ESTADO ISLAMICO. El reto informativo de nuestro siglo

Escribe
Lilian Rosales de Canals.

Exhibiendo una determinación y capacidad inusual para ejecutar espectaculares atentados en o contra Occidente, el Estado Islámico (EI) se abre camino en los titulares de las principales cabeceras internacionales. En consecuencia y sin advertirlo, ciudadanos de todo el mundo asistimos a un rotundo cambio en las directrices de los medios y las agencias noticiosas para el tratamiento de la información, obligados por la ofensiva también mediática desplegada por el El. Su impactante y frenética aparición en el terreno de la información, como gestor de contenidos, ha forzado a los profesionales de la comunicación a enfrentar un reto inédito desde el punto de vista ético y deontológico. 

A medio camino entre la responsabilidad de informar y el inusitado riesgo de pasar a ser un peón útil a sus propósitos, algunas preguntas resultan necesarias entre periodistas y responsables de contenido ¿Cómo se ha de abordar la amenaza de un grupo terrorista que saca rédito de la democratización que supone el uso de Internet? ¿Cómo determinar con objetividad donde se encuentran los límites entre información y propaganda? ¿Es posible cribar el material justo y adecuado para informar prescindiendo de las imágenes probatorias que aporta el grupo terrorista?

Necesitamos una aproximación al nuevo agente "generador" de contenidos, Solo así acaso será posible neutralizar y/o aminorar la incidencia de la campaña de terror, sin renunciar a la información, necesaria y urgente.

Soldados del estado islámico desfilando por las calles de una ciudad siria ocupada.

Quiénes están detrás?
El Estado Islámico tiene su origen en el grupo terrorista "Monoteísmo y Guerra Santa" fundado en Iraq (2003) con el fin de atacar a ocupantes estadounidenses. Tras la guerra civil siria (2011), se vio fortalecido y logró expandirse a un amplio territorio de unos 250.000 km2. Satisfizo así el común reclamo entre extremistas islámicos pertenecientes a una decena de países (algunos occidentales), de poseer una extensión propia regida por la ley de Dios. 

Su ejército está formado por diversos grupos combatientes en Siria alzados contra el régimen de Bashar Al Asad y antiguos milicianos de Al-Qaeda. Según los Servicios de Inteligencia de Occidente, cuenta con 31.000 hombres y mujeres que enarbolan una bandera negra con la "shadada" (declaración de fe en un único Dios, Allah). Disponen de ingentes ingresos procedentes del saqueo de los bancos de las ciudades conquistadas, del pago por el recate de ciudadanos y combatientes secuestrados, del comercio de antigüedades, de donaciones privadas y hay quienes especulan que el tráfico de órganos supone otra fuentes de beneficios. Sin embargo, es el contrabando de petróleo a través de Turquía su principal caja. Más de dos millones de dólares por día ingresan a sus arcas provenientes de una decena de campos petroleros regados entre Iraq y Siria, cuyo control es absoluto. 

Si bien Al-Qaeda y EI comparten un mismo catálogo de terror recogido en "Gestión de la brutalidad" -el tratado religioso escrito por un doctrinario al servicio de Al-Qaeda que describe los usos de la violencia para extender o defender el Islam- el EI se diferencia de éste y del grueso de los movimientos terroristas que prefieren la clandestinidad, en su claro afán de proclamar y anticipar el terror. La visión belicosa inherente al salafismo yihadista, que es común con al-Qaeda, donde el asesinato se concibe como "justa venganza", es ahora herramienta de propaganda. La yihad es presentada por el EI como un  deber para todos los musulmanes y sus medios alardean de la brutalidad hacia sus enemigos, fundamentalmente chiítas y funcionarios al servicio de Bagdad.




