ROBOTS. Empleos tradicionales en peligro

Escribe Marcelo Espiñeira.

"La humanidad que antaño en Homero, era un objeto de espectáculo para los dioses olímpicos, se ha convertido ahora en espectáculo de sí misma. Su autoalienación ha alcanzado un grado que le permite vivir su propia destrucción como un goce estético de primer orden" 
Walter Benjamin

Se suele leer o escuchar con extrema asiduidad que el futuro ha arribado o que está muy próximo a llegar. Nos referimos a un tiempo nuevo en el que deberemos aprender a convivir con una nueva generación de máquinas y ordenadores infinitamente más sofisticados que los conocidos hasta ahora. 

Como confirmación gráfica de esta evolución surgida a través de múltiples investigaciones científicas en curso desde hace décadas, en febrero pasado la empresa de robótica Boston Dynamics difundía un impactante video en su canal de Youtube en el que un macizo robot llamado Atlas resistía golpes o empujones propiciados por un supuesto ingeniero de la compañía. En el mismo test de calidad era derribado y conseguía incorporarse solo en unos pocos segundos. Finalmente también era capaz de atravesar erguido, andando sobre sus dos piernas mecánicas, un campo nevado sin la ayuda visible de ningún ser humano. Un poco a los trompicones pero con una autosuficiencia admirable. 


Este robot, que todavía luce como un antiestético amasijo de cables y piezas metálicas muy correctamente ensambladas es, al parecer, un diseño avanzado de una máquina bastante autosuficiente y capaz de interactuar con las personas en un futuro cercano. De gran fortaleza, con habilidades comprobadas para levantar cajas de embalajes de casi 5 kilos de peso y ubicarlas sobre una estantería, Atlas es aún un prototipo de una nueva clase de trabajadores autómatas. Una que competirá directamente y en teoría con amplia ventaja a su favor, contra todos aquellos empleados humanos que hoy realizan tareas poco cualificadas en naves industriales, tiendas de grandes superficies, plantas de ensamblaje, etc.

Este pequeño prodigio técnico que se ha esforzado en diseñar una empresa de alta tecnología conocida como Boston Dynamics -propiedad de la supercorporación Google desde su adquisición en 2013- podría ser considerada como la punta del iceberg del cambio radical que se avecina para nuestra civilización. Un cambio que estaría protagonizado por tres clases diferentes de diseños tecnológicos capaces de combinarse también entre ellos en la obtención de infinitas soluciones. En primer término estaría esta nueva generación de máquinas autómatas colaborativas también conocidas como cobots. El citado Atlas forma parte de una gran familia de diseños que serían capaces de reemplazar a las personas en innumerables tareas de escasa cualificación. Por su parte, los diminutos nanobots no tardarán en surgir a partir de los avances experimentados por la nanotecnología aplicada a la robótica. Estos se encargarían de tareas mucho más específicas que los anteriores y posiblemente no representen una gran amenaza para los trabajadores. La tercera vertiente de esta revolución estará representada por la denominada inteligencia artificial, unos superordenadores como el famoso Watson desarrollado por la compañía americana IBM que están pensados para procesar cantidades ingentes de información -big data- y aprender de ella para acabar resolviendo problemas de índole intelectual con capacidades que los científicos prevén muy superiores al cerebro de cualquier persona. 

El superordenador de IBM bautizado como Watson aprende de la experiencia.
Según aquellos entusiastas que poseen una visión positiva de este fenómeno, podríamos afirmar que los cobots intentarán realizar las tareas que requieren cierta fuerza, basadas en rutinas o que suelen resultar bastante desagradables para la mayoría de los seres humanos. De esta manera acabaríamos liberados de asumir la mayoría de estos trabajos pesados. Por su parte, los nanobots estarían diseñados para intervenir en cuestiones de orden médico, con capacidades para realizar tareas dentro de un cuerpo con vida, o potabilizar el agua mediante la manipulación de las partículas o infinitas aplicaciones que estarán basadas en el mínimo tamaño que tendrán estos diseños de laboratorio muy cercanos a la ciencia ficción. Finalmente, la inteligencia artificial nos podría servir para confiar ciertas cuestiones básicas como la administración de la economía, la justicia o la seguridad en supercerebros electrónicos que nunca dejarían de aprender de la experiencia acumulada. 

