TODO O NADA. Europa se juega el futuro este 25M

Escribe Marcelo Espiñeira.

El proyecto de la Unión Europea vive horas decisivas y esta gran crisis parece estar cambiándolo todo. En especial, aquella percepción idílica que teníamos sobre la moneda única. El euro, tras doce años de libre circulación entre nosotros, ha pasado de estar considerado como una especie de mágica medicina capaz de sanar todos los males económicos... a este veneno ponzoñoso que hoy no nos permitiría crecer como necesitamos.


Ni una cosa, ni la otra, lo más sensato sería tomar algo de perspectiva y analizar qué es lo que realmente está fallando en la Unión Europea, luego de la primera década de unión monetaria. Ahora bien, ¿nuestros representantes políticos están centrados en este análisis? Esto es algo muy complicado de aseverar, teniendo en cuenta que últimamente nos acompaña la desagradable sensación de que nuestra clase política forma parte de un pesado lastre que nos arrastra hacia abajo y nos impide evolucionar como una sociedad más justa.

Por motivos como estos, es sencillo comprobar una importante desafección política entre buena parte de la ciudadanía europea. Una realidad bastante inquietante, que no ayuda precisamente a la mejor resolución del futuro continental.


Político luxemburgués, ha sido primer ministro en su país, gobernador del Banco Mundial y el FMI, y responsable muy activo en el diseño original de la Unión Europea. Actual candidato para reemplazar a Joao Durao Barroso en la presidencia de la Comisión Europea, el brazo ejecutivo de la UE. Su grupo Popular encabeza las encuestas, aunque estaría perdiendo más de 55 diputados este 25M. La CDU de Merkel, el PP de Rajoy y las franquicias húngaras, eslovenas y luxemburguesas ganarían en sus distritos. Apoya las políticas económicas actuales, propone ajustes presupuestarios duros, recortes en servicios sociales y el fomento de políticas de crecimiento sin una intervención directa del BCE que dirige Mario Draghi. Confía en una recuperación basada en el libre mercado, un euro estable y la baja inflación.


El castigo de la pobreza
Las razones de este desapego hacia las instituciones son enteramente justificables. Principalmente porque la gran crisis ha sembrado el desempleo entre casi 30 millones de personas, trabajadores con familias que ahora luchan día a día por sobrevivir, muchos de ellos pertenecientes a una amplia clase media que ha quedado gravemente golpeada por esta depresión económica, al borde del nocaut. 


La desigualdad es ahora mismo un peligroso signo de identidad que tritura las expectativas más básicas de extensas capas de la sociedad en Portugal, Grecia, Italia, Irlanda, España y ahora también en Francia. Y cuando nos referimos a estos afectados, debemos recordar la alarmante tasa de paro juvenil que ostenta Europa... la cual roza el 24% (y el 57% en España). La desigualdad de oportunidades es demasiado evidente. Al tiempo que las elites acomodadas ganan muchísimo dinero en operaciones financieras que apenas si tributan al fisco, los trabajadores acaban por asumir la peor parte del gran ajuste presupuestario en los Estados rescatados. Es una realidad contrastable que la inequidad fiscal se convierte en fuente de conflictos constantes y causa directa del aumento de la pobreza y la pauperización de la calidad de vida. 

En este sentido, la vigencia de los paraísos fiscales y la práctica sistemática de elusión fiscal por parte de las corporaciones más poderosas, dan cuenta de una insolidaridad preocupante, cuya erradicación debería ser prioritaria en la hoja de ruta de los eurodiputados de Bruselas. Mientras tanto, la capacidad de resistencia de los más desprotegidos se agota notoriamente. Al respecto, el caso griego es el más relevante. El país heleno lleva cuatro largos años en la aplicación de severas restricciones presupuestarias y la aceptación de un programa financiero con condiciones durísimas. Una receta muy rígida, dirigida in situ por representantes de la misma Troika que rescatara al país de la bancarrota en 2010. Como resultado directo, muchos griegos sobreviven ahora con la extraña sensación de estar inmersos en una guerra absurda, intentando apartarse de la indigencia y la miseria, sufriendo un castigo inmerecido por la enorme mayoría.