Como Osama Bin Laden, la pretensión del El es recrear el califato que gobernó Oriente Próximo en el 632 tras la muerte de Mahoma. Pero a diferencia del anterior, el EI ha aceitado una potente maquinaria de comunicación que asegura la cobertura a escala global para mostrar el alcance de sus logros y aprovecharlo como efecto de llamada. Los jóvenes interpretan que "ahora sí lo están logrando" y lo perciben no solo en las operaciones militares, en el flujo de dinero y el despliegue de campañas de carácter social, sino en la aparente solidez de la organización que le subyace. Una capital en la ciudad siria de Raqqa, un sistema judicial, un gabinete (3 estrategas militares, 8 ministros, 25 gobernadores locales)  y un califa: Abu Bakr al Baghdadi quien gobierna a ocho millones de personas con pasaporte propio, parecieran remitir a otra cosa muy diferente de lo que mostraban Anwar al-Awlaki o Bin Laden (líderes de Al-Qaeda). Las finanzas, la seguridad, la aplicación de la sharía (ley islámica), los asuntos militares, hasta las comunicaciones y la propaganda, estarían planificadas y milimétricamente controladas.

La irrupción e indudable expansión del EI en el panorama geoestratégico del Oriente Próximo -imbuido en un eterno conflicto- da fe de su alcance. El propio Al-Qaeda no fue capaz de apoderarse de aquel vasto territorio e influir tan sorprendentemente en Occidente. La diferencia radica por tanto, en las renovadas capacidades del EI que ha modificado de manera sustantiva el escenario informativo y ha obligado a los medios de comunicación a lidiar con la inesperada Yihad 3.0 tremendamente hábil para llegar a un público global y burlar el cerco impuesto al crear redes alternativas si ven bloqueados sus canales. Una Yihad que convierte el secuestro, el asesinato y la crueldad, en una exhibición de terror, persuasión y diríamos que hasta de inspiración. Veremos por qué. 

El Estado Islámico
se financia con ingresos
procedentes de ciudades saqueadas,
el secuestro de personas
y campos petroleros
que explota en Siria e Irak

No solo terror
En lo que pareciera ser producto de una razonada estrategia de comunicación, explota con eficacia todo el potencial del Internet y de las redes sociales a objeto de crear una opinión pública: coacción hacia enemigos y numen musulmán hacia futuros milicianos, persiguiendo subsecuentes movilizaciones de personas y adhesiones a sus filas. Por ello podemos decir que su herramienta fundamental no es exclusivamente el terror. La promesa de restauración de épocas idealizadas de la historia islámica anterior, resuena con interés a los oídos y apela a valores como la dignidad de musulmanes en la región y allende fronteras.

Persigue mostrar el interés por instaurar cambios sociales y promueve una revolución que devuelva la justicia y la equidad. Se acerca a todos las audiencias sin distingo de edad, sexo, ni condición alguna, generando una eficiente propaganda que le promociona "como el grupo extremista más poderoso en el mundo yihadista, capaz de desafiar a los EEUU y a sus aliados" mientras marca distancia con lo que fuera Al-Qaeda.

Según el New York Times, los Servicios de Inteligencia Occidentales se encuentran "preocupados por el extraordinario dominio de las armas aparentemente menos letales: videos de tecnología avanzada, imágenes de tierra tomadas desde drones y mensajes de Twitter en varios idiomas". No es en vano su preocupación.

  

Fondo y forma en sus mensajes confabulan para crear una expectación mundial de alto voltaje, donde pareciera existir una línea finísima para separar el espectáculo de la tragedia. Sus vídeos de indudable factura encubren  técnicas persuasivas capaces de desplegar funciones inductivas, pautas de conducta, actitudes y comportamientos favorables a la causa. La incorporación de recursos narrativos y estética propia del cine, son claves y oportunas en un momento en el que los videojuegos han allanado suficientemente el camino a la cosificación y normalización de ciertos tipos de violencia. 