...los cobots intentarán realizar las tareas que requieren cierta fuerza, basadas en rutinas o que suelen resultar bastante desagradables para la mayoría de los seres humanos...
No es preciso que seamos expertos para darnos cuenta que esta solución hipertecnológica no tardará en convertirse en un desafío mayúsculo para la humanidad. Una encrucijada del tipo moral, ética, política, económica y hasta filosófica. Tras décadas de investigación, el desarrollo científico ha comenzado a cuestionar los límites mismos de nuestros cuerpos y en particular de nuestros cerebros. Algunos observadores de renombre no dudan en preguntarse en voz alta si en las próximas décadas seremos capaces como sociedad de asimilar esta avalancha de cambios o bien cómo deberíamos enfocar estos supuestos avances para no favorecer el establecimiento de una nueva sociedad decididamente inhumana. 

Andrew McAffee del MIT
En líneas generales, la mayoría de los gurús digitales aprueban o intentan liderar esta silenciosa revolución. Andrew McAffee es uno de los más destacados. El codirector del departamento de Economía Digital del influyente MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) es un entusiasta activista de la era digital. Según sus cálculos personales, siempre explícitos en sus conferencias, el reemplazo de los empleos para humanos por robots comenzará a darse de forma masiva en los próximos años. Según él, se trataría de un proceso económico irreversible que compensará la pérdida de puestos de trabajos tradicionales con la creación de más y mejores empleos en el área de la robótica y las múltiples disciplinas que continuarán desarrollándose con la irrupción explosiva y definitiva de las nuevas tecnologías. Según McAffee, la llegada de los robots creará nueva riqueza y mejorará visiblemente la calidad de vida de las personas, que pasarán a disponer de más tiempo libre para organizar mejor sus vidas. Un diagnóstico que difícilmente compartiría el célebre filósofo francés del siglo XVIII, François Voltaire, quien afirmaba que "El trabajo aleja de nosotros tres grandes males: el aburrimiento, el vicio y la necesidad".

Los cobots podrían ocupar el lugar de los seres humanos en muchas actividades en un futuro cercano.
Sin embargo, el profesor del MIT explica convencido en sus conferencias que la máquina de vapor y los inventos producidos durante la revolución industrial fueron los que verdaderamente cambiaron la historia de la humanidad, dejando en ridículo todos los cambios acontecidos anteriormente durante miles de años de civilización, porque estos nos dotaron de un músculo y una fuerza sobrehumana que antes no poseíamos. Ahora, él está persuadido que ha llegado la hora de multiplicar el poder de nuestros cerebros, algo que conseguiríamos abrazando las nuevas tecnologías con respeto pero sin temor alguno. 

El profesor del MIT asegura de forma enérgica que la productividad laboral aumentará ostensiblemente con el uso masivo de las nuevas herramientas tecnológicas y fundamenta que son las ideas las que realmente hacer mover la economía y no la energía o el flujo de los capitales. También insinúa que en un futuro cercano la educación dejará de ser propiedad exclusiva de una elite acomodada para pasar a ser una oportunidad para cualquiera de nosotros. Según McAffee: "en la era digital, la innovación es cada vez más asequible, más inclusiva, más transparente y más basada en el mérito. La tecnología no es algo de ricos y mejorará la vida de los pobres". Al respecto cita el ejemplo de Kerala, una pequeña aldea pesquera de la India estudiada por el economista Robert Jensen, donde al parecer los pescadores mejoraron su economía tras la incorporación de la telefonía móvil en sus vidas. McAffee concluye que "es cierto que los robots nos quitarán los empleos, pero quedarnos en eso sería algo equivocado. Lo importante es que así nos quedará tiempo para hacer otras cosas. Y lo que haremos, estoy seguro, será reducir la pobreza, los trabajos duros y la miseria de este mundo".

