La paternidad del Barça. Otro derby para los blaugrana y ya van...

El 1-3 en el Bernabeu ha sido un triunfo psicológico y un hecho futbolístico pleno de paradigmas, muy útiles para retratar a los dos colosos de la Liga española. Dos equipos tan similares en su generosa magnitud de fuerzas y tan disimiles en la administración de su uso.


Desde que Guardiola tomara las riendas del primer equipo del Barcelona FC, un sello de identidad se ha ido marcando de manera indeleble en las maneras de este histórico grupo humano.



El cambio de presidencia en el club catalán en nada afectó este proceso deportivo y la confianza en el gran timonel que representan Pep y su selecto clan de profesionales continúa llevando a buen puerto la odisea del probablemente mejor equipo de la historia moderna del fútbol.


El clima enrarecido, mezcla de racha victoriosa del Madrid y nubes de humo de la prensa especializada, puso una vez más en discusión la vigencia del Barça antes de su visita al estadio blanco. En contrapartida, Mourinho no había atizado ningún fuego en la semana previa al partido, buen sabedor que su "rival" se agiganta cuando peor pintan las circunstancias. Quien se quema una vez, ve blaugrana y llora.


Lo cierto es que la "suerte" provocó que el enorme portero que es Victor Valdés eligiera equivocarse en su primer contacto con el balón y facilitando el gol más tempranero en contra de la era Guardiola. Una contingencia decisiva podría haber imaginado quien cree que estos enfrentamientos se deciden por "detalles"... 






Claro está que si la grandeza de un deportista se mide por su poder de resolución en los ambientes más adversos, estos jugadores del Barça son gigantes de verdad. Ya sea porque se comportan como si disfrutaran renaciendo de las cenizas, como si un triunfo siempre los obligara al esfuerzo individual y colectivo, o como si no tuviera sentido ganar si no ha costado lo suficiente.


La actitud del equipo de Pep estando 0-1 fue propia de quien cree plenamente en sus fuerzas, de quien se sabe seguro de su camino, fue un monumento a la inteligencia aplicada, al control individual y colectivo. Debieron soportar minutos de zozobra y de incertidumbre, de acciones rápidas comandadas por un Di María pletórico y digno de mejor fortuna personal, de un rival que quería devorarse el escenario en poco rato y quizás olvidándose que este Barça es un hueso duro de roer siempre.


El fantasma de Cristiano Ronaldo, ese espectro anodino que suele reemplazar al goleador portugués en las citas más importantes o en las batallas más duras, se encargó de derrochar la fortuna del momento errando un gol seguro. Fue demasiado perdón para la escuadra que tiene al mejor jugador en sus filas y bastó con que Messi encontrara el balón dos veces. Una tras un resbalón de Ramos y que Casillas pudo neutralizar por los pelos. Y otra, donde apiló a cuatro defensas para luego ceder el testigo a Alexis Sanchéz, quién se lució en la definición del empate.




Con el marcador igualado, a los treinta minutos de la primera etapa, los blancos pensaron que debían imprimirle un plus a su empeño para alcanzar su obsesiva meta. Y fue allí donde la báscula se inclinó definitivamente hacia el costado habitual. Hacia el lado de quien confía en su juego.


La cuestión mental se acentuó luego del descanso, dando la razón a quienes pensamos que Mourinho está muy errado en su táctica anti-Guardiola. Cuando la pierna fuerte, la protesta constante, la provocación descarada y la inclinación hacia toda acción excesiva se convierte en el plan oficial de este poderosísimo Real Madrid, ante el Barça se traduce en un fracaso inevitable.






A faltas más duras, Iniesta, Messi, Xavi y el que toque... se crecen. Jamás se esconden, siempre dan la cara. Ya ha pasado el tiempo suficiente para que Mourinho lo aprenda. Quizás su orgullo desmesurado no se lo permita y alguien que respete la historia de su contratante debería hacer que lo entendiera.


La nueva versión del maravilloso Barça de Guardiola administra sus fuerzas con elegancia suprema. Elige sus momentos con parsimonia, en los movimientos de Messi puede vislumbrarse esta sabiduría. Pasa minutos caminando el cesped y de repente explota en un sprint incontenible para desesperación de seis defensas.


El Barça 2011-2012 suma la experiencia a su destreza, utiliza nuevos métodos para hacer lo de siempre. Gana, golea y gusta. Una vez más contra el Madrid...









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