Silvia Pérez Cruz. El tamiz exquisito

Escribe Marcelo Espiñeira.

A propósito de un ciclo de clásica programado en 2012 en Madrid, la mejor vocalista que tiene este país decidió aceptar la propuesta acústica que le habían hecho, pero en formato para voz y quinteto de cuerdas. En junio de 2016, Silvia Pérez Cruz retomó buena parte de aquel repertorio para ingresar al estudio junto a Miquel Angel Cordero (contrabajo), Joan Antoni Pich (violonchelo), Elena Rey (violín), Anna Aldomà (viola) y Carlos Montfort (violín). La grabación de Vestida de Nit (Universal, 2017) nos queda ahora como testigo de esta apasionante experiencia. Registrado en dos días y en directo, según ella misma cuenta, el nuevo disco es otro ejemplo del insuperable arte vocal de la empurdanesa. 

Un clásico del venezolano Simón Díaz abre el programa, Tonada de luna llena, una canción que también Caetano Veloso hizo suya hace tiempo. Del peruano Manuel Raygada Ballesteros, Mechita es la segunda pieza, una delicia. Enseguida arriba la máxima sorpresa. Unos violines amansan una melodía suave que el violonchelo hace solemne. Silvia canta “chorando se foi” y la Lambada entra al terreno clásico por la puerta grande. Los arreglos de los violines son gloriosos y consiguen lo inesperado: rescatar de la arena y la playa a esta melodía que se agiganta en la garganta de Pérez Cruz. Un prodigio que justifica esta edición por sí solo. 

Escritas por la propia artista figuran Loca; Ai, ai, ai y Nao sei. Tres hermosas piezas que Silvia había grabado anteriormente en sus discos previos, aquí reinterpretadas por el quinteto. El fado que tan bien le sienta a su voz, lo encontramos en Estranha forma de vida de Amália Rodrigues. La cantante la hace suya, un género diseñado a su medida. El título del álbum se debe a la habanera que escribieran sus padres hace 30 años, aquí en una versión preciosa. 

Del español Chicho Sánchez Ferlosio, la emotiva Gallo rojo, gallo negro sube la temperatura del ambiente. La interpretación es auténtica y expansiva, una de las mejores del disco. Otra vieja compañera de viaje de la artista, en su etapa junto a Refree, la bella Corrandes d'exili deja claro cuáles son sus capacidades. 

Para cerrar este lúcido repertorio, nada mejor que versionar el Hallelujah de Leonard CohenAunque según cuenta Silvia, en principio no iba a salir porque en la toma realizada en junio no había quedado como ella quería. Tras la muerte del autor, la canción tomó otro significado, el del sentido homenaje. Una nueva toma con la carga de emoción justa recuperó la idea original de incluirla en el disco y finalmente así sucedió. La perfecta despedida para una placa cribada por el tamiz exquisito de Silvia Pérez Cruz.

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