..."es cierto que los robots nos quitarán los empleos, pero quedarnos en eso sería algo equivocado. Lo importante es que así nos quedará tiempo para hacer otras cosas. Y lo que haremos, estoy seguro, será reducir la pobreza, los trabajos duros y la miseria de este mundo"...
Andrew McAffee, codirector del Dep. de Economía Digital del Instituto Tecnológico de Massachusetts


Viendo u oyendo a este reputado conferencista uno entiende porque muchos lo llaman gurú, en buena parte porque sus promesas de bienestar son expresadas en términos que muchas veces se basan en la fe y la esperanza o en una confianza desmesurada sobre la capacidad que nuestra civilización tendría para resolver una verdadera encrucijada como esta. Como si de alguna manera quisiera decirnos: esto no nos saldrá mal, si hemos sido capaces de crear estos robots más baratos que los empleados, pues alguna solución sabremos encontrar más adelante, de momento no os preocupéis más de la cuenta...

Es muy factible que el desarrollo tecnológico precise directamente de cierto misticismo para mantener en pie sus vaticinios constantes o más bien sus enormes presupuestos dedicados a la investigación, difundiéndose así mismo casi como un credo, o al menos utilizando ciertos métodos de persuasión masiva del tipo religioso para comunicar sus buenas nuevas. En este sentido podríamos establecer un paralelismo entre el discurso actual de las tecnológicas y el ofrecido por la NASA en décadas pasadas cuando esta agencia luchaba por mantener el enorme presupuesto que sostuviera la carrera aeroespacial norteamericana. Si entonces la NASA debía convencer a la opinión pública de la necesidad de su costosa existencia, ahora las tecnológicas necesitan convencer al mercado del valor de sus nuevos productos.

Diseño de nanobot, minúscula máquina capaz de realizar tareas de alta precisión.
Este mensaje es lo que algunos intelectuales han denominado como utopía tecnológica, la misma que se ve claramente reflejada en una supuesta confianza ciega del mercado en los nuevos productos que presentan algunas compañías y que ciertos fieles adquieren sin permitirse cuestionamiento alguno el mismo día de su lanzamiento. Una dinámica que encadena a los inversores, los investigadores, los fabricantes, los promotores y finalmente a los consumidores, sin la existencia de una crítica importante en medio, casi funcionando como una aceitada cadena de montaje. Yo invierto, tu investigas, el fabrica, aquel comunica y vosotros compráis.

Trabajadores de la megafactoría Foxconn durante una protesta contra la ola de suicidios en las plantas chinas.
De regreso a los hechos reales y contrastables, es importante reseñar que recientemente ha trascendido en prensa el plan estratégico de Foxconn, la megafactoría fabricante de los Iphones, las Playstations o los Kindles entre otros artilugios populares de ventas millonarias. Una gigantesca compañía con más de un millón y medio de empleados en su plantilla que se propone reemplazar al 80% de sus trabajadores por autómatas en la máxima brevedad posible. Esta multinacional taiwanesa, con 13 plantas distribuidas en 9 ciudades chinas y demás instalaciones en Brasil, Hungría, Eslovaquia, República Checa, India, Malasia y México, ha sido cuestionada en numerosas ocasiones por el maltrato sufrido por sus empleados en instalaciones de su propiedad. Los conflictos laborales en Foxconn han sido duros y constantes durante los últimos años, incluyendo muchos casos de suicidios de operarios. La importante censura ejercida por el sistema informativo local siempre se ha esforzado en silenciar deliberadamente esta cuestión, que igual consiguió trascender a través de un documental de la BBC inglesa.  Si tenemos en cuenta la cartera de clientes de Foxconn entenderemos el poder de esta compañía. Acer, Amazon, Apple, Cisco, Dell, Hewlett Packard, Intel, Microsoft, Motorola, Nintendo, Nokia, Samsung, Sony, Toshiba y Vizio figuran entre los más destacados de esta lista. 

