POSTCHAVISMO. La delicada herencia del Comandante

Escribe Lilian Rosales de Canals.


Hay un conocido verso de Martí que reza: "El palacio está de luto y en el trono llora el rey/ el hijo del rey se ha muerto/ se le ha muerto el hijo al rey".

El hijo del rey aún no ha muerto pero al parecer ya prepara equipaje y mortaja. El comandante Hugo Chávez ha dejado descansar al micrófono y los rumores que mantenía a raya con su discurso intimidador, sarcástico y amenazante ahora pululan por doquier. El mandatario venezolano, de 58 años, permanece en franco deterioro en un hospital cubano convertido en el espectro que gobierna a distancia. Para Venezuela un peligrosísimo acorde de tensión sembrado por el hermetismo de sus leales, cubanos y venezolanos, que han mantenido el secreto de su enfermedad con el celo de una secta religiosa. Una inestabilidad de dimensiones imponderables en la lucha que se desata entre las dos facciones del chavismo. Un revuelo de piezas del rompecabezas armado desde su perturbación mesiánica. 
Para Fidel Castro es una catástrofe. El pupilo que ha encarnado toda esperanza por la lucha contra el imperialismo y la consolidación del colectivismo regional, ha perdido fuelle y se apaga lentamente. Un colega periodista de la isla asegura que Fidel ha vuelto a su estado pre-chavista, cuando languidecía sin futuro hasta que hizo entrada triunfal el de Miraflores (palacio de gobierno venezolano), ungido de pasiones y furia con los bolsillos a reventar de petrodólares. Fue así como el exparacaidista devenido en presidente sería convertido por un flechazo a primera vista en el hijo de la entraña ideológica de Castro. Chávez logró asumir las tareas que su propia familia había sido incapaz de ejercer. Pero ahora, presa de la maldición de los que abrieron el sarcófago del hombre de la Patria (*), Simón Bolívar, también los sueños fidelistas apuntan hacia el otro barrio. 


Fidel Castro
El fin del chavismo en Venezuela significa que se acabaron los obsequios para Cuba. No es despreciable el petróleo que regala a 20 dólares y que se paga con intercambio de médicos, funcionarios e influencias. 


Si el heredero del trono es tema en todos en los medios, en las redes y en los pasillos de gobierno, lo que habrá de ocurrir en la economía cubana es otra jaqueca, no sólo para sus dirigentes sino para el pueblo cubano.

Lo que desvela al pragmático Raúl Castro son los 110.000 barriles de crudo que Venezuela aporta diariamente a su isla. Fundamentalmente porque esa sigue perfilándose como la única posibilidad en el presente de cubrir la demanda energética. Las extracciones que Repsol intenta realizar en aguas cubanas para hallar petróleo, tienen una probabilidad de efectividad tan sólo de un 17% con el inconveniente añadido de que si lo encuentran, tardará aproximadamente dos años en llegar a las termoeléctricas cubanas para generar la electricidad, y a los mercados internacionales para la adquisición de dólares. Es preciso entonces prolongar el ordeño de la dadivosa vaca venezolana al menos durante esos dos años más.  

Con el presidente venezolano muy enfermo, el matrimonio contra natura entre los dos países está pendiendo de la bicefalia chavista. Para La Habana es invocar al fantasma de la contracción sufrida tras el fin del subsidio soviético y tirar por tierra la apertura de Raúl Castro.


El filósofo, escritor y periodista de la isla Lucas Garve, asegura que tras la enfermedad del líder venezolano muchos cubanos dicen: "Ay si se nos muere Chávez ¿Volveremos al periodo especial? no habrá transporte y la luz sólo para ciertas horas del día. Todo será peor" y enfatiza que "eso refleja que no importa que se mueran los gobernantes cubanos, sino que siga viviendo Chávez".


Nicolás Maduro

Como un indeseable boomerang la fragmentación regresa a Chávez en el peor momento. El artífice de la mayor fractura social y política de la sociedad venezolana que con su grito "patria o muerte" defendió el trono bolivariano, hoy precisa reunir la cúpula política del sobreviviente socialismo en La Habana para intentar cerrar un Pacto que asegure la continuidad de su obra, toda vez que es un secreto a voces la lucha por la sucesión entre las facciones dentro del oficialismo venezolano. Las fisuras profundas entre el ala militar y civil se han hecho patentes. La exhortación "unidad, unidad, unidad", empleada por el propio Hugo Chávez en 2011, con la intención de rectificar su discurso y recomponer la fractura en el seno del movimiento, habría llegado tarde.  

