ARIEL ROT, el rock ha perdido su trono. Entrevista exclusiva.

Como él mismo acepta, el rock ya perdió su trono. Corren tiempos de Facebook y sms. El rock es una música más y ya no cambiará al mundo.


Pero más allá de estos detalles temporales, Ariel Rot (Buenos Aires, 1960) sigue siendo un tío con estilo. Podría hacer alarde permanente de sus glorias pasadas, sin embargo prefiere apostar por su presente y futuro. Se siente en activo y más vivo que nunca. Prueba de ello, las magníficas nuevas canciones que ha reunido en su último disco de reciente edición. “Solo Rot”, una delicia de principio a fin.


Treinta y tres años en la carretera rockeando, nueve discos solistas, más cinco con Los Rodriguez y otros cuatro con Tequila. Ariel es el rock. El dandy del rock latino.


Pero, como todo, ser rockero tiene sus rutinas también. Y este asunto de promocionar los discos hizo que nos atendiera en un hotel céntrico de Barcelona, un día de semana y a las diez de la mañana...Nada más alejado de lo que uno supone de un rocker de pura cepa como él. Sin embargo, pudimos charlar de manera distendida aún cuando no había desayunado siquiera.

Una entrevista de Marcelo Espiñeira.

Comencemos hablando de tu nuevo disco. el cual tiene un sonido de rock clásico, en el mejor de los sentidos?
ARIEL ROT: Bueno, es mi cultura. Pertenezco a una generación que ha tenido la suerte o el privilegio de ser contemporáneos con todas esas bandas que hoy en día ya son clásicos. Para nosotros eran la novedad en su momento. Pudimos comprar discos, como el último de The Beatles, yendo a la tienda cuando acababa de editarse. Al último de Zeppelin también recuerdo haberlo comprado ni bien salió.


Con qué edad te pilló aquel último disco de The Beatles?
Te estoy hablando de “Abbey Road” y debe haber sido cuando yo tenía unos 8 años o por allí. Lo compré cuando salió y además en casa lo estábamos esperando. Era algo de toda la familia. Un disco muy escuchado durante el verano...(se ríe).


Ya escuchabas a los rolling Stones también?
Sí, también los escuchaba. Pero, fan de los Rolling me hice a partir de “Sticky fingers” (1971). Y también luego de haber visto la película “Gimme shelter”. Me fascinaron y de un día para el otro quise ser un Rolling Stone...(se ríe).


Y bien que te ha salido..
Y treinta años más tarde creo que lo conseguí (se ríe)... No... sigo intentándolo.






Tu disco nuevo comienza bien stone, con “una vida equivocada”...
Sí, es una canción muy Rolling Stone, aunque también muy tequilera. Es el rock más clásico, ese de la escuela de Chuck Berry. Es una manera de tocar la guitarra que siempre me ha gustado mucho, que es un poco mi escuela también. Digamos que alguna vez tuve alguna aventura, tentado un poco por las tendencias. Pero, a la larga, escucho aquellos discos y lo único que puedo rescatar de ellos son las canciones, y para nada la producción. Todos en los ochentas nos vimos un poco influidos por esa búsqueda de un nuevo sonido, con instrumentos que parezcan otros, que la batería no sonara a batería...


Y ahora hemos vuelto a los sonidos nobles, desde hace un tiempo ya. Y en esta grabación en particular, lo conseguimos refinar al máximo. El batería es Pete Thomas, y él ya llegó con un sonidazo. Y luego, a nivel guitarras con José Nortes, que es el productor, estamos muy compenetrados. El es guitarrista también, es un fanático de los amplificadores de válvulas y de las técnicas de grabación a la antigua.


Evitas lo digital en el estudio?
No del todo. Yo creo que es muy cómodo en algun punto, te resuelve muy bien algunas cosas. Y actualmente, el resultado de una grabación digital y el de una analógica solo lo distinguiría un oído muy fino.


Cuando tienes que grabar muchas tomas y luego elegir, hacerlo con una cinta sería algo prehistórico. Para resolver la edición, lo digital es fantástico. Nosotros usamos el ordenador, tal cual usábamos antiguamente la mesa del estudio y el grabador. No lo usamos para componer o programar. Lo utilizamos como un editor. Hoy día es lo más práctico y lo más barato. Pero es cierto que usamos unos micrófonos muy antiguos y de mucha nobleza.