El CEO de Foxconn, Terry Gou, planea reemplazar 1,2 millón de empleados por cobots.
 
El CEO de Foxconn, Terry Gou, encabeza un plan multimillonario para automatizar la actividad con el fin de "resolver la escasez de mano de obra cualificada" según manifestara públicamente. De aquí a cinco años también planea utilizar robots para fabricar a otros robots. Ahora bien, ¿en qué irán a ocuparse los más de 1,2 millón de operarios que resulten reemplazados en los próximos años por Terry Gou? Esta sí que sería una buena ocasión para que los numerosos gurús digitales se enfrenten con respuestas al presente, que ayer fuera predicho como un futuro venturoso. 

Es cierto que trabajar doce horas al día durante seis días de la semana no es un plan perfecto para ningún operario, tal cual es el ritmo soportado por los trabajadores chinos en empresas como Foxconn o Pegatron. Por este motivo no nos sorprende demasiado que Gou pensase en reemplazar a sus conflictivos y "suicidas" operarios por un flamante ejército de fascinantes cobots. Es evidente que los seres humanos no estamos preparados para resistir semejante abuso de manera indefinida. Ahora solo nos restará ver cómo resistirán a esta dura faena los robots fabricados por otros robots. 



La utopía tecnológica puede correr serios riesgos de convertirse en una gran distopía. En parte porque quienes la formulan en nuestro presente, exhiben un exótico concepto de la humanidad, siendo bastante discretos en nuestra crítica. Como muestra más evidente de esta neohumanidad o transhumanidad encontramos a Ray Kurzweil, el director de ingeniería de Google, quien elige no ocultar una curiosa obsesión acerca de su propia inmortalidad. A los 67 años, este inventor (del sistema de escaner OCR) no ahorra esfuerzos a la hora de teorizar sobre el exéntrico futuro que cree nos aguardará a los seres humanos. Firme creyente en la inteligencia de las máquinas, sueña con que pronto podamos realizar una copia fiel de nuestro cerebro y subirlo a la nube, o que podamos reproducir un avatar de un familiar fallecido con los mismos pensamientos y la idéntica personalidad que este tuviera en vida. Los sueños y obsesiones del Dr. Frankenstein parecen anidar en el inquieto cerebro de la abuelo Kurzweil, quien es un experto reconocido en nanotecnología. 

El ingeniero de Google Ray Kurzweil vive obsesionado con la vida eterna.
Tampoco duda en vaticinar que para el año 2035 será habitual que pequeños nanorobots circulen por nuestro torrente sanguíneo con una gran variedad de tareas sobre sus microespaldas, tal como liberarnos de células cancerígenas o nimiedades como conectar nuestro cerebro a una gran red externa. De esta manera, estaría aplicando sobre nuestras cabecitas el concepto conectivo que poseen los smartphones actuales. Kurzweil sueña con compartir nuestros pensamientos en un nuevo espacio virtual dedicado al almacenamiento de ideas. Asimismo explica que será algo habitual que realicemos un resguardo de toda nuestra actividad cerebral, como si de un backup de datos digitales se tratara. 

Kurzweil, de Google, sueña con compartir nuestros pensamientos en un nuevo espacio virtual dedicado al almacenamiento de ideas

Es decir, que Google ya estaría planeando disponer de nuestros pensamientos, ideas, deseos o sentimientos en tiempo real a través de una gran nube donde estaríamos conectados a través de nanorobots operando dentro de nuestros cuerpos. Un tanto siniestro, verdad? Aunque todo esto pueda sonarnos al inmenso delirio de un científico alocado, Kurzweil existe, y está sentado frente a una cámara de video desde su austero despacho en California mientras nos dice que intentará leernos los pensamientos con naturalidad extrema. 