El padre de la revolución del siglo XXI formó su cohorte preservando las ansias personales, los apetitos por las mieles del poder y los impulsos belicistas dentro de sus filas con astucia, de eso no hay dudas, gracias a la coacción que ejercía. Para gobernar un país entero con criterio corporativista empleó un férreo control delegado en muy pocos allegados. Pero estos, pese a los esfuerzos de unidad, ahora ven el tiempo de sacar las uñas. Los benjamines rojos se hacen sombra uno al otro y cada cual quiere la silla pero es hora de compartir el poder. Mientras, Nicolás Maduro -designado como legítimo sucesor-  se empeña en disipar rumores de cara a los medios. Crece la idea de que Chávez no podrá hacer su juramento ante la Asamblea Nacional este 10 de enero como reza el artículo 231 de la Constitución venezolana. Pero nada garantiza que Maduro sea capaz de gobernar en contra de la voluntad de los importantes sectores de las Fuerzas Armadas venezolanas, simpatizantes de Diosdado Cabello (Presidente de la Asamblea Nacional Venezolana).


Diosdado Cabello
En ausencia de Chávez, el dilema al que se somete a la institución castrense y al electorado es: profundizar su apego a los Castro y a la revolución cubana con Nicolás Maduro como comandante en jefe, o recuperar el ideario nacionalista ("venezolanista") del movimiento bolivariano primigenio encabezado por Diosdado Cabello, líder de las rebeliones del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992. Dadas las prisas muchos errores pueden cometerse. De momento, ratificado en el cargo como presidente de la Asamblea, Cabello tiene todas las papeletas para suceder al presidente. 

La Constitución, a pesar de sus imperfecciones, deja claro un  protocolo a seguir pero algunos expertos como el político y diplomático venezolano Diego Arria sostienen que "lo que viene no es un proceso electoral sino acciones anticonstitucionales fraguadas por Cuba. El régimen tiene 14 años abusando y violando la Constitución y las leyes, y ahora en una circunstancia tan grave, decimos que confiamos en que respetarán los derechos".

Dilma Rousseff


Lo incomprensible sigue resultando la profunda dependencia de los jerarcas bolivarianos a La Habana. Si al fin y al cabo quien tiene el bolsillo más pleno es Venezuela. Tristemente la verdad inobjetable es que los altos generales cubanos son los que marcan las órdenes a los funcionarios venezolanos y diseñan el futuro de la nación. Con la soberanía en concesión a los estrategas cubanos y las opacas relaciones con las FARC colombianas, cualquier actor se reserva el derecho a imponer el orden. En este sentido la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha advertido a los herederos del trono que está trabajando para "evitar" un boicot desde sectores del chavismo mientras la prensa de aquel país (diario Folha de Sao Paulo) reseñaba "Brasil está preparando una acción para garantizar la estabilidad en el país caribeño"


Mientras se calientan motores por el control de la zona, los posibles escenarios que se dibujan desde el temor y la zozobra son: un franco retroceso cubano y que se haga crónica la inestabilidad política en Venezuela. La vida de Chávez se antoja de interés capital para el destino de ambos países. Lucas Garve señala: "qué importancia tienen para la población de esta isla los dirigentes cubanos, si ellos no resuelven nada. Aquí el que nos resuelve todo es Chávez". El mandatario en su delirio ha revuelto de tal manera las piezas del continente que, como pocas veces en la historia latinoamericana, hay demasiado en juego pendiendo de un solo hombre.


Si su permanencia en el poder resultaba incómoda para muchos, su canonización como mártir de la revolución tendrá efecto perverso en las generaciones futuras. Probablemente su sacrosanto nombre se pronunciará, como el de Eva Perón, toda vez que haga falta un talismán para conseguir cualquier objetivo político.


Simón Bolivar


Mientras la guerra de rumores viaja por Twitter -sin control y con identidades duplicadas- procurando confundir más a la población, a los periodistas y a los políticos, la martirizada patria de José Martí se ha convertido en una cajita en el mar que guarda celosa las medallas de dos insensatas luchas ideológicas, suponiendo que Fidel se encuentre en la isla moribundo. Dos hombres enfermos, acabados en su terquedad, que nos heredan pueblos y economías desbastadas. 

Superar la intolerancia y el odio, invertir en reconciliación y construir un puente común cívico-militar, será la tarea pendiente más urgente en aquellos hermosos países. 





















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