Ultimamente te has rendido ante las bondades de las redes sociales de internet. ComO el caso de tu BLOG.
Sí, la tecnología es apasionante. No soy un tipo que tenga demasiado conocimiento, más bien creo que tengo cierto instinto con lo cual me manejo con las cosas básicas. Y me parece muy divertido todo lo que ofrece hoy la tecnología. Eso de tener un teléfono con el cual grabas un video, haces una foto o desde donde envías un texto a tu página web de manera instantánea. Luego la gente te contesta, lees sus comentarios y se genera una nueva comunicación.


Entiendo que haya una generación totalmente apasionada con esto, como nosotros estuvimos apasionados con el rock. Me da la sensación de que ocupa el mismo lugar hoy en día. A nivel novedoso y cautivador.






Sin embargo, el rock tiene una vigencia notable. Aún resiste.
Bueno, yo creo que no. El rock tuvo su trono, durante mucho tiempo fue el rey. Todo giraba alrededor del rock, estaba presente en la vida cotidiana, en la cultura. Y ahora es sólo una música más. Un estilo más, como podría ser el jazz. Hay gente que sigue escuchando jazz, que compra discos de jazz y va a conciertos de jazz. Y ahora el rock también está en ese lugar. Siempre tiene sus picos mediáticos, a veces por la moda o por la publicidad. Pero, el verdadero aficionado al rock se está convirtiendo más en una rareza. El rock se está convirtiendo en algo más de culto.


Esto puede depender del lugar geográfico, no?                                                                          (Se ríe) Sí, en Argentina es como el futbol. Despierta pasiones y está super presente. Por eso, siempre que viajo para allí me da cierta envidia que haya una escena tan nutrida, tan eufórica, tan efervescente todo el tiempo. Este es un caso aparte.




Con un público bastante futbolero también, con lo bueno y lo malo del caso...
Sí, puede ser. Pero mis conciertos argentinos son bastante más relajados. En teatros para novecientas personas. No son estadios, donde sí que los conciertos resultan bastante futboleros.


Aquí la gente es más aficionada a las canciones, verdad?
Sí, el público está muy pendiente de tu última canción, de tu último disco. Y si la canción les gusta, siguen cerca tuyo. Y si no les gusta, se alejan. En Argentina prima más el artista, y la canción es algo circunstancial. Se mide más el promedio general que la cosa puntual.


Fuera del mundo castellano-parlante, has tenido algún suceso?
No, no, para nada. En el mundo anglo, soy sólo turista.


Te seduciría hacer un tour americano, al estilo Bunbury?
Me encantaría. Lo que pasa es que Bunbury está avalado por su gran éxito en México. Y entonces le resulta más sencillo. A mí me cuesta mucho mover una banda, bancar todos esos gastos y ya no estoy en una edad como irme seis meses de aventura a intentar copar un nuevo mercado. No me lo puedo permitir ya. Tal vez, hace veinte años, sí que lo hubiera hecho. Igual si surge algo, siempre me apunto, pero suelen ser cosas anecdóticas.




Es duro llevar esta vida de carreteras, cuando ya tienes familia e hijos?
Durísimo...(se ríe). No, yo creo que aquel que se dedique a esto, que viva de esto y se queje, no tiene derecho. Realmente creo que somos unos afortunados totales. Lo más duro que te puede pasar es estar dos semanas seguidas hablando de ti mismo o de tu música mientras haces promoción. Los viajes, hoy en día, son cómodos. Cuando empecé en esto, a finales de los ´70, sí que resultaba duro viajar. Igual la pasábamos genial porque teníamos 17 años. Y era una aventura maravillosa.


Y a nivel de convivencia familiar, ya sabemos como están el resto de profesiones. El problema que tienen los padres para conciliar lo laboral con lo familiar. Creo que dentro de todo paso muchas temporadas relajadas.


Serás el padre más enterado del colegio, entonces...
Hay épocas. En este sentido, mi mujer es más militante. Pero si que los voy a buscar, o les preparo algun menú. Eso lo disfruto un montón.


Te reconocen cuando vas andando por Madrid?
Sí, pero con mucho respeto. En Madrid me muevo mucho solo, andando sin ningún problema y si me reconocen es simplemente una mirada, un gesto. Nunca con agobio. En la época de Tequila era mucho más intenso. Era otro tipo de admirador. (se ríe)...






Y aquellos tiempos te generan cierta nostalgia?
No, sigo en activo. Es un buen antídoto saber que tengo más de diez conciertos programados de aquí a finales de mayo.


En tus comienzos con Tequila tuviste buena relación con Moris. Cuéntame algo de aquello.
Sí, nosotros acabábamos de grabar nuestro primer disco, con 17 o 18 años. Y ya se estaba armando algo que parecía que sería fuerte. La misma casa de discos fichó a Moris. El estaba en solitario y le ofrecieron grabar el disco con nosotros. Recuerdo que vino al local de ensayo, estuvimos tocando y hubo una conexión espectacular.


Nosotros éramos muy fan de sus discos anteriores, y el disco que grabamos con él era un material buenísimo. Era la visión de un exiliado que acababa de llegar a Madrid, y que estaba deslumbrado con la ciudad. Es un disco muy poético con canciones maravillosas, que se llamó “Fiebre de vivir”.


Y a partir de ahí, nos hicimos muy, muy amigos. Y terminó transformado en una especie de sexto Tequila. A pesar de que era más grande que nosotros, se hizo muy colega y pasábamos mucho tiempo juntos. Luego mantuvimos la amistad durante muchísimo tiempo. Lo adoro, me la pasaba muy bien con él, nos reíamos mucho. Hemos sido muy cercanos y ahora hace muchos años que no lo veo. La última vez que lo ví fue hace siete u ocho años atrás. Me gustaría volver a conectar realmente.






Y cómo fue que Tequila pegó tan rápido?
Yo creo que hacía falta un detonante, un icono de lo que pasaba en ese momento. Para muchos, aquellos años fueron los primeros que vivían en libertad. Y Tequila acompañó eso, formamos parte de eso. Aquellas canciones son muy recordadas porque están asociadas a las primeras fiestas, las primeras locuras, las primeras chicas, los primeros porros.


Y nosotros veníamos entrenados de la escuela del rock argentino, cantando en castellano de toda la vida. Teníamos muy claro lo que queríamos, queríamos hacer un rock juvenil, provocador, rompedor de reglas familiares, algo muy infantil en cierto modo. Pero eso inmediatamente contagió.


Mucha fiesta en aquellos años...
Los ochenta fueron una fiesta. Seguro pasarán a la historia como una gran fiesta de la libertad, que por lo que realmente se pudo crear en aquellos años. Pero fue muy divertido. Fue un privilegio poder haber sido espectador y por momentos, protagonista también.


El gran legado de aquellos años, puede que fuera la soltura con que cantaban en castellano.
Sí, es posible. Y ahora sí que existe una generación que creció escuchando rock en castellano y que lo sienten como algo natural. Pereza, Fitipaldis o Amaral, por ejemplo. Ellos no tienen que forzar nada.






Sigues atento a las tendencias?
No mucho. Lleva mucho tiempo estar atento a las tendencias. Hay tanto hoy día, es muy fácil grabar y sacar un disco. Tengo mi pequeña tienda de discos, que tiene un dueño que sabe mucho y en el cual confío. Y cada tanto, voy y le digo: “Dame cinco discos nuevos”. Y él sabe elegirlos bien. Porque se hacen muy buenas cosas, siempre en referencia al pasado. “Este tío me encanta, y suena como Ray Davies”...”Este otro también y suena como Buddy Holly”... Igual son buenos, tocan bien, graban bien, se pueden escuchar.


Y escuchas algo que no sea rock?
Sí, me gusta mucho el swing. Django Reinhardt, Oscar Aleman, John Pizzarelli. Toda esa escuela me encanta. De vez en cuando oigo otro tipo de jazz, como Monk, Coltrane o Davis, por supuesto. Me gusta la música brasilera, el tango, la milonga, algunos ritmos mexicanos como las rancheras o los narcocorridos. También puedo oir flamenco. Mi gusto musical se va ampliando.


Qué te sugiere que oigan tu disco, bajado de alguna web, sin habertelo comprado?
Evidentemente a nadie le gusta que su profesión esté en alerta, en zona de riesgo. Todos queremos seguir trabajando de lo que sabemos hacer y poder vivir de eso. Y esto pone a toda una industria en peligro.


Tampoco soy juez, ni voy a hacer de policía. Creo que todo es una cuestión más moral que otra cosa. Pero, que puede hacer mucho daño a los creadores.


Por supuesto, prefiero que compren el disco. Pero entre que lo escuchen o no lo escuchen, prefiero que lo escuchen de alguna manera también.

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