Político alemán del SPD, fue alcalde de Würselen, eurodiputado y actual presidente del Parlamento en Bruselas. Su partido es socio de Angela Merkel en el gobierno alemán. Sin embargo, promete luchar contra el paro juvenil con políticas activas impulsadas desde la UE, como principal prioridad para su posible mandato en la próxima Comisión Europea. También propone revisar los beneficios del sector financiero y deja abierta la posibilidad al establecimiento de nuevos tributos en este área. Critica la gestión de la crisis, pero no propone una hoja de ruta diferente a las rebajas de los déficit estatales, solamente habla de flexibilizar los objetivos teniendo en cuenta las cuentas particulares de los países afectados por la crisis de deuda. Es resistido en Inglaterra.


Liderazgo poco democratico
Ante esta complejísima situación de verdadera emergencia, que incluye miseria, hambre y desempleo, la respuesta política de la Unión Europea ha dado muestras de una irritante ineficacia y lentitud. El diseño institucional de la UE no convence ni a propios, ni a extraños. Vale recordar los reclamos que el gobierno norteamericano ejerciera en el pasado reciente, hacia la consecución de un interlocutor continental que tuviera realmente cierta autoridad. Finalmente, la presión internacional favoreció que Angela Merkel ejerciera este papel, pese a la ausencia de valores democráticos que hubieran debido acompañar una decisión tan trascendente. Porque ningún francés, ningún español, ningún inglés o ningún italiano siente que haya elegido a Merkel como líder político continental y aunque puedan aceptarlo por un simple ejercicio de sentido común, el rechazo a este liderazgo de escasa legitimidad es profundo. Todos podemos intuir que la presidenta alemana lidera la UE por haber garantizado 400.000 millones de euros de los 700.000 utilizados en los rescates financieros de Grecia, España, Portugal, Irlanda y Rumanía. A pocos se les escapa este importante detalle y es allí donde  la legalidad del andamiaje político europeo hace aguas.

Si bien las elecciones del próximo 25M se presentan como decisivas para el futuro de la Unión, los sondeos estiman que la participación del electorado en estos comicios podría ser muy escasa, con una abstención del 50%. Un dato que confirmaría el ascendente sentimiento de desconfianza hacia la UE y su discutible capacidad para resolver los problemas reales de los ciudadanos.

En este sentido, no podemos pasar por alto que los dos políticos con verdaderas aspiraciones a ocupar la próxima presidencia de la Comisión Europea son el luxemburgués Jean-Claude Juncker (Partido Popular Europeo) y el alemán Martin Schulz (Partido de los Socialistas Europeos), ambos elegidos con la venia de Angela Merkel y sus socios del SPD en el gobierno germano. Es decir, que ganase quien ganase, el poder alemán seguiría firme al frente de la Unión Europea.

Los euroescépticos del 25M. Nigel Farage, Marine Le Pen, Geert Wilders y Beppe Grillo.

Los euroescépticos
El bipartidismo sostenido entre populares y socialistas se reproduce en buena parte de los Estados de la Unión, tal cual el modelo español. Dos opciones más bien moderadas, que con matices diferenciales, a menudo imperceptibles, garantizan una continuidad del proceso de construcción política de la UE tal cual lo conocemos ahora. Porque aunque prometan reformas en sus programas, es sencillo percibir a Juncker o a Schulz con cierto perfil continuista, con lo malo y lo bueno que esto podría representar.

El problema es que las urgencias acucian a Europa, y como bien sabemos, las prisas no suelen ser buenas consejeras. En este contexto particular e inédito para la región, el populismo y las propuestas radicales amenazan con ganar un espacio importante en la próxima legislatura de Bruselas. El caso más representativo percibido en las encuestas es aquel que otorga el triunfo al euroescepticismo francés, representado por el ultraderechista Front National de la familia Le Pen. Esta formación de corte xenófobo ganaría las elecciones con el 25% de los votos. Otro tanto podría acontecer en Reino Unido, donde los ultranacionalistas eurófobos de UKIP lideran los sondeos con una intención de voto cercana al 30%.


