos estén muy ocupados en comprar tiempo. "Res non verba" en lo que a fondo se refiere.

Jutta Urpilainen, la ministra de Hacienda de Finlandia, reacia a salvar a los españoles y al euro.

A 4 años de crisis, al liderazgo europeo aún no le ha servido la aguja y el hilo para parchear una rasgadura profunda que sigue siendo amenazante. Tan solo se percibe un desacertado discurso donde los eurobonos, el concierto financiero o la unión política y monetaria no acaban de saltar al plano real desde las meras palabras, al tiempo que las tijeras continúan cortando un traje a medida para la cobradora alemana del Frac.





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