El Estado Islámico
promociona la construcción
de un imperio cohesionado
en lo social y en lo religioso,
a través de las redes sociales

Propaganda de un imperio
Los medios de comunicación atravesados por una inusitada manera de presentar el acecho, se han visto obligados a revisar protocolos y criterios en torno al desempeño profesional y el enfoque preciso para no quedar presas de un show, evitar la alarma excesiva o formar parte del "juego colaborativo mediático de propaganda" sin advertirlo, al difundir su ideología y mensaje de terror/ éxitos. Es difícil ponderar hasta donde el material es susceptible de convertirse en información valiosa, hasta dónde en mera propaganda magistralmente orquestada por orden del califa. 

El EI ha puesto en marcha una maquinaria de comunicación con un nivel altamente profesional que ha amplificado sus mensajes hasta en 7 idiomas a través  de Facebook, YouTube, decenas de cuentas en Twitter, VideoPress, Instagram, WhatsApp, JustPaste, y SoundCloud entre muchas otras redes populares para convertirlos en sus altavoces, canales libres y abiertos. Su propaganda online tiene cuatro objetivos fundamentales (1) infundir el miedo entre los soldados de los ejércitos de Siria e Irak, (2) fomentar el apoyo a la organización, ganar simpatizantes y ocupar portadas (3) reclutar a nuevos militantes y (4) forjar nuevas alianzas con otras organizaciones terroristas. 

En la carrera por transmitir su mensaje-convocatoria hay una urgencia: “Sé parte de algo que es más grande que uno mismo y sé parte de ella ahora" y por mostrar su hazañas reales en el campo de batalla, realizan adaptaciones de video juegos de combate como el Grand Theft Auto, series de televisión por cable y  aprovechan el estreno de películas como American Sniper (biopic de un francotirador norteamericano) para promocionar a uno entre sus filas. También producciones propias como The Clanging of the Swords IV (2014) un vídeo al mejor estilo de una superproducción hollywoodense donde hacen propaganda de sus operaciones de combate con gran lujo de detalle en el norte de Irak.



Vídeos, fotografías y mensajes informativos, videojuegos y revistas alusivas al grupo terrorista como a sus afines, tanto en Occidente como en el mundo musulmán, se han difundido. Al acceso de cualquier interesado mediante su propio portal y/o la "viralización" se muestran: limpiezas étnicas, bolsas de miembros, cabezas apiladas, decapitaciones, quema de seres vivos. Pero lo más significativo y menos advertido por las mayorías ajenas al conflicto en Occidente, es la propaganda de la construcción de un Imperio: imágenes de milicianos haciendo labores sociales o departiendo en armonía con los más necesitados. Campañas de distribución de alimentos, de vacunación, construcción de orfelinatos. Creación de carreteras, promoción de apertura de rutas de autobuses a disposición de sus habitantes, un nuevo sistema de correos y agua de la presa de Tishrinpara  que administra para sus agricultores, entre muchos anuncios. Son la presunta evidencia de una total cohesión social y religiosa entre afiliados, de su poderío y rotundo éxito ante el pulso con los enemigos: momentos de oración de los milicianos, proclamas del califa Abú Bakr Al Baghdadi, desfiles militares en zonas ocupadas que adquieren una tremenda resonancia a escala global mientras las imágenes de extrema crueldad añaden la dosis necesaria de coacción y pánico sistemático.

Las ejecuciones de los periodistas norteamericanos James Foley (enviado especial a Siria del Global Post), y del independiente Steven Sotloff en una especie de puesta en escena, pasaron a la historia del terrorismo de los últimos años como la noticia más seguida por los norteamericanos. Una premeditada combinación de exhibición de poder-justicia (en los salvajes asesinatos) con misión "inspiradora" de cohesión social, destinada de un lado a aterrorizar y del otro a convencer a los potenciales reclutas de que la vida en los territorios que controlan el EI es segura mientras extermina a los no creyentes, apóstatas y todo aquel que renuncie a la autoridad del Islam (interpretación de un sector del mundo musulmán recogida en la jurisprudencia clásica del Islam). Es preciso destacar que un inmenso bloque de musulmanes que abogan por la paz no está de acuerdo con esta posición extremista. La Yihad para un grueso número de ellos es como una guerra espiritual contra lo maligno en un sentido metafórico.