Marine Le Pen
Front National Francia
Fundado en 1972 por Jean Marie Le Pen,
el FN niega pertenecer a la extrema derecha pese a su evidente rechazo a los inmigrantes y los tratados europeos. Perdió un ballotage contra Chirac (2002), luego de obtener casi 5 millones de votos. Por primera vez, Marine Le Pen encabeza las encuestas con el 23,5% de la intención de los votos para este 25M.



Si se cumplieran estos resultados vaticinados por los encuestadores, los partidos euroescépticos de extrema derecha podrían conformar su propio grupo en el Parlamento Europeo. Los eurodiputados del Front National francés (22), Alternativa por Alemania (6), los Partidos de la Libertad holandés (5) y austríaco (4), los flamencos de Vlaams Belang (1), los italianos de La Liga del Norte (1) y los suecos del DS (1), sumarían hasta 40 escaños en total, superando los 25 necesarios para ser reconocidos oficialmente como bancada. Todo sin contar a los 23 ingleses de UKIP y los 21 italianos del M5S de Beppe Grillo que no han decidido aún si optarán por unirse al espacio común antieuropeísta. 


Nigel Farage
UKIP Reino Unido
El ultranacionalismo inglés nace en respuesta a la firma del Tratado de Maastricht en 1993. Xenófobos convencidos, se oponen frontalmente a cualquier tipo de inmigración. En las europeas de 1999 obtuvieron el 7% de los votos, en 2004 el 10%, en 2009 el 16,5% y para el 25M podrían ganar con el 30%.

“A Europa hay que desarmarla desde dentro” ha dicho Marine Le Pen y es que con el correr del tiempo, el euroescepticismo ha ido adaptando su discurso xenófobo básico y original, hasta conseguir una sofisticada mezcla de conceptos inconnexos entre sí, de un marcado tono populista, siempre poniendo el foco en un hipotético enemigo exterior como causa de todos los males que aquejan a sus compatriotas.  Así, el ultranacionalismo francés de Le Pen o el inglés de Nigel Farage elige ahora señalar de manera acusatoria a diversas normativas europeas, como la que garantiza la libre circulación de las personas o la que establece los aportes fijos por parte de los países miembros a los fondos europeos. Incluso se atreven a alentar la salida inmediata del euro, sin presentar datos en absoluto confiables sobre las consecuencias que esta decisión podría acarrear a sus naciones. 


Beppe Grillo
M5S Italia
El cómico italiano representa el movimiento antipolítica más popular de Europa. Para estas europeas ha radicalizado su discurso, proponiendo abiertamente sacar a Italia del euro y la UE. Sus 8 millones de 2013 no se repitirían el 25M, pero igual obtendría el segundo lugar detrás del PD, con el 25% del voto.



Aunque la chapuza ideológica de estas formaciones sea palpable a simple vista, hay que admitir que está bien trabajada desde el marketing. Se han convertido en auténticos profesionales del negocio de la democracia y expertos en el arte de conseguir votos. Por supuesto, que en este sentido no se distinguen demasiado de los adversarios que militan en los partidos tradicionales.

Por curioso que nos pueda resultar, la extrema derecha insiste en disparar sus dardos envenenados contra los más desfavorecidos. Los millones de ciudadanos europeos de origen extranjero continúan siendo su diana preferida y contra ellos dirige un mensaje basado en el miedo que ciertamente encuentra eco en las zonas menos urbanas de Francia, Inglaterra, Holanda, Austria o Alemania. Según Front National o UKIP, los inmigrantes se quedarían con los trabajos, las ayudas sociales y socabarían las tradiciones ancestrales del pueblo original. La xenofobia en su estado de máxima pureza intenta explicar la crisis que padecemos desde el odio y el temor a las diferencias.


Geert Wilders
Partido de la Libertad Holanda
Diputado holandés desde 1998, en 2004 fundó su propio partido. Anti-islámico radical, vive instalado en la polémica permanente. Ha sido la tercera fuerza en las elecciones de 2012, con menos de 1 millón de votos (10%), pero se ha recuperado para las europeas del 25M y podria ganar con el 16,5% del sufragio. 