El auge de la robótica plantea un escenario inédito, incomparable al de la revolución industrial que sentó las bases de la sociedad actual. Simplemente porque el catálogo de profesiones u oficios amenazados por la hipertecnología es demasiado amplio como para contentarnos. Las estimaciones económicas basadas en las más que probables prestaciones que pronto ofrecerá la flamante industria robótica a través de sus nuevos modelos nos sitúan en una dramática situación. Conductores de todo tipo de vehículos, secretarias o recepcionistas, contables o financieros, empleados de seguridad, abogados y empleados de justicia, empleados bancarios, cajeros de todo tipo, camareros, dependientes en general, farmacéuticos, controladores de stock, operadores telefónicos, redactores, traductores y hasta profesores, arquitectos y médicos entran en la aterradora lista de especies en peligro de extinción a causa de una probable irrupción masiva de robots, cobots, nanorobots y superordenadores de inteligencia artificial combinados.

...Conductores de todo tipo de vehículos, secretarias o recepcionistas, contables o financieros, empleados de seguridad, abogados y empleados de justicia, empleados bancarios, cajeros de todo tipo, camareros, dependientes en general, farmacéuticos, controladores de stock, operadores telefónicos, redactores, traductores y hasta profesores, arquitectos y médicos entran en la aterradora lista de especies en peligro de extinción a causa de una probable irrupción masiva de robots, cobots, nanorobots y superordenadores de inteligencia artificial combinados...

El asunto no causa gracia alguna, es de total seriedad y requeriría de un debate abierto en todos los ámbitos. Para el economista inglés Tony Atkinson, autor del libro Desigualdad, qué se puede hacer?, vivimos una etapa donde se combinan un estancamiento económico del tipo estructural y una acumulación desmesurada de riquezas en una porción mínima de la población, es decir una desigualdad nunca vista. El 1% más rico de la población mundial tiene ya más patrimonio que el 50% más pobre. En este contexto, "una nueva fase de robotización pronto destruirá millones de empleos antes considerados blindados ante la ola tecnológica, desde arquitectos hasta periodistas pasando por médicos. De paso, hundirá los salarios de quienes pueden ser sustituidos por robots" señala Atkinson

El analista Tony Atkinson vaticina la destrucción masiva de empleos tradicionales a causa del auge de la robótica.

Por su parte, "los nuevos oligarcas tecnológicos son los principales lobistas políticos de EE.UU" escribe el experto en demografía Joel Kotkin en su libro The new class conflict. Es evidente que la elite tecnológica influye de manera importante en Washington, cuando se sabe que Facebook dedica ya 2,5 millones de dólares a actividades de lobby. Esto forma parte de una presencia cada vez más decisiva del dinero en la política americana. Una crítica que ha sido constante sobre la financiación de las campañas de la demócrata Hillary Clinton o el republicano Ted Cruz. Muchos medios de comunicación otrora importantes o independientes ahora están comprados y silenciados, y hasta convertidos en canales idóneos para la difusión de las novedades industriales de sus propietarios. El entorno ideal se completa con la firma de tratados que garantizan la inmunidad judicial de las corporaciones, como el TTIP transatlántico que pronto unirá Europa y EEUU en un mercado común. El economista Tony Atkinson urge por una redefinición del progreso tecnológico: "El cambio tecnológico deberá ser una preocupación explicita de los gobiernos. El problema no es el robot en sí sino quién es el dueño del robot. La idea de que esto está totalmente fuera de nuestro control es un argumento diseñado para apoyar a quienes se benefician de la desigualdad reinante hoy día".

El escritor inglés Joel Kotkin, autor de The new class conflict.

La utopía tecnológica asoma como un nuevo instrumento de dominación económica, abundan las evidencias en este sentido. La solución no pasará por negar el progreso científico, verdaderamente inevitable, sino en reconducirlo hacia el provecho del hombre, y no de un solo hombre que quiere vivir eternamente o de una elite que podría pagar estos caprichos, sino de todos en general, los que ansiamos vivir una vida más digna.


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