El efecto llamada
Fernando Reinares y Carlota García-Calvo del Real Instituto Elcano, sostienen en un informe reciente que asistimos a un fenómeno de terrorismo yihadista homegrown o autóctono: "ocurre que aquella movilización yihadista -asociada principalmente con el denominado Estado Islámico pero también con el Frente al Nusra (FN), la rama siria de al-Qaeda-, al igual que en el conjunto de los países de Europa Occidental, está afectando especialmente a segundas generaciones descendientes de inmigrantes procedentes de países con poblaciones mayoritariamente musulmanas"

El EI capitaliza el desarraigo y la anomia surgidos entre estos sectores de europeos, inmersos en una incuestionable crisis de identidad. Mediante la promoción de su éxito apela a una experiencia compartida y a la exploración de su realidad para generar identificación y sentido de pertenencia. En algunos documentales es posible ver testimonios de occidentales que, adheridos a las filas yihadistas, expresan la gratificación de emprender aquella lucha y resaltan la justicia y bondad que subyace a la sharía. Es una realidad contrastada que a ese escenario de insurgencia se han trasladado desde finales de 2011 alrededor de15.000 extranjeros, más de 3.000 procedentes de Europa occidental respondiendo a su llamado. Reclutamiento que registra mayor frecuencia e intensidad en Francia, Reino Unido, Dinamarca, Alemania, Bélgica, Países Bajos o Suecia. Las comunidades islámicas de estas naciones están compuestas por descendientes (segundas y ulteriores generaciones) de inmigrantes procedentes de países musulmanes.  

Este flujo sustenta en buena medida las afirmaciones de expertos como David Barranco Larráyoz (en un informe del Instituto Español de Estudios Estratégicos) que adjudican la profesionalidad y sofisticación de la campaña comunicacional a especialistas procedentes de Occidente. Ello explica el profundo conocimiento de los medios, de las redes sociales y de su poder; el uso creativo y efectivo que hacen de ellos, de los recursos técnicos, del lenguaje y las técnicas del cine (con influencia europea y americana), del diseño gráfico para competir ampliamente mediante contenidos en diversos soportes. De una Yihad que emplea el etiquetado de eventos globales en Internet a fin de redireccionar al internauta hacia terreno propio.  

Apenas hay casos
en que se justifique
mostrar ejecuciones.
Es muy importante respetar
la dignidad de los muertos

Debido a que agencias internacionales y medios tradicionales, otrora las fuentes informativas más fiables, han dejado de enviar corresponsales a la zona de control yihadista por al enorme riesgo que comporta, la campaña de comunicación e información desplegada por el EI es absolutamente sectaria y subjetiva. Es imposible contrastar sus informaciones con fuentes independientes. No en vano Ricardo García Vilanova -uno de los tres periodistas españoles liberados tras meses de cautiverio- afirmó que "se vive un apagón informativo en Siria”. Su guerra ha marcado un hito en las coberturas internacionales debido a la enorme dificultad de ofrecer protección y seguridad a los enviados de prensa.

El EI no descubre nada nuevo cuando decide librar su batalla desde el terreno de las ideas haciendo uso de la propaganda, solo vale remontarse a la Rusia Soviética o recordar a Goebbels. Pero lo que sí supone una innovación es el uso que hace de las nuevas herramientas y del lenguaje. En esta ciberguerra las redes son el campo de batalla. Para ello el EI ha creado una agencia de noticias multimedia, llamada Al Hayat Media Center con una división en árabe (Al Furgam) desde donde elabora contenidos audiovisuales, archivos de audio y  la revista Dabiq en formato PDF, totalmente en inglés, entre una multiplicidad de formatos y soportes a objeto de competir con los canales occidentales de información, los reality shows y las películas. 