Claro está que la xenofobia no ocupa toda la prédica de estos partidos. Las críticas a la burocracia europea y la propuesta de un regreso al sistema pre-UE con plena soberanía nacional de los Estados, figura entre sus mensajes electorales. Aunque en la profunda desconfianza hacia el sistema, que cunde entre los afectados por la crisis, es donde estos políticos oportunistas encuentran el combustible imprescindible para hacerse fuertes.

Por ejemplo, UKIP promete que Inglaterra recuperará esos 8.000 millones de libras esterlinas que aporta anualmente a fondos europeos, tan pronto como el Reino Unido se decida a abandonar la UE. Al mismo tiempo, acusa a Europa de haber establecido el 75% de las normas que rigen el comercio en su país, que habrían provocado la deslocalización de industrias y la pérdida de millones de puestos de trabajo. Sin embargo, evita mencionar que diversos estudios económicos han estimado que nada menos que 3,5 millones de empleos ingleses dependen directamente del libre comercio con Europa. Los mismos que se verían en serio riesgo si el gobierno de David Cameron abandonara los tratados comerciales de manera unilateral como solicita Nigel Farage. La demagogia de UKIP es elevada, pero gana adeptos entre un electorado disgustado con el liberal Nick Clegg. El viceprimer ministro británico parece haber despilfarrado los 6,8 millones de adhesiones obtenidas en 2010 después de acceder al gobierno de coalición con los conservadores. Ahora mismo no alcanzaría ni los 3 millones de votos. Asimismo, la crisis ha desgastado fuertemente a los conservadores de Cameron, quienes también perderían la mitad de sus 10,7 millones de votos de 2010. La crisis pasa una factura enorme a los partidos en el gobierno, tanto en Reino Unido como en casi todos los demás. No obstante, el crecimiento de UKIP es inusual, ya que pasaría de 900.000 votos en 2010 a los imponentes 10 millones previstos para estas europeas.

Retrato de Robert Schuman (1951).
En Inglaterra se suele relacionar la adhesión a UKIP con un voto protesta y probablemente lo sea. No obstante, esto no invalida el peligroso juego que significa instalar a una veintena de eurodiputados dispuestos a desarmar la UE desde dentro, tal cual el deseo de Marine Le Pen. El euroescepticismo continúa siendo una opción difusa, abiertamente xenófoba y siempre dispuesta a acomodar su discurso a las exigencias de la opinión pública del momento. Sus propuestas económicas no tienen bases académicas sólidas y exudan nostalgia por un pasado que nunca ha sido tan glorioso como parece. La ultraderecha juega constantemente con el ideario de la identidad de sus pueblos y se apropia del rol de guardian de las supuestas buenas costumbres. Propicia el odio desmesurado hacia los vecinos y es poco autocrítico con la historia, sobre todo con los propios errores. El autoritarismo forma parte integral de su ADN cultural, por eso bebe de la imagen distorsionada de una época en que Europa no pudo evitar dos sangrientas guerras mundiales, justamente por estar dominada por nacionalismos virulentos tan similares como beligerantes entre si. Un conflicto fraticida que algunos estadistas visionarios, como el inglés Winston Churchill o el francés Robert Schuman, se propusieron desactivar con la introducción de  revolucionarios conceptos políticos en el continente, como la creación de la Unión Europea, la mejor alternativa posible a los duros años de la posguerra.

Un pobre debate
Desde 1993, la Unión Europea dejó de ser una irrealizable quimera para transformarse en esta realidad repleta de defectos, pero plena de ilusión. En veinte años ha crecido muy de prisa, probablemente a un ritmo tan vertiginoso que no ha permitido que muchos de nosotros nos adaptáramos de la mejor manera posible. Europa ha sucedido al mismo tiempo que otro fenómeno que rige nuestros días: la globalización. Y de esta coincidencia inevitable proviene gran parte de las confusiones conceptuales que hoy tenemos sobre la experiencia unionista. ¿Qué hubiera sido de nuestros países sin la existencia de la UE? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero hoy ya ni queremos enterarnos. Para muchos ciudadanos no quedan demasiadas opciones, solo toca seguir construyendo Europa. 

