BANC DE ALIMENTS, un plato de comida allí donde hace falta.


Escribe Marcelo Espiñeira.


El profundo alcance de la crisis actual ha forzado a miles de ciudadanos en Catalunya a buscarse un plato de comida en el comedor público de alguna entidad benéfica del barrio donde reside. 


Hasta 2008, estas entidades atendían las necesidades de colectivos excluídos por un sistema que tenía una tasa de paro razonable, que se mantenía dentro de las estadísticas históricas de este país. Pero, a partir de aquel año, el perfil del “cliente” que atiende la Fundación del Banc dels Aliments ha cambiado y mucho.


Nos lo explica de primera mano, su fundador en el año 1985, Jordi Peix, quien fuera funcionario de la Generalitat catalana hace unos cuantos años atrás y que se inspiró en el modelo francés para sentar las bases de la entidad que hoy se propone administrar el reparto de nada menos que 10.000 toneladas anuales de alimentos para los más necesitados.




El perfil de los más necesitados
Antes de la crisis, la lista de beneficiarios finales de las ayudas alimentarias del Banc dels Aliments se circunscribía a perfiles muy definidos dentro del tejido social. 


En esta lista no entraban personas jóvenes con posibilidades de estar trabajando, salvo que tuvieran severas drogoadicciones, algunas enfermedades importantes como el Sida o afecciones crónicas. Sí que abundaba la gente grande o viudas con pensiones muy bajas. Desde el año 2000 los inmigrantes eran fijos en estas listas y por supuesto, que los ex reclusos o diversas personas con discapacidades y bajos recursos al mismo tiempo. Digamos que la combinación de alguna desgracia con cierta carencia del tipo económico era un factor determinante para necesitar de ayudas del tipo alimentaria.


Ahora, todo ha cambiado. Entre los que reclaman esta ración semanal que un centro de acogida suele otorgar en los barrios de Barcelona, hay numerosos jóvenes en paro, familias que apenas si consiguen llegar a fin de mes con algún que otro subsidio de desempleo, y los que ya no perciben ayudas de ningún tipo.



“En Catalunya hay 1.325.000 personas viviendo bajo el umbral de la pobreza. Los Bancos de Alimentos de Catalunya en el año 2008 van a ayudar a  52.000 familias; en el año 2009 a 90.000, hasta arribar a las 165.000 durante el pasado 2010, y esta cifra continúa creciendo. Esta evolución demuestra la necesidad de reforzar las capacidades de recogida y colaboración con el Banco de Alimentos para que pueda continuar desarrollando su importante tarea social”, textualmente así se presenta la entidad en su web de cuidado diseño. Un espacio que posee muchísima información valiosa, y que además, permite colaborar directamente con la aportación alimentos.


Jordi Peix, fundador del Banc dels Aliments
Jordi Peix, actual vicepresidente de la entidad, define así la situación: “A partir de 2008 hemos notado la gran diferencia en la demanda de las ayudas, coincidiendo con el abrupto aumento del paro y el estallido de la crisis actual. Desde 2008 hasta 2010, la demanda se ha triplicado y en el corriente año la tendencia sigue en crecimiento sostenido”


Jordi Peix conoció el modelo del Banc dels Aliments en una feria alimentaria de Paris en 1985. Participó activamente de su fundación y ahora es testigo de la existencia de un banco por provincia en España. Las únicas fundaciones luchando contra el hambre y la pobreza en el país. 


“El hambre y el despilfarro son los enemigos que el Banco persigue sin tregua. Que no se estropeen los alimentos que sobran en el mercado y que estos lleguen a tiempo a las personas que viven aquí”, en palabras de su fundador podría condensarse el leit motiv de la Fundación. 


Desde el Banco de Alimentos, son concientes que todavía no alcanzan a cubrir la enorme demanda existente en estos momentos. Saben perfectamente que necesitarían más recursos para atender a los cientos de miles de necesitados, calculando que están cubriendo sólo el 10% de las necesidades reales de la población en estado de exclusión. 


“Ojalá llegáramos a atender a todos, y algún día no tuviéramos que atender a nadie más. Somos la única empresa que nos gustaría no tener clientes”, sintetiza la idea Teresa Cerdà Esteve, periodista encargada de promocionar las campañas de recogida del Banco.



El origen de los alimentos
El Banco consigue sus alimentos con diversos mecanismos que favorecen que muchos que estaban destinados al contenedor de basura, acaben en un plato de un comedor comunitario.


¿Cómo lo consigue? Básicamente, intensificando el contacto con los productores de la industria alimentaria, promocionando su tarea entre la ciudadanía en general y principalmente, funcionando como una empresa de lo más organizada y eficiente. 


En primera instancia, aproximadamente el 35% de los alimentos recibidos provienen de excedentes de la producción de la Unión Europea. La política agraria de la UE establece que cuando un producto cae por debajo de un nivel preestablecido, éste debe ser retirado del mercado. Pueden ser cereales, leche, pastas, galletas, etc.


