ABEJAS. Especie en extinción?

Escribe Xavi Queralt Pons.

La población de abejas está sufriendo un descenso pronunciado a nivel mundial. Un reciente informe del Departamento de Agricultura del gobierno norteamericano advierte que esta fuerte caída no garantiza que los insectos puedan satisfacer la demanda de polinización de cultivos agrícolas en un futuro cercano. El anuncio no es poca cosa, ya que la cuarta parte de los alimentos que integran nuestra dieta habitual dependen de este proceso natural en el cual intervienen las abejas de manera decisiva.
La razón por la cual las colonias pierden a un gran número de sus integrantes y acaban por fracasar no encuentra acuerdo dentro de la comunidad científica. No obstante, se denomina a este fenómeno como Desorden de Colapso de la Colonia, CCD (su sigla en inglés). Este síndrome podría provenir de varios factores combinados. El ácaro de Varroa es un conocido parásito con capacidad para infectar una colmena de manera letal, la intervención de apicultores aficionados tampoco ayuda a la buena salud de estos insectos, y finalmente debemos señalar a los insecticidas del tipo neonicotinoides como posible asesino de abejas. Respecto a estos últimos, la industria y los activistas ecologistas no consiguen acercar sus posiciones. Bayer y Syngenta, principales fabricantes de los pesticidas, presentan informes que avalan su utilización en dosis normales sin que estos productos químicos debieran afectar la buena salud de las abejas, aunque admiten que una presencia exagerada de estas sustancias basadas en la nicotina sí que podrían dañar a las colonias.

Lo curioso es que cuando estos pesticidas fueron introducidos en el mercado en los años `90, muchos ecologistas los recibieron con aplausos porque venían a reemplazar a otros todavía más tóxicos para el medio ambiente. Sin embargo, ahora defienden la tesis que asegura que estas sustancias rociadas en las semillas antes del cultivo, acaban en el sistema vascular de la planta y luego en el polen y nectar que las abejas consumen. Así, los neonicotinoides afectarían el sistema nervioso central de las insectos, provocando su parálisis y posterior muerte. 

Lo cierto es que en Europa, la EFSA (Autoridad de Seguridad Alimentaria) ha publicado diversos informes desde 2009 que advierten sobre el peligro de la utilizacion de algunas sustancias neonicotinoides. En particular señala al Tiametoxam, al Imidacloprid y la Clotianidina como responsables directos del síndrome CCD que disminuye la población de las abejas. Desorientación e inhibición de habilidades reproductoras se hallan entre los síntomas que sufrirían los integrantes de las colmenas afectadas por estos pesticidas. EFSA concluyó en 2013 que estos tres insecticidas no debían utilizarse más en cultivos que resultaran atractivos para las abejas. Enseguida Bayer y Syngenta cuestionaron la validez científica del anuncio. Sin embargo, la crisis también se ha extendido a China, donde han ofrecido una respuesta improvisada a la escasez de abejas: la polinización manual de ciertos cultivos a cargo de miles de trabajadores rurales.

El rol fundamental que desempeñan las abejas en el equilibrio de nuestro ecosistema merecería la implicación de un poder político que de momento no es partidario de regular en esta materia. Nadie duda del poder lobbista de la industria química o de su innegable influencia a la hora de tomar decisiones en Bruselas y Washington, pero tampoco deberíamos olvidarnos que más del 80% de la polinización de todas las frutas, vegetales y semillas de los cultivos que consumimos dependen de la noble tarea de estos diminutos seres alados o que jamás habrá ejército de campesinos que pueda reemplazarlos.

Comentarios

Entradas Populares

María Arnal y Marcel Bages. 45 cerebros y un corazón

Herederos. Un derecho previsional

LESLY KISS . Confesiones de una actriz porno