Arias Cañete (PP) y Elena Valenciano protagonizaron un fracasado debate en la TVE.
Si los eurófobos pretenden destruirla desde dentro o romper el euro y volver a instalar puestos de control fronterizo, es necesario ofrecer una solución más civilizada, más arriesgada y también más positiva. Es probable que Angela Merkel no represente este perfil, o que los políticos complices de la elusión fiscal de los más poderosos o la precarización laboral masiva no deberían ser candidatos a la presidencia de la Comisión Europea, pero esto también depende de nuestra participación o no en este proceso. 

La sombra del fuerte abstencionismo que planea sobre los comicios del 25M no es una buena señal. El desapego no generará soluciones espontáneas, más bien todo lo contrario. Deberíamos sentir que la posibilidad de crear una Europa más justa está en nuestras propias manos. Sin embargo, en España no estamos instalados en un debate profundo y transversal sobre el rol que debe tener Europa en nuestras vidas cotidianas. Al menos, los representantes de los partidos tradicionales no lucen excesivamente interesados en que esto suceda y esta actitud parece alimentar la apatía generalizada.

El partido gobernante dilató hasta el último momento posible la designación de su cabeza de lista. Finalmente la elección, a manos de Mariano Rajoy, recayó sobre el ministro Miguel Arias Cañete. Este político relacionado con el sector agropecuario ha basado su escueto mensaje electoral en la garantía que ofrece para ejercer una buena defensa de las subvenciones europeas al campo y la pesca en nuestro país. Practicamente ha evitado mencionar las políticas de austeridad y sus perjuicios, ya que comparte la visión de su partido, el mismo que ya ha anunciado la llegada de la recuperación económica, basándose en el tímido repunte en las afiliaciones a la Seguridad Social durante el primer cuatrimestre del año. Para Cañete, la discusión sobre Europa es limitada, no existen posibilidades de cambio y por supuesto apoyará la candidatura del luxemburgués Jean Claude Juncker para la presidencia de la Comisión Europea. Además, el PP español dará el aporte más numeroso a la bancada del grupo de los Populares Europeos, únicamente superados por sus pares alemanes de la CDU de Angela Merkel. Los estudios más recientes le otorgan la victoria a Cañete con el 33,5% de los votos, que le permitiría reunir entre 20 y 21 eurodiputados, 4 menos que los 25 actuales. 

Según los sondeos, así quedaría conformado el Parlamento Europeo luego del 25M.

Sin poder atenuar demasiado su caída libre en los sondeos, el PSOE nombró a la experimentada legisladora madrileña Elena Valenciano para encabezar las listas europeas e intentar arrastrar el debate europeo a terrenos más creativos que los propuestos por el gobierno de Rajoy. Esta leal escudera de Pérez Rubalcaba debió esperar demasiado por el nombramiento de su principal contrincante y en el camino ha ido sufriendo el desgaste generado por los escándalos de corrupción que siguen apareciendo entre políticos afines a su formación. La dirigente, que ha sido eurodiputa entre 1999 y 2008, no ha conseguido contagiar de un espíritu opositor creíble a su campaña. Tampoco ha destacado por presentar alternativas interesantes a las posiciones oficiales que defienden la estricta reducción del déficit de los Estados o la débil política de creación de empleo en la región. Así y todo, su lista obtendría el 31% del voto y 19 eurodiputados (-4).

El pinchazo fenomenal del socialista Hollande en el gobierno francés no ha ayudado en lo más mínimo a sus pares continentales. Su ascenso al poder en 2012 generó expectativas desmedidas en cuanto a la instauración de un contrapeso potente a la austeridad germana. Ahora, cunde la idea de un socialismo europeo bastante perdido en sus propias contradicciones. Para colmo, la designación de Martin Schulz como candidato a la presidencia de la CE  por el grupo de los Socialistas Europeos, no es precisamente el soplo de aire fresco que necesitaba la formación, ni tampoco representa el ascenso de una nueva generación de dirigentes, más bien todo lo contrario. Tampoco podemos olvidar que el SPD de Schulz es el nuevo socio en el segundo mandato de Merkel, lo que refuerza la idea de un socialismo europeo sometido a las políticas de austeridad que ha impulsado la derecha como única solución posible a la gran crisis.

