Un cuento de Emili Llaveria Toda. La tercera noche en que el ángel vino a él, Alvaro dudó de su cordura. La cuarta noche, quiso que desapareciera: invocó a las fuerzas oscuras, maldijo en silencio, murmuró sortilegios que creía recordar de sus lecturas desordenadas... La quinta noche volvió a caer en sus brazos. El ángel no era el ser andrógino que nos muestra el arte. No era un espíritu etéreo de larga cabellera rubia y ondulante. No iba vestido con una luminosa túnica translucida... Se trataba de un ente claramente femenino, poseedor de unos atributos rotundos, unas redondeces exageradas. No era un espíritu de luz con rostro de melancólica ninfa prerrafaelita, el ángel que visitaba a Alvaro podría haber sido una de aquellas pin-ups de anuncio de neumáticos, una starlette de pechos siliconados, una diosa neolítica de nalgas prominentes, o un personaje escapado de un cómic de Richard Corben.