Debemos rescatar la advertencia de algunos expertos cuando aseguran que por muy elaborado que sea el material se trata de propaganda. Pero ¿Es en su totalidad propaganda a pesar de tener un trasfondo informativo? ¿Cómo debemos abordar los periodistas estos contenidos partiendo del monopolio informativo del EI en los territorios bajo su dominio?

La directora de Información de la agencia francesa AFP, Michèlle Léridon, sostiene que la información a este respecto tiene que ser abordada con sentido común y enormes precauciones. Señala que AFP responde a este desafío de informar garantizando la seguridad de sus reporteros, preservando la dignidad de las víctimas cautivas y evitando prestarse al juego de servir de intermediarios para la  propaganda de odio y ultraviolencia. Para ella se trata de información sesgada frente a la cual es fundamental proteger la dignidad de las víctimas como disponen diversos manuales de estilo y códigos deontológicos. 


¿Dónde invadimos el derecho de la víctima en un intento por informar? ¿Es ético y preciso difundir declaraciones de personas al borde de la muerte y sometidas a  coacción? 

La BBC en sus líneas editoriales coincide: "Apenas hay casos en los que esté justificado mostrar ejecuciones y muy pocas en las que esté justificado emitir escenas en las que se esté matando a personas. Es muy importante respetar la dignidad de los muertos. Nunca debemos mostrarlos de manera gratuita". Sin embargo en un escenario donde el espectáculo parece primar en detrimento de la información, esta recomendación es agua entre los dedos.

En esta coyuntura los medios han de ocupar un espacio clave. No se trata de hacer caso omiso a las imágenes que proporciona el EI, ya que en buena medida son la prueba del estado de los rehenes, vivos o muertos,  sino que tomada la decisión de publicar, tal y como sostiene Léridon (AFP), hay que tomar las cautelas necesarias que van desde la identificación de la fuente de dichas imágenes (evitar las trucadas), explicar el contexto de las mismas con sobriedad, evitar a como dé lugar entrar en el juego de la pretendida propaganda y tomar distancia. Finalmente sugiere publicar fotos de la víctima cuando se encontraba en libertad para devolverle su dignidad.  

Al igual que AFP, otros medios introdujeron modificaciones en esta materia. La CNN tras el escándalo por su publicación del asesinato de Foley, cambió el tratamiento y no mostró la decapitación del voluntario Alan Henning a fin de respetar la dignidad de la víctima. Tampoco hizo público el vídeo del reportero británico John Cantlie al considerarlo una tortura convertida en show. El vicepresidente de su división Internacional, Tony Maddox, dijo "lo que estamos viendo es una forma de tortura. Este hombre está tratando de actuar para salvar su vida. ¿Por qué deberíamos exhibir eso?"  y añadió que estos videos podrían legitimar al EI y dañar la reputación de la CNN en Oriente Medio.

El interés informativo no debe responder a la curiosidad del público o a un rating en pugna, la exposición pública de imágenes violentas y de tortura pueden llegar a generar rechazo o incluso excitación, pero en ningún caso informan. La prensa ha de anteponer la dignidad de las víctimas y resguardar la intimidad de sus familiares. Evitar la duda en cuanto al origen del material al someterlo a contraste con fuentes fiables, si es que fuere preciso publicarlo por su valor informativo. Es inexcusable evitar la recreación con las escenas de dolor. Al final de cuentas será la prudencia y el buen juicio lo que guíe el enfoque noticioso para que logre privar la información sobre el espectáculo y la propaganda. Y aunque Ud. no sea periodista, frente a la reproducción de imágenes trágicas o denigrantes pregúntese ¿repugnará esto a una persona común? Si es así, absténgase de compartirlas. 

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