Sin opciones interesantes en su programa electoral, más allá de la flexibilización de los objetivos de déficit o algún impuesto a las transacciones financieras, el socialismo recuperaría bastante terreno en el Parlamento, consiguiendo 9 diputados más que en la última legislatura. Incluso ganaría las elecciones en Portugal, Italia, Suecia, Rumanía, Eslovaquia y Lituania. También hay que destacar la recuperación de los laboristas ingleses que obtendrían 24 escaños con el 28% de los votos.

Willy Meyer de Izquierda Unida y la lista de UPyD sumarían casi el 16% de los votos.

El tercer espacio
Sin propuestas eurófobas entre las formaciones locales, estas elecciones podrían demostrar que el bipartidismo vigente desde la reinstauración de la democracia en 1977 comienza a resquebrajarse tímidamente. El ascenso de Izquierda Unida y UPyD en los sondeos es remarcable. La formación de izquierda lograría 5 eurodiputados, más el catalán Ernest Urtasun de ICV que comparte la lista. Romper con los designios de la Troika, fomentar la economía verde e impulsar potentes políticas estatales de empleo se hallan entre las propuestas más destacadas de la izquierda ibérica. El 10,8% de los votos sería una cosecha histórica para esta coalición.

El joven partido de Rosa Díez también ha experimentado un fuerte incremento entre las preferencias del electorado local. UPyD aparece en las encuestas como la cuarta fuerza más votada este 25M, con algo más del 6% de los votos. Las propuestas para Europa de UPyD refuerzan la autoridad de la Comisión Europea sobre los Estados, propone suprimir al Consejo Europeo y rasurar el tamaño de las instituciones de la UE en general, manteniendo cierta coherencia con sus propuestas a nivel nacional. 

Ernest Urtasun (ICV), Josep-María Terricabras (ERC), Ernest Maragall (ERC) y Ramón Tremosa (CDC) serían los eurodiputados más votados este 25M en Catalunya.
En Catalunya, una ligera ventaja de Esquerra Republicana sobre Convergencia evitaría un virtual empate con el 20% de los votos cada uno. Se calcula que entre ambas formaciones, socias en el proceso soberanista, obtendrían cerca del 42% del sufragio regional. Si se confirmara esta pequeña ventaja, ERC obtendría dos eurodiputados, Josep-María Terricabras y Ernest Maragall, y CDC solo conseguiría mantener a Ramon Tremosa en Bruselas. 

El alicaído PSC que dirige Pere Navarro, podría colocarse como la tercera fuerza más votada en el país (con el 16%) y proyectaría la candidatura de Javi López hasta la capital belga. Las encuestas también predicen que Ciutadans obtendría un eurodiputado (Javier Nart) con el 10% de los sufragios. El PPC conseguiría el 12% del voto.

El abstencionismo también sería importante en Catalunya, un contratiempo que los candidatos intentarán reducir al máximo en las dos semanas que restan hasta la celebración de los comicios. Un desafío que se presenta cuesta arriba, ya que los efectos de la crisis han enfrentado a muchos sectores populares con una clase política que ha perdido mucho crédito en los últimos años.

El defectuoso diseño europeo está a tiempo de corregirse. No queda otra alternativa que pedir mayor transparencia institucional, reglas del juego más claras, mayor participación ciudadana y realizar una elección de los representantes con el mayor grado de responsabilidad posible. Si la tragedia griega no nos interesa que se repita en otros sitios, deberíamos aceptar el desafío de participación activa que nos ofrecen las urnas. Pues si dejáramos que los oportunistas ocupen nuestro espacio, tarde o temprano acabarían también por adueñarse de nuestros sueños.

Comentarios

  1. Circo máximo en pleno siglo 21; viva la orgía del dinero y los gobernantes, mangantes y toda la troupe!

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