La UE acumula estos productos manufacturados bajo esta consigna, creando un stock. Hace años que se ha facilitado que parte de este stock sea destinado a los sectores más necesitados, a través de Programas de Ayuda a nivel europeo. Luego estos prouctos se reparten a través de los Bancos de Alimentos, tal es el caso del que administra de cerca Jordi Peix.


Voluntarios trabajando en el Banc de Aliments de Barcelona.
Esta no es la única vía de entrada de alimentos para el Banco. Uno mucho más prolífico está compuesto por los excedentes de las industrias alimentarias locales. Los desfasajes de producción en esta industria son habituales. Producen más de lo que consiguen vender. Y estos llamados “errores de logística” son aprovechados por las entidades de ayuda.


Si una empresa que envasa atún no lo puede vender porque la lata tiene menos de un año por delante su fecha de caducidad (porque así lo establecen los supermercados), este atún es perfectamente apto para un comedor social. Es decir, un alimento en excelente estado de conservación, pero que las convenciones del mercado no lo acepta.


Al respecto Jordi me comenta que: en una oportunidad, el dueño de una importante empresa que exporta al resto de Europa, le dijo que "ellos no tenían errores de logística". Jordi le contestó que: "en menos que canta un gallo, usted me llamará". Sucedió que a los 15 días, varios camiones con productos de aquella empresa se quedaron atascados por una huelga que cortaba las carreteras del centro de Europa. Por lo tanto, esa mercadería ya no sirvía para la venta. Finalmente, cedieron cuatro trailers completos con sopas nutritivas que iban al mercado italiano para el Banco de los Alimentos. 


Casos como este abundan y son el fallo en el sistema productivo del que se aprovecha esta entidad para poder abastecer a quienes más lo necesitan.


Las donaciones que realizan las empresas desgravan en el fisco. Sólo un poco,  el 35%, pero resulta un incentivo extra para que recuerden que otras bocas con muy pocos recursos requieren de aquellos productos que la industria hubiera desechado. 


El Banco de Alimentos revisa la mercadería recibida y confecciona la documentación pertinente con el detalle de los productos cedidos por las empresas. Revisan todo, envase por envase y sólo aceptan aquellos que se encuentran en perfectas condiciones para su consumo. Es decir, que estén dentro de las fechas establecidas, no estén caducados o que no tengan ninguna clase de irregularidad en su envase. La selección es exhaustiva e involucra a varias decenas de trabajadores voluntarios. 


El Banc de Aliments distribuye los alimentos a través de una amplísima red de ONGs.
Otra fuente de alimentos son los supermercados. Estos están obligados a deshacerse de los productos que están por vencer utilizando los métodos de reciclaje habituales. No pueden descartar productos lácteos sin vaciar sus envases. Deben descartar los plásticos por un lado y lo orgánico por otro. 


Los supermercados no cumplían estas normas o que les costaba mucho cumplirlas. Entonces han entendido que resulta mucho más beneficioso para todos que estos productos puedan ser utilizados por los más necesitados. Actualmente están en contacto directo con el Banco y coordinan la entrega directa de dichos productos, para que puedan ser utilizados a la máxima brevedad.


La promoción también juega un rol importante en la recogida. El Banco ha diseñado campañas especiales con algunas empresas. Por ejemplo, una con Café Marcilla, en la que esta industria se comprometía a entregar dos cajas de productos al Banco por cada caja vendida durante dos meses determinados. El FC Barcelona  hizo una colecta especial de captación de alimentos no perecederos durante el pasado mes de abril, consiguiendo reunir más de 200 toneladas de productos. 

No olvidemos que durante la última semana de noviembre de cada año, el Banco monta una gran campaña de recogida de alimentos entre la ciudadanía. En 2010 alcanzaron a reunir unas 400 toneladas. El año pasado, unas 8.500 personas participaron de manera voluntaria en las tareas de recolección. 

Los productos frescos también son utilizados, y son repartidos con mayor velocidad. Con las naranjas recibidas envasan zumos, así multiplican su vida útil y el resto se distribuye en un puesto que poseen en Mercabarna. Mediante subvenciones han equipado la cámara de frio propia y también han conseguido adquirir neveras para diversas entidades que no estaban tan bien equipadas como para recibir estos productos de corta duración. 

Las donaciones espontáneas también son canalizadas hacia las entidades que más necesiten. Muchas veces sobra comida en algún evento y el Banco puede sugerir a qué entidad le puede venir bien recibir estos alimentos. Un proceso que debe ser rápido y eficaz para evitar perder los productos en el camino. 

Organización
La clave del éxito se resume en ser extremadamente organizados. Dos días por semana llegan los productos en camiones hasta las instalaciones ubicadas en Zona Franca. Estos descargan la mercadería, los voluntarios del Banco revisan las fechas de caducidad de los productos, y los clasifican por su característica. Algunos se guardan en la nueva cámara de frío disponible. Estos datos se ingresan a un ordenador que posee un programa especial que administra las necesidades de las entidades benéficas y los alimentos disponibles en el Banco. El mismo programa está capacitado para sugerir la mejor distribución posible de los alimentos, de manera que sea lo más justa posible. El día, el tipo de alimento y el beneficiario. 


Entidades receptoras
El Banco, por norma, no da alimentos a los beneficiados finales, todo se entrega a las entidades benéficas que son las que ejercen el control sobre las ayudas. 

Estas entidades pueden ser los comedores o centros asistenciales que usarán directamente los alimentos para dar de comer a sus beneficiados. O aquellas que se dedican a  repartir estos productos. 

Todas ellas cuentan con el apoyo de un trabajador social que sigue de cerca este reparto final. El Banco, a su vez, ejerce un exhaustivo control sobre estos mecanismos. Vale aclarar que cada año se da de baja a las entidades que no alcanzan a cumplir con las normas requeridas.

Se controla que se entreguen los alimentos a la gente realmente necesitada, que no los vayan a vender, que no los dejen caducar, que no tengan ayudas de otros sitios, y que no cobren ni un céntimo por estos productos, entre otras cuestiones esenciales. 

Es un control que resulta complicado, ya que las entidades ascienden a más de 300. Para ser eficientes las visitan oficialmente para revisar sus registros y luego también de forma sorpresiva. 

En líneas generales estas organizaciones funcionan muy bien, muy pocos son las que lo hacen mal, y la gran mayoría cumple de sobra con la tarea encomendada. 

Dentro del listado de entidades receptoras hay muchísimas parroquias. Y pese al carácter independiente de la Fundación, se sabe que muchas organizaciones religiosas se involucran en estas tareas humanitarias. “Tradicionalmente, los españoles estamos acostumbrados a acudir a las iglesias en caso de necesidad extrema. En su mayoría estas iglesias son católicas, aunque las evangélicas están creciendo en número. Numerosas entidades vecinales se están dedicando a organizar las ayudas al mismo tiempo” me explica Teresa. 

La distribución geográfica de estas entidades es muy extensa. En la ciudad de Barcelona confluyen una treintena en el barrio de Ciutat Vella, muchas de ellas son parroquias. Una veintena en Sant Martí y otro tanto en el Eixample. Curiosamente, también existe una docena en Sarriá-Sant Gervasi. Por nombrar solo a unas pocas de las zonas más representativas.

Aspecto de la nave de Zona Franca.
Manos voluntarias
Actualmente, el Banco dispone de una plantilla de 138 voluntarios. A los que se agregan entre 6 y 8 asalariados, dependiendo de la época del año y de la necesidad de cubrir el trabajo disponible. Los voluntarios son en su mayoría personas jubiladas o pre-jubiladas. También hay gente que está en el paro y que se apunta para hacer alguna tarea. Una manera de ayudar y también de sentirse útil. Tal es el caso de un ingeniero industrial que está ayudando a mover los palets de productos, un par de días a la semana. Vale aclarar que ninguno de estos voluntarios accede a alimentos de manera directa por parte del Banco.

Transparencia
El Banco recibe subvenciones del Estado para poder mantener su estructura, pagar sus facturas de los servicios y atender las campañas especiales que año a año hacen que su tarea sea más eficiente. Este año la campaña principal está orientada hacia el aprovechamiento de los productos frescos, y para eso han tenido que montar una estructura especial para su mantenimiento en depósitos y también en la red de entidades que sirven comida a los más necesitados. 

Las memorias anuales del Banco hacen gala de la transparencia en la gestión de los recursos. Destacando sus fundadores, la independencia de la entidad y el carácter gratuito de las ayudas. Admiten que ha habido fundaciones que han hecho mucho daño a la imagen de las mismas, por eso el Banco se interesa en dar a conocer el alcance de sus tareas y el destino de las subvenciones recibidas. 

En los tiempos que corren, el papel desempeñado por el Banco de Alimentos es remarcable. Desde los mismos organismos estatales suelen pedirles asistencia logística.

Lo más necesitado
Curiosamente y pese a toda la tarea desarrollada, sigue habiendo carencias en la recepción de los alimentos.

El arroz, la pasta, las legumbres secas, el aceite y la leche son los grandes objetivos permanentes de las campañas de recogida organizadas por el Banco.

Estos bienes “de primera necesidad” son los más complicados de recibir, ya que las empresas no se ven interesadas en donarlos porque los venden bien y a un ritmo que no interfiere en sus planes de comercialización. El Banco los consigue a través de las colectas especiales o también los compra. Es bueno saber que existe la posibilidad de donar estos productos a través de internet. Más precisamente entrando a la siguiente web: www.bancdelsaliments.org y ordenando una compra directa desde las opciones que allí mismo se ofrecen.

Otras maneras de involucrarse es participar de las tareas voluntarias o en la recogida. A saber, las peticiones en este sentido se atienden a la siguiente dirección de correo electrónico: voluntariat@bancdelsaliments.org

Hay muchas maneras de participar en este noble proceso, sólo hay que informarse cómo poder hacerlo y de qué manera se puede concretar este esfuerzo. Es posible que con una simple llamada, usted logre dar de comer a alguien. Vale intentarlo, verdad?

Banc dels Aliments de Barcelona. Tel. 933 464 404
Banc dels Aliments de Tarragona.Tel. 977 757 444
Banc dels Aliments de Lleida. Tel. 973 257 612
Banc dels Aliments de Girona. Tel